¿Más Snarry? Vuelve

Ni mucho menos enamorado

Traducido por Iserith - Beta: Heiko

 

 

“Querido muchacho, ¿te encuentras bien?”

Harry suspiró cuando la profesora Trelawney le miró con una expresión genuinamente preocupada. El problema era que, si todas sus genuinas preocupaciones hubiesen llegado a ocurrir como las predecía, nunca habría sobrevivido a su tercer año. Ahora, comenzando el sexto, había aprendido a ignorarla. “Estoy bien.”

“Y aún así, tu aura está de un extraño y enfermizo color hoy… me temo que no te queda mucho tiempo en este mundo. ¿Tus poderes se sienten débiles?”

Harry frunció el ceño, malhumorado. ¡No, sus poderes no se sentían malditamente débiles! Las preocupaciones de la vieja murciélago eran justo lo que no necesitaba, con el prospecto de tener que combatir contra Voldemort dominando su futuro. Su vida no era suya, sobre todo con ella y Snape diciéndole a cada oportunidad que no estaba trabajando lo suficientemente duro, y que no llegaría a nada, a menos que dejara de pensar en completas irrelevancias como el Quidditch. “Mis poderes están bien, gracias.”

Trelawney estaba inclinándose para ver sus cartas desplegadas de tarot, “Oh, querido muchacho… pobre, querido muchacho…”

Harry giró los ojos hacia Ron, quien lucía tan rojo que estaba seguro que explotaría en carcajadas en cualquier momento.

“No, no… debo insistir, realmente debo…” continuó Trelawney, sus ojos –aumentados enormemente por sus gafas– parecían flotar perturbadoramente en dirección a Harry. “Quédate después de clase, Potter. Debo ver aún más.”

Harry gimió en voz alta. Era cierto, no tenía sentido negarlo: su vida simplemente ya no era suya.

 

Cuando los otros se habían ido hacia sus salas comunes –Adivinación era la última clase los martes– Harry se sentó abatido, esperando la menos-que-inspiradora atención de su profesora.

Sybill guardó sus propias y muy especiales cartas de tarot en su cajón. La baraja se la había dado su madre cuando pasó sus propios EXTASIS. Habían visto mucho uso, pero eso sólo las hacía mucho mejores –encajaban en su mano perfectamente, sus superficies empapadas con sus emanaciones. Ellas hablaban, de forma clara, y Sybill podía leer sus mensajes tan fácilmente como podía leer el Profeta Diario. Era una fuente de gran insatisfacción para ella que, aquellos a quienes les profetizaba, no daban a los mensajes de las cartas la atención que merecían. Se enderezó, sonrió, y se dirigió hacia donde Potter se sentaba. El muchacho tenía tanto a su alrededor; las cartas, las hojas de té, su palma, su carta de nacimiento… todo le gritaba que él era especial, llevaba una carga, de algún modo. Esperaba que su sonrisa lo tranquilizara. El muchacho siempre estaba tan tenso en su clase.

“Cariño, sólo quería que te quedaras un rato. Tu aura necesita estudio más profundo.”

“Sí, profesora,” dijo sombríamente Harry.

La profesora de Adivinación tomó un puf y se sentó al lado contrario de Harry, mirándole con sus extraños ojos. Se sentía muy incómodo. Ella sólo miraba fijamente, apenas parecía respirar…

 

Tu sendero es duro, el camino es escarpado
Tu cita con el destino debes cumplir.
Que tienes la fuerza necesitarás demostrar
Hay aún más que necesitas saber.

El Oscuro, el confiado, a quien evitas
Él es el fortalecido, el otorgador
Sin su auxilio, estás condenado a morir
Deben estar unidos por la eternidad.

Pero más que eso – debes domar
A este hombre que es astuto, este desastre humano
En todo debes dominar, no sólo en amor
Tú eres la mano que pone el guante.

El tiempo es corto, acaba con la infancia
Redime el mundo, y restaura el bien.

 


La voz era misteriosa, rasposa y brusca. Lo que era peor –Harry había oído hablar a Trelawney de esta manera anteriormente. Tal y cómo se sentaba la adivina, su cabeza cayendo, pareciendo dormida, Harry sabía que había escuchado otra profecía.

Nada bueno había llegado a Harry vía profecía, y de alguna manera, dudaba que esto fuera a ser diferente. Su estómago se revolvió y sólo quería olvidarlo. Pero aquella línea –El tiempo es corto, acaba con la infancia– le advertía que no lo hiciera, y él sabía en su corazón que, por más incómodo que esto resultase ser, era mágico y no podía simplemente ignorarlo.

Sybill tosió y se enderezó. Buscó un pañuelo de encaje en su manga y dio unos suaves toques sobre su boca, desconcertada al notar que había estado babeando. El chico Potter estaba de pie, sosteniendo su bolso.

“Por favor profesora, acabo de recordar que tengo que ir a ver al profesor Dumbledore. Lo siento, tengo que irme.”

“¡Oh! Por supuesto, querido muchacho. No debes dejar esperando al director. Te veré la próxima vez.”

Harry bajó la escalera y se apresuró a bajar de la Torre Norte. Realmente necesitaba ver al director. Sin molestarse en ir a la Torre Gryffindor y deshacerse de su bolso, se dirigió hacia la gárgola. No era una barrera para él, ya que conocía la contraseña, “Black Jack.”

El director le indicó que entrara y le sentó en una butaca floral de aspecto cómodo que estaba acomodada junto a su escritorio. “Noto que tienes problemas, Harry. Toma asiento y cuéntame sobre ello.”

Dumbledore invocó té y lo sirvió mientras que Harry explicaba que Trelawney había dicho otra profecía. El director parecía sorprendido por ello.

“Merlín, a este paso tal vez deba darle un aumento a la querida Sybill. ¿Qué dijo, Harry?”

Harry frunció el ceño. Sólo la había escuchado una vez y era difícil de recordar. Estaba esa línea sobre dejar la infancia, y algo sobre un guante…

Albus podía ver por la expresión de Harry que la profecía se había escapado de su mente, “¿Fue una profecía larga?”

“Bueno, no tan larga, pero era en verso y fueron unas cuantas líneas.”

“Creo que tal vez necesitemos utilizar el Pensadero, Harry. El recuerdo está en tu mente, pero estás teniendo problemas para ordenarle hacer lo que tú quieres. Si lo ponemos en el pensadero, se hará mucho más claro. Por eso yo uso el pensadero tan extensamente.”

Harry asintió. Quería hacerlo enseguida, pero Dumbledore insistió en que se relajara, bebiera su té y ‘comiese uno de estos maravillosos Bath Olivers, mi muchacho. Un bizcocho demasiado infravalorado’. Para cuando hubo terminado, se dio cuenta de que se sentía mucho más calmado que cuando había entrado estrepitosamente a la oficina. La magia de Albus Dumbledore no era toda espectacular. Sus simples, silenciosas acciones trabajaban bastante bien por cuenta propia.

Y entonces se trasladaron hacia el pensadero, y Albus escuchó la nueva profecía de Trelawney, y volvieron asentarse en su escritorio y sirvió más té. Sentía la necesidad tanto como Harry. Mordisquearon un poco más de Bath Olivers y se miraron. Albus estaba considerando al joven y todo lo que aquella profecía implicaba para él. Harry se preguntaba cuándo Dumbledore le diría lo que tendría que hacer después –sabía por la expresión del anciano que Dumbledore había entendido lo que significaba la profecía.

“Bueno, Harry, para una profecía, ésta es bastante clara.”

“No la entiendo para nada,” admitió Harry.

“¿No? Bueno, déjame ayudarte. Las primeras cuatro líneas: Tu sendero es duro, el camino es escarpado, Tu cita con el destino debes cumplir, Que tienes la fuerza necesitarás demostrar, Hay aún más que necesitas saber: parece ser nada más que una introducción, pero nos dice que hay algo que debes hacer para cumplir tu ‘cita con el destino’, la cual asumo es tu enfrenamiento final con Voldemort. Podemos movernos hacia: El Oscuro, el confiado, a quien evitas, Él es el fortalecido, el otorgador. Ése es una declaración que debemos examinar de cerca. ¿A quién crees que deba referirse?”

Los ojos de director estaban fijos en Harry, forzándole a pensar cuidadosamente. “El oscuro,” musitó Harry, “suena como Voldemort. Pero dice ‘el confiado’ así que no puede ser, ¿cierto? A quien evitas…

“Estoy seguro que ese ‘tú’, en este caso se aplica a ti, Harry, ya que la profecía te fue dada a ti.”

Harry asintió. Alguien oscuro, a quien evitara, alguien en quien confiara. Oh, Merlín, era tan obvio de repente. “Snape,” dijo.

El director, como siempre hacía, le corrigió, “Profesor Snape, Harry. Y sí, creo que debe ser él. Él es el fortalecido, el otorgador.”

“¿Pero qué quiere decir exactamente eso, profesor?” preguntó Harry.

Albus tuvo una buena idea. “Otorgamiento es un término que la tradición mágica utiliza para referirse al proceso de ayudar a un joven a ganar su fuerza mágica adulta. Y eso es algo muy importante para ti, algo que debes haber hecho antes de enfrentarte a Voldemort de nuevo. Usualmente, aunque no siempre, involucra alguna forma de magia sexual.”

Harry, que había esta sorbiendo su té de nuevo, farfulló y levantó la vista, alarmado. Pero Dumbledore continuó implacablemente.

“Las siguientes dos líneas confirman eso: Sin su auxilio, estás condenado a morir. Deben estar unidos por la eternidad.”

“¿Unidos?” dijo débilmente Harry. Sacudió la cabeza, viendo a donde estaba yendo aquello. Iba a donde jamás había considerado en sus más salvajes sueños, o, para ser más exactos, sus peores pesadillas. ¿Unido con Snape?

“Que sí implica magia sexual, ¿no crees?” dijo suavemente Dumbledore. Podía ver que Harry estaba pensando las líneas correctas, y podía ver la reacción del joven ante las noticias de que tendría que tener sexo con su odiado profesor de pociones. Simpatizaba con él, pero ya había entendido la urgencia de esta profecía. Harry tenía que enfrentarlo. “¿Estás preocupado porque el profesor Snape es un hombre?”

Harry aún lucía atónito, pero respondió, “No, no. No es que sea hombre, director. Estoy bastante seguro de que prefiero los tíos, de todas formas,” admitió Harry, sonrojándose porque le estaba diciendo al gran Albus Dumbledore su preferencia sexual. “Pero… es porque él es Snape,” a Harry, en este punto, realmente no podía importarle que no estuviese utilizando el título del hombre. Todo esto era una mala broma – alguien había dispuesto a Trelawney para hacerlo, tal vez el mismo Snape. ¿Tal vez el bastardo grasiento quería meterse en los pantalones de Harry? Eso tenía que ser. “Señor, esto no puede ser cierto. ¿Cómo sabemos que es una verdadera profecía?”

Dumbledore miró por encima de sus gafas a Harry. El joven estaba trabajando con la negación… entendible. Pero cuando encontró la mirada del director, Harry desistió.

“Lo sé, lo sé. He oído profecías antes y esto es lo mismo, ¿no es así? Sólo esperaba…”

“Debemos enfrentar esto, Harry. Creo que eres lo suficientemente fuerte como para hacer eso conmigo.”

“Sí, señor. Lo siento. Yo –es sólo… Snape”.

De nuevo Albus no le corrigió, pero miró severamente a Harry mientras el chico se componía.

“Entonces. Tenemos hasta ahora; tienes que ‘unirte con’ el profesor Snape. En un sentido sexual, por la eternidad.”

“¡Espere un momento!” dijo Harry, alterado. “Usted mismo dijo que no siempre es sexual, este otorgamiento. Quizás no sea con Snape. ¿Tal vez sólo tenga que enseñarme?”

Albus suspiró, “Consideraría esa posibilidad, Harry, si no fuese por las siguientes líneas: Pero más que eso –debes domar, a este hombre que es astuto, este desastre humano. En todo debes dominar, no sólo en amor. Tú eres la mano que pone el guante.”

“Okay. Bien, estoy completamente de acuerdo con eso. Dominarlo. Eso quiere decir que él no será capaz de dominarme, ¿no es así?”

“Así es. Pero significa mucho más que eso. Las palabras ‘dominar’ y ‘domar’ tienen significados específicos en un contexto sexual. La línea final confirma que son utilizadas es un sentido sexual.”

“Qué, la parte de ‘la mano que pone el guante’. No entiendo eso tampoco.”

Albus suspiró, “Harry, soy un hombre viejo. Eso tiene sus inconvenientes en cuanto a explicar cuestiones sexuales a un joven. Pero supongo que tiene sus ventajas también,” musitó, como para sí mismo, luego miró a Harry nuevamente. “Espero que aceptes que no tengo interés personal en todo esto.”

“Por supuesto, señor. Todo se reduce a mí y a Snape, ¿no es así?”

“Creo, tal vez, que puedes llamarle Severus, Harry. Están destinados a ser íntimos, después de todo.”

Harry no sabía si quería llamar Severus a Snape, pero se encogió de hombros. Era sólo el comienzo de su cercanía, y no importaba lo poco que lo quisiera, estaba destinado.

“Entonces, ese verso, señor,” le recordó Harry.

Albus se compuso. “Sí, ese verso es el más interesante en muchas formas. Debes domar a Severus. Debo admitir, la profecía no es muy halagadora para él, ¿no es así?”

Harry sonrió. Eso era lo único bueno sobre ella –describía a Snape como un ‘desastre humano’.

El director continuó, “Se refuerza esto con debes dominar, no sólo en amor. Así que estamos lidiando con su unión sexual, y debes ser el compañero dominante en la cama…”

Los ojos de Harry se abrieron enormemente y se sonrojó. No sólo el director estaba hablando sobre sexo, sexo entre Harry y Snape, sino que estaba diciendo que Harry…

“…y tú siendo la mano que pone el guante es más específico. Oh, por Morgana, sí. Debes penetrar a Severus, no al revés. Debo admitir que es una sorpresa. Es más normal para un otorgador hacer el acto, pero esto requiere que tú, el virgen, tome ese rol. Ah, bueno, tú siempre tienes que ser diferente, Harry.”

Harry, aún sonrojado, estaba mortificado de ver un destello de humor en los ojos azules. Deja que me trague la tierra ahora. Por favor, Merlín.

“Las últimas dos líneas,” continuó Albus, “son más alentadoras en nuestro caso. El tiempo es corto, acaba con la infancia. Redime el mundo, y restaura el bien. Así que, debo tratarte como un adulto. Estoy seguro de que estarás complacido de oír eso.”

De nuevo los ojos del director mostraban humor, pero esta vez a Harry no le importó. Había pasado el año anterior enfadado por ser dejado fuera de las conferencias de adultos; no tenía objeción en cuanto a ser tratado como un adulto. Ya era hora.

“También, la línea final asume que, si haces todo lo que se dice en la profecía –y pronto– tendrás éxito. Lo cual es la mejor noticia que he oído en más de una década.”

Albus se apoyó en el respaldo de su silla, sonrió y tomó su taza de té.

Harru coincidía en que era maravilloso que la profecía implicara que tendrían éxito. Lo que no era tan maravilloso era que él terminaría unido a Snape para siempre. Sí, había estado en lo correcto –su vida definitivamente ya no era suya.


Snape entró precipitadamente a la oficina y el director indicó otra cómoda butaca que había conjurado junto a la de Harry. “Por favor toma asiento, Severus. Tenemos mucho que discutir, asuntos de gran importancia.”

Lanzando miradas feroces, Snape se sentó. Severus odiaba las butacas cómodas de Dumbledore –eran sólo un arma en el arsenal del viejo, junto con su té, bizcochos y dulces, todos los cuales le estaban siendo ofrecidas ahora mismo. Pero necesitabas utilizar considerablemente más que suave tapicería para llegar a Severus Snape, y miró fijamente al director con la cautela dibujada en cada una de las líneas de su cuerpo.

“La querida Sybill tuvo otra profecía,” dijo el director. “Creo que sería más rápido si sólo vieras el recuerdo en el pensadero. Dudo que necesites mucha ayuda con ello. Pero termina tu té primero, Severus.”

Snape se levantó y muy deliberadamente posó su taza en el escritorio del director antes de dirigirse majestuosamente hacia el pensadero. Harry captó la divertida mirada de Dumbledore mientras el maestro de pociones veía el recuerdo; pensó que Dumbledore estaba molestando a Snape, y sonrió de vuelta. No había necesidad de asustarse del ‘desastre humano’ – Harry iba a ser su ‘domador’. Su sonrisa se amplió.

Cuando Snape se enderezó, su rostro blanco, Harry supo que el hombre había entendido la profecía.

Snape volvió y tomó asiento con gusto, sin importarle el soporífero efecto de la suave, cómoda butaca ahora. “No.”

“Severus, sabes la importancia…“

“¡No! Mil veces no. ¿Cómo puedes esperar que yo –un maestro, su profesor– me… me… prostituya de esa forma?”

“Oh, no… no permitiré eso,” la voz de Dumbledore sonaba dura ahora. Asustaba a Harry. Los ojos azules del hombre habían perdido todo rastro de humor. “Es un enlace lo que estamos viendo, una condición tan honorable como la de cualquier pareja casada. Más aún, es un enlace eterno. Virtualmente todo el mundo mágico consideraría un enlace permanente con Harry como un gran honor.”

“Perdóname, Albus, si no logro ver el honor en ser forzado a casarme con Potter. Forzado a ser su esclavo.”

“Severus, Severus. Tienes las más extrañas ideas. El joven debe dominarte, eso es cierto. Pero él difícilmente tratará a su esposo como un esclavo. Seguramente no puedes pensar eso.”

La oscura mirada de Snape se desvió hacia Harry. Harry sabía que era importante no sobresaltarse, no verse nervioso, y miró fijamente de regreso. “Debe comprender que yo tampoco he pedido esto,” dijo.

Snape se relajó, sólo un poco, bajando los ojos a su regazo. Sus manos, que habían estado aferradas a los brazos de la butaca, se aflojaron un poco.

“No sé nada sobre esta magia sexual,” continuó Harry, “Pero si eso es lo que tenemos que hacer para ganar, lo haré. La profecía implica que ganaremos si lo hacemos. ¿Está listo para derrotarlo, señor?”

Los ojos de Severus se elevaron de golpe hacia los de Harry. “Quiero eso más que nada en la Tierra, Potter.”

“Bien, bien, ¡estamos de acuerdo!” dijo Dumbledore. “Pero ustedes dos deben empezar, ya que quieren, a moverse. Podemos lidiar con todo, puede ser hecho. Quién sabe, tal vez lo encuentren mejor de lo que se imaginan. La profecía, después de todo, usa la palabra ‘amor’, en vez de ‘sexo’. Sí, sí, soy optimista. Como dije, Harry, esta es la mejor noticia que he recibido en más de una década. Pero primero, lo primero: Severus, llamarás a tu futuro esposo Harry. Eso es todo. Y Harry, nada de seguir llamando a Severus ‘señor’, a menos que estén en clase. ¿Entienden?”

Harry asintió, Severus meramente le fulminó con la mirada.

El director siguió, obviamente lleno de excitación ahora: “y debemos apresurarnos, mis muchachos; El tiempo es corto, acaba con la infancia. Harry, desde ahora en adelante, ante mis ojos y los de Severus, eres un hombre. Un hombre a punto de ser enlazado. Ustedes dos deben pasar tiempo juntos; aprender a ser íntimos, de forma que puedan lograr llevar a cabo el otorgamiento lo más pronto posible. ¿Pueden hacer eso, muchachos?”

Los dos hombres se miraron el uno al otro. Sus expresiones mostraban cuán escépticos eran, pero también vieron determinación.

“Prosigan, entonces, sugiero que pasen algo de tiempo reflexionando silenciosamente. Una vez que hayan absorbido completamente la necesidad de esto, por favor, comiencen apenas puedan.”

Un poco aturdidos, la futura pareja dejó la oficina del director y se retiraron a intentar enfocar sus mentes en sus tareas.

 

***

 

Si no fuera por el hecho de que me he acostumbrado a recibir sobresaltos cada año que vengo a Hogwarts, habría tenido un ataque en la oficina del director cuando explicó el significado de la profecía. Sabía que iba a ser malo cuando Trelawney comenzó a hablar en aquella voz brusca, tan diferente de su normal trino aflautado.

¡Yo, casarme con Snape! Si esa no es razón para una sana dosis de histeria, entonces no sé cual es. Y, si yo fuese alguien más, sin duda habría aflojado el mortero entre las piedras del castillo con mis chillidos de negación.

Pero soy yo –Harry Potter. Y algo horrible, tremendo y muy fuera-de-lo-ordinario me sucede cada año. Así que regreso a la escuela preparado para un sobresalto. Sabía que mi confrontación con Voldemort se acercaba, que tal vez ocurriera este año, pero también sabía que algo más probablemente ocurriría. Algo que rivalizara basiliscos, Torneos de los Tres Magos, y dementores. Supongo que Snape no está tan mal.

Así que, en una escala de cosas horribles como esa, casarme (que es lo que significa enlazarse en términos muggles) es casi aburrido. Pero la letra pequeña no lo es. Yo, Harry Potter de dieciséis años, virgen certificado, tengo que dominar a Snape en la cama. De hecho, yo tengo que penetrarlo a él. ¿Cuán difícil puede ser? ‘Métela ahí, Potter.’ Su sarcástica voz hace eco en mi imaginación.

Será un cambio a la masturbación, eso es seguro.

 

***

 

Total, completa humillación. Eso es lo que esta profecía significa para mí. Completa subordinación a uno de mis propios estudiantes. Tengo que ponerme a cuatro frente a mi maestro, Harry Jodido Potter, y dejar que un virgen de dieciséis años me folle. ¡Y yo creía que Voldemort era el maestro de la humillación! Ni siquiera él habría pensado en esto.

No tendría sentido discutir, por supuesto. La profecía era real, cualquiera con medio ojo podría ver eso; real y demasiado obvia en su significado, para aquellos que entienden estas cosas. Albus Dumbledore lo hace, y yo soy demasiado inteligente como para pretender confusión.

Nunca he estado abajo. Yo domino, le digo a mi pareja qué hacer. Merlín, les pago, así que nunca discuten.

No hay sentido en extenderse en lo que es pasado. Potter dijo algo con sentido por una vez -¿Está listo para derrotarlo, señor? Si esto es lo que se necesita, ¿qué oportunidad tengo? Lo que me preocupa más es la obvia inexperiencia del chico. No llegó y directamente me dijo que era virgen, pero aún si no, su experiencia fue obtenida probablemente manoseándose con alguna muchacha insípida. Estará tan listo para dominarme como yo lo estoy para ser su esclavo sexual.

Lo que necesitamos es algo de instrucción fiable. Karkaroff solía tener algunos interesantes libros muggles; quizás un pequeño viaje al Londres muggle este fin de semana sería una buena idea.

 

***

 

Hermione levantó la vista de su pila de tareas con una mirada de preocupación. “Harry, te has ido durante eras. ¿Ocurrió algo?”

“No aquí, ‘Mione. Vamos a pasear y os contaré.”

Ron y Hermione se levantaron; podían sentir la seriedad de la situación. Hermione incluso dejó sus libros esparcidos sobre la mesa y siguió a Harry afuera.

Una vez lejos del castillo y oídos entrometidos, Harry comenzó. “Trelawney hizo otra profecía mientras estaba con ella.” Cuando sus amigos exclamaron por ello, Harry continuó, “El tiempo es corto, como dice, así que sólo acepten lo que estoy diciendo, ¿vale? Tengo que casarme; bueno, enlazarme. Tengo que ser la parte dominante y llevar a cabo la penetración.”

Hermione se sonrojó, pero dijo, “Pero eso es normal, Harry.”

“No es usual para un virgen penetrar a un hombre, Hermione.”

“¿Un hombre?” casi gritó Ron. “¿Tienes que casarte con un hombre? Oh, Harry. Eso es simplemente… Asqueroso.”

“No es el hecho de que sea hombre lo que me molesta,” continuó Harry, provocando que Hermione elevara las cejas y que Ron se sonrojara. “Es quién es el hombre. Y el hecho de que tiene que someterse a mí voluntariamente y reconocerme como su dominante.”

“Un hombre, Oh, Merlín,” decía Ron repetidamente.

Hermione se había recobrado de la sorpresa y posó su mano sobre el brazo de Harry en un gesto de apoyo. “¿Quién es, Harry?”

“Snape.”

Ron cayó al suelo, sacudiendo la cabeza. Harry se sintió exasperado, ni siquiera él había reaccionado tan mal. Pero bueno, estaba acostumbrado a recibir sobresaltos masivos en Hogwarts. Hermione se acercó un paso y abrazó a Harry, apretándole fuerte durante un buen trato. Harry dejó salir un suspiro y sintió sus músculos relajarse un poco. No se había dado cuenta de cuán tenso había estado hasta ahora.

“Estarás bien, Harry. Has hecho cosas mucho peores. Mataste un basilisco, pasado un dragón, y peor. Esto es sólo… sexo.”

Harry asintió. Sí, sólo sexo. Sólo casi lo más terrorífico en el mundo para un chico de dieciséis años.

 

***

 

Cuando Ron se hubo recuperado lo suficiente como para que regresaran a la Torre Gryffindor sin lucir demasiado obviamente traumatizado, entraron. Las noches se estaban volviendo frías ahora y Harry estaba contento de estar dentro. Mucha gente levantó la vista cuando entraron a la sala común, pero no dijeron nada. El trío raramente compartía sus asuntos con el resto, y era bastante obvio que algo ocurría.

Hermione comenzó a ordenar sus libros, lo que era otra cosa extraña de ver tan temprano por la tarde, y muchos de sus compañeros miraban por el rabillo del ojo. Esos ojos se voltearon cuando una lechuza picoteó la ventana. Dean, quien estaba más cerca, la dejó entrar. Era una lechuza leonada oscura, más oscura que una con plumaje normal. Voló hasta Harry y aterrizó en la mesa junto a Hermione, quien estaba recuperando las últimas hojas de su inacabado ensayo de Encantamientos, elevando su pata en dirección a Harry con un imperioso ululato.

Harry tomó el pergamino, sintiendo un hormigueo de magia al hacerlo. Un rollo altamente protegido era mejor abrirlo en privado. “Voy a subir y leer esto. ¿Vienes, Ron?”

Ron, que difícilmente había hablado desde la revelación, asintió y siguió a Harry.

“Nos vemos pronto,” dijo Harry a Hermione.

“Me voy a la biblioteca,” dijo significativamente ella.

Harry asintió. Estaba bastante seguro de que Hermione estaría investigando sobre enlaces mágicos, no buscando más detalles de la maldición chismosa, de la que probablemente ya sabía todo.

Una vez en su habitación, Harry abrió el rollo. Estaba en blanco, pero mientras lo miraba, se formó la escritura.


Harry

Si puedes, ven a verme mañana por la tarde. A las ocho en punto en mi oficina. Necesitamos empezar a planificar.

Tenías razón –estoy más que listo para acabarlo. Albus tenía razón también –la profecía implica nuestra victoria y como tal, es la mejor noticia en una década.

Haré mi mejor esfuerzo, y para empezar, he comenzado utilizando tu primer nombre. Por favor, corresponde.

Severus.


Harry le tendió el rollo a Ron, quien estaba sentado en su cama. Ron lo tomó, su expresión aún lucía sorprendida.

“No hay nada en este papel.”

“Por supuesto que sí, es una carta de Severus,” Harry se levantó y fue junto a Ron. Él tenía razón, el pergamino estaba en blanco. Harry lo tomó de vuelta, y vio como las palabras se reformaban, la tinta aparecía en el papel de una forma que le recordaba perturbadoramente al diario de Tom Riddle. “Mira.”

Ron miró el papel y ahora sí podía leerlo. “Dispositivo de seguridad. Snape es un poco paranoico, ¿no te parece?”

“No más de lo que necesita ser,” dijo Harry.

Ron leyó la carta. “Alma romántica, ¿no lo es? Búscalo en su oficina. Adorable.”

Harry rió entre dientes ante aquello. La oficina de Snape significaba cosas viscosas dentro de jarras. “Bueno, al menos no va a acosarme. Probablemente va a echarme un sermón sobre qué hacer.”

“Argh. No puedo pensar en alguien que querría menos que me mostrara qué hacer. ¿Crees que hace su propio lubricante?”

Harry hizo una mueca. Estaba bastante seguro de que lo averiguaría pronto. “Oh, Dios. ¿Cómo follo a Snape?” dijo débilmente.

“De la misma manera en que lo hace con cualquier otra persona,” replicó Ron, “La metes y te mueves, supongo. Siempre puedes cubrirlo con una sábana, como lo hacen en las operaciones. No tendrías que verle el pelo grasiento, entonces.”

Harry quería protestar, pero sabía que no tendría sentido. Nunca podría explicarle a Ron que él no trataría a ningún ser humano de esa forma. Snape estaba muy orgulloso de su dignidad, de su posición como profesor de Hogwarts. Tal vez no había sido el profesor favorito de Harry, pero no merecía un gesto tan menospreciable. Harry jamás trataría a un compañero sexual de esa manera. Era algo como lo que los mortífagos harían.

 

***

 


“Ah. Viniste.”

Harry pensó que probablemente era una señal de cuán difícil Snape encontraba esto, el hecho de que manifestara lo obvio de esa manera.

“Entra, iremos a mis aposentos.”

Snape pasó el cerrojo y vigiló la puerta de la oficina tras Harry, luego se giró y guió al más joven hacia una puerta que Harry jamás había visto abierta. Entraron a una habitación llena de muebles tipo Hogwarts, pero personalizada con detalles que obviamente pertenecían a Snape. Había un par de viejas fotos mágicas sobre la amplia repisa de la chimenea, junto con algunos trofeos y premios. Calificaciones enmarcadas colgaban de las paredes. Los libros cubrían los estantes en dos de las paredes y un tapiz de un unicornio de estilo medieval cubría una de las otras.

“Siéntate, por favor,” Snape hizo un gesto hacia el sofá frente al fuego, que estaba encendido y añadía algo de la muy-necesaria comodidad a la mazmorra.

Harry se sentó e inmediatamente comenzó a sentirse mejor. Eso se sentía cómodo. Los muebles de Snape, lo más común de las cosas en el cuarto, le hizo comprender que este hombre era tan humano como cualquier otro. Con defectos, pero humano.

Para la sorpresa de Harry, Snape no tomó la butaca adyacente, sino que se sentó junto a él en el sofá. Era de dos plazas y Snape estaba lo suficientemente cerca, de forma que Harry podía sentir la calidez del cuerpo del hombre. Levantó la vista y trató de juzgar su expresión. Snape se veía intranquilo, pero determinado.

“Está bien, Severus,” dijo Harry, él mismo sorprendido ante cuán fácil el nombre se deslizó sobre su lengua. “No voy a hacer esto más incómodo de lo que tiene que ser. Quiero acabarlo también.”

Snape dejó salir un suspiro y Harry pudo ver que se relajaba un poco. “Ciertamente. Si estás preparado, mentalmente, no hay razón para aplazar esto. Pensé que, tal vez, ¿podríamos pasar tiempo juntos la próxima semana? Mantenerlo en secreto no será un problema. Un poco del poder de Albus Dumbledore es más que capaz de conjurar los hechizos para enlazarnos. No habrá necesidad de que haya testigos.”

“Me gustaría que Ron y Hermione estuviesen allí,” dijo Harry. Viendo la expresión de Snape, agregó, “insisto. Son mis amigos. Quiero que esto sea tan abierto como pueda ser. No me voy a esconder avergonzado. Sé que no podemos arriesgarnos a que él lo averigüe, pero eso no significa que nadie puede estar allí.”

“Yo… pensaba más bien que era sabio no decírselo a nadie más aparte de nosotros.”

Snape sonaba derrotado, y Harry comprendió que el hombre estaba posiblemente avergonzado. No sabía si sentirse ofendido o sentir lástima por él. ¿Snape estaba avergonzado porque tenía que casarse con Harry, o porque tenía que ser sumiso? Harry lanzó la cautela al viento y preguntó.

“¿Te avergüenza tener que casarte conmigo?”

Snape miró a Harry. “No. No, realmente no es eso. A pesar de que eres joven, no es que no haya precedentes. Pero tú eres mi estudiante y eso lo hace más… dudable en mi mente.”

“¿Es porque tienes que ser sumiso?” Y eso era –Harry podía verlo en los ojos del hombre. Se apresuró a agregar: “No te trataré mal, Severus. No podría hacerle eso a nadie.”

“¿Ni siquiera a mí, tu odiado profesor? No, supongo que no es un comportamiento Gryffindor, ¿no es así? Soy demasiado Slytherin a veces. Esperaba que aprovecharas completamente esta situación para humillarme.”

“Eso es bastante insultante, sabes,” dijo Harry. “Ya hemos acordado que queremos vencer, y para hacer eso tenemos que estrechar lazos. ¿Por qué debería hacerlo horrible para ti? Eso no sólo te haría sentir mal, sino que me haría sentir sucio a mí. Por favor, deja de pensar de esa manera.” Tentativamente, Harry estiró su mano y cubrió las de Severus, que estaban estrechadas apretadamente sobre su regazo. Severus pareció relajarse un poco y Harry resolvió a actuar con más determinación. La profecía decía que tenía que hacerlo. Era extraño hacer el primer movimiento con Snape, pero iba a ser su rol, así que lo intentaría.

Snape miró a Harry. El chico estaba siendo ridículamente decente sobre esto. Debió haber sabido que eso iba a suceder. Potter, el arquetipo Gryffindor –por una vez debería estar agradecido. El chico le miraba de vuelta con esos brillantes, verdes ojos. Si Severus se las arreglara para olvidar que era su estudiante, olvidar que era tan jodidamente joven, esto sería hasta placentero. Potter era un apuesto joven. Severus se inclinó hacia Harry, esperando que el chico captara el mensaje.

Harry le besó. Era sólo una incierta presión de labios despues de un incómodo momento de narices topándose y acomodando la posición. Luego labios secos, presionando contra su propia boca delgada. No debería ser gran cosa –pero era el comienzo de algo tremendo. Severus pensó que, una vez Harry iniciara el contacto, estaba bien que él tomara el control del beso, para mostrarle a Harry lo que obviamente no sabía. Deslizó sus brazos alrededor de la espalda del chico y abrió su boca.

¡Oh! Esto es grandioso… Harry comprendió que nunca había besado antes. No como besas a un amante. Esto era lo que significaba… esta calidez, esta humedad, esta lengua acariciando sus labios. Los abrió y Severus entró, y era caliente y excitante. Harry rodeó a Severus con sus brazos y respondió al beso.

Luego, mientras se alejaba del caluroso abrazo, Harry se preguntó qué había ocurrido. Habían construido un calor y pasión que nunca había esperado que estuviese allí. Severus obviamente sabía cómo besar, aunque fuera difícil creer que había besado mucho en su vida -¿quién querría hacerlo? Harry se pateó mentalmente por ser tan malo como Ron por pensar de esa manera.

Harry levantó la mirada a los ojos de Severus y vio una extraña mezcla de cautela y ardor. ¿Severus quería esto? Harry esperaba que sí, porque ciertamente, él sí. La dureza entre sus piernas era prueba de ello. “Eso estuvo bien,” se atrevió a decir.

Severus curvó un poco los labios ante eso. “Me alegra que fuera bueno para ti, Harry. Ciertamente, yo lo disfruté. Quizás deberíamos practicar más. Sugiero cada tarde hasta el enlace, si estás dispuesto”.

Harry asintió, su cuerpo se sentía como si estuviese lleno de chispas y quería más.

Severus continuó, “te daré una detención de una semana en nuestra próxima clase, que, convenientemente, es mañana. Derrama algo, tira algo. Sé peor del usual inepto que eres.”

Harry giró los ojos. “No soy tan malo, realmente. Si me dejaras en paz-“

“No puedo. Ahora menos que nunca.”

“Supongo.”

Se besaron un poco más hasta que Severus comentó que era casi el toque de queda. Harry se fue, reluctante. Se dio cuenta de que estaba reluctante a dejar a Snape. Cómo había cambiado el mundo en catorce líneas de verso.

 

***

 

Severus regresó del Soho sintiéndose sucio. No era resultado sólo de entrar a un sex shop muggle y comprar un libro llamado La guía para principiantes del BDSM –había rechazado repetidamente las ofertas del vendedor, quien insistía en que debía comprar algo llamado DVD porque ‘lo vivifica, sí que lo hace, señor. Usted tiene el aspecto de un dominante maravilloso, ¡justo el rostro para ello!’ De alguna manera se las arregló para resistir las ganas de maldecir al idiota con un obliviate por echarle sal a sus heridas. No, era al Londres muggle completo. Siempre le hacía sentir mugriento. Sólo caminar por las calles rebosantes de tanta gente hacía que le picara la piel, ¡y el humo de los autos! ¿Cómo se las arreglaban los muggles para hacer el mundo tan mugriento? Suponía, siendo justos con ellos, que no tenían otra opción, al no tener magia. Severus amaba el limpio, hermoso poder que era la magia y una vez más agradeció a Merlín por haber nacido mago.

Severus hizo té y se hundió en la butaca para leer el libro antes de que Harry llegara para su reunión. Hizo una mueca ante aquello: ¡reunión, ciertamente! No era más que una sesión de besuqueo y toqueteos. No se habían desnudado aún, pero eso se debía a la inexperiencia de Potter y a su propia determinación de dejar que el chico guiara sus encuentros lo máximo posible. ¡Y eso sí que requería algo de esfuerzo! Severus ya les habría quitado la ropa a la segunda sesión.

El libro no requería mucha lectura. Eran mayormente imágenes, algunas de las cuales le recordaban a Severus las actividades de los mortífagos. Esas eran el lado SM de las cosas; Severus no creía que la profecía se refiriera a aquello. Al menos esperaba que no. Él sería el que recibiera el dolor, no Potter, quien iba a ser el dominante. No, él esperaba que se apegaran más bien a la manera estilizada de interactuar. Severus, el sumiso, mostraría a su maestro debida deferencia. Sería como una versión extrema de sus roles en clases, con la habitación por escenario. Seguramente decir ‘Sí, maestro’ a Potter no sería tan malo como besar el dobladillo de la túnica de Voldemort.

Finalmente, Severus ejecutó un hechizo que tomó las partes relevantes del libro y copió el texto e imágenes en un pergamino que le daría a Harry esa misma noche. Él iba a guardar el original y lo estudiaría un poco más. Esto llevaría práctica.

 

***

 

Harry cerró las cortinas alrededor de su cama y sacó el libro y el rollo que Severus le había dado esa tarde. El libro era Una guía al amor para magos, incluyendo hechizos para cada ocasión. Era un cómo-guiar y había una sección sobre sexo gay. Harry sabía que la idea era meter la polla en el trasero de otro tipo, pero las descripciones sobre preparación y los hechizos de lubricación y relajación de músculos valía la pena aprenderlos. Nunca habría creído que fuera tan complicado. El libro recomendaba la posición de a-cuatro como la más fácil para primerizos, así que Harry pensaba que ésa funcionaría. La burla de Ron sobre cubrir a Severus con una sábana volvió a él y quiso decirle a Ron que Severus besaba de maravilla, pero dudaba que Severus quisiera que sus actividades se discutieran con cualquiera, o que Ron escuchara.

La guía para principiantes del BDSM, anunciaba el rollo. Mientras leía, sus ojos se abrían cada vez más con cada párrafo. ¡Snape iba a ser su esclavo!

Mientras Harry más pensaba sobre aquello, más se excitaba. Snape no sería capaz de gruñirle, de menospreciar sus esfuerzos en la cama. Harry dudaba de que fuera lo suficientemente valiente como para tratar de tener sexo con el bastardo sarcástico si Snape no tuviese que ser su sumiso. De esta forma, Snape tenía que ser cortés y servicial. Harry se preguntó cuán duro Severus iba a encontrar todo esto –probablemente más que Harry.

A Harry no le gustó la visión de algunos de los últimos capítulos. No creía que dolor y sufrimiento fueran para nada sexy. Sus propias experiencias estando indefenso y siendo torturado eran algo que prefería olvidar –no quería nada parecido entre él y Snape. De vez en cuando, Ron y él, junto con otros compañeros se reían sobre lo genial que sería si Snape fuera alcanzado por un accidente de calderos, o se envenenara con una poción, pero era sólo charla estúpida. Ya sería lo suficientemente difícil tener que matar a Voldemort o sus seguidores; Harry no quería daños colaterales.

 

***

 


Harry entró a la oficina de Severus a las ocho aquella tarde, entre las burlonas risas de Malfoy, que siempre revoloteaba alrededor para mofarse de Potter cuando iba a sus detenciones. Harry no tenía dificultad en discutir con Malfoy y Severus siempre que salía para gruñirle a Harry. Era tan fácil continuar con el status quo, mantener las apariencias.

Una vez dentro, Severus vigiló la puerta y los guió a sus habitaciones. Después, cualquier gruñido era un signo de excitación.

Luego de su primer beso, Harry dijo, “Severus, tienes que llamarme ‘maestro’.”

Severus bajó los ojos sumisamente; había estado practicando eso en el espejo de su baño, “Sí, maestro.”

Harry estaba sorprendido e impresionado de que Severus pareciera preparado. “Yo mando, en todo. ¿Entiendes eso, no?”

“Ciertamente, maestro. Leí el libro. Es… difícil para mí. Paso el día diciéndole al resto qué hacer.”

“Pero no la noche, Severus. Ahora, bésame.”

Severus lo hizo con minuciosidad y entusiasmo.

“Debes pedirme cualquier cosa que necesites, Severus,” dijo luego Harry. “Cualquier cosa que quieras hacer. Lo permitiré si estoy de acuerdo. Hasta donde la profecía llega, quiere que te domine en la cama principalmente, pero creo que quiere que controle tus otras actividades también.”

“No sólo en amor, es correcto. ¿Será muy estricto conmigo, maestro?” Severus miró a Harry –el joven lucía bien con su cabello revuelto, sus mejillas sonrojadas y sus labios hinchados por el beso. Severus notó que había sonado como si estuviese flirteando, y se preguntó de dónde había venido eso. Toda esta surrealista situación estaba teniendo efectos extraños en él.

“Puedes pensar eso, Severus,” Harry estaba impasible. “Mi primera regla es que no serás descortés con respecto a mi padre nunca más, ni sobre Sirius o Lupin. Ni sobre mis amigos. Me molestaré mucho si lo haces, ¿entiendes?”

Severus suspiró. Confía en Harry para ir directo al punto. “Sí, maestro.”

“Esperaré que te mantengas preparado para mí, y sólo para mí. Eso es lo más importante. No quiero que andes merodeando por el Callejón Knockturn, o las partes más dudosas de Londres.”

“Por supuesto, maestro. Eso me hará muy feliz, puedo asegurárselo.”

Harry escudriñó a Severus, inseguro de si el hombre estaba siendo sarcástico o no. Era difícil de saber, con Severus sentado ahí tan mansamente, los ojos bajos. “Mientras estemos juntos fuera de la cama, puedes actuar normalmente, Severus. Levanta la vista.”

Severus levantó la vista y Harry vio la verdad de su última declaración. Snape no parecía para nada infeliz. “Estaremos casados. Enlazados. Es lo mismo.” Severus abrió la boca para interrumpir que no era lo mismo, pero Harry lo reprimió y continuó, “la fidelidad se espera por ambas partes. Tal vez seas mi sumiso, pero tienes derecho a esperar mi indivisible atención. Te trataré como lo que eres –mi esposo. ¿Entiendes?”

Severus se sentía maravillado. No había esperado una declaración de fidelidad por parte de Harry. Sabía que tenía que servir sólo a su maestro desde ahora, que Harry sería el único compañero que tendría por el resto de su vida. Y a él no le importaba para nada –sus amantes anteriores habían sido amoríos temporales que había tenido durante la etapa de experimentación de su propia juventud. Vivir en un castillo lleno de adolescentes sobrecargados de sexo había significado que el sexo estaba disponible incluso para alguien tan poco atractivo como Severus. Más recientemente, sus compañeros habían sido de la variedad profesional; lo suficientemente encantadores mientras les pagabas por su tiempo y su atención, pero no significaba nada. Tener a este atractivo joven como su compañero en la vida, incluso cuando él tendría que obedecer a Harry en todas las cosas, no iba a ser una penuria. Y Harry quería serle fiel… eso era como un regalo. Un muy especial regalo de matrimonio. Era demasiado esperar que Harry tuviese éxito durante tanto tiempo, pero él quería empezar de esa manera y eso hacía sentir a Severus más cómodo con su inminente boda.

Cuanto más pensaba sobre su cambio en la situación, más comprendía que no era un desastre, de hecho, era más bien lo opuesto. Severus había releído la Guía al BDSM numerosas veces y había descubierto, para su gran sorpresa, que el pensamiento de dejar a Harry dominar en la cama era erótico.

 

***

 

Estaba todo dispuesto. El enlace fue llevado a cabo por Albus la noche del miércoles. Los únicos invitados a la ceremonia fueron Ron y Hermione. Hagrid había sido excluido, al tener una tendencia a dejar escapar secretos, y éste era uno que ciertamente no podían arriesgarse a que se supiera. Al final ambos decidieron mantenerlo simple. Snape, siempre cauteloso por su posición como espía, no habría dejado que Ron y Hermione supieran, pero Harry insistió. Y lo que Harry decía, ocurría.

Harry se mantenía de pie manteniendo las largas, frías manos de Severus entre las suyas, jurando votos de fidelidad y cuidado. Severus respondió con votos similares, prometiendo fidelidad y obediencia. Hermione lloriqueaba en un pañuelo y Ron tosía, despejando su garganta, y arrastraba los pies.

Dumbledore recitó el antiguo hechizo que entrelazaría sus vidas, luego retrocedió un paso, sonriendo. “Les deseo felicidad. Sus vidas, entrelazadas, serán muy distintas de lo que han sido por separado. Pero yo sé que ambos encontrarán mucho consuelo con este enlace.”

Ron giró los ojos en dirección a Hermione, pero ella todavía estaba mirando a la pareja con ojos llorosos. Harry no había dejado ir las manos de Severus aún. Estaba mirando a los ojos de su esposo. Snape permanecía quieto, en calma aparente. Hermione se preguntó si su profesor realmente estaba tan feliz de cumplir con esto como parecía ahora mismo.

Finalmente, Harry dejó ir una de las manos de Snape, guiándolo por la otra hacia la pequeña mesa de comedor que habían instalado para compartir una cena, como era tradición en las ceremonias de enlace.

Los elfos domésticos habían puesto la mesa festiva, con la mejor cristalería, cubiertos de plata, y hermosa porcelana de Hogwarts. Una presentación floral dominaba el centro de la mesa, despidiendo esencia de rosas.

Severus llevaba una túnica azul oscuro. Un ramillete de brezo había sido prendido a sus túnicas en honor a Escocia. El de Harry era verde. Durante los últimos tiempos, muy frecuentemente utilizaba el verde, Hermione le había dicho que resaltaba el inusual color de sus ojos y le hacía parecer impresionante.

A Harry le sirvieron primero. Luego dijo al elfo que sirviera a su esposo. Los otros observaron eso, Ron con una débil sonrisa en su rostro. Para él parecía que Harry podía humillar a Snape, y eso era un brillante revés de los eventos. Hermione pensaba que parecía un poco a la inversa, que el compañero más joven tomara el liderazgo, pero las acciones de Harry le parecían románticas. Tenía una tonta sonrisa en el rostro.

Albus Dumbledore lo observó todo, el par recién enlazado y los dos jóvenes Gryffindor, con una sonrisa indulgente. Se sentía mejor sabiendo que cuando llegara su tiempo de dejar el mundo estos dos queridísimos hombres se tendrían el uno al otro. ¡Bendita Sybill y su última revelación por causar lo que parecía imposible!

Después de la cena, la fiesta se trasladó vía Flu al salón de estar de Severus en busca de unas bebidas de celebración. Severus se dirigió hacia el bar y les ofreció. Le preguntó a Harry primero, como su maestro, y Harry escogió una copa de dulce vino blanco. Los amigos de Harry escogieron cerveza de mantequilla y Snape, varonilmente, se las arregló para no mofarse. Había sido cortés con Ron y Hermione durante toda la ceremonia y la cena. Harry le había grabado que, fuera de clases, Severus debía ser agradable con sus amigos. Dumbledore tomó un fino whiskey de malta. Finalmente, Severus tomó un vaso de lo mismo para él.

Dumbledore propuso un brindis por el éxito del enlace, el fin de Voldemort y la felicidad de la pareja.

Harry comenzaba a sentir un poco de nervios en su estómago. Sabía que, cuando los otros se fueran, se esperaría que actuara. De llevar a Severus a la cama. Su polla dio un tirón ante el pensamiento, pero estaba nervioso también. Perdería su virginidad esa noche, pero de una manera tan extraña. Siempre había esperado que fuese con un joven de su misma edad. Tal vez actuarían torpemente y harían un desastre de aquello, pero sería divertido. Esta era una proposición muy diferente. Tal vez Severus le ayudaría; él debía saber cómo hacerlo. Echó un vistazo a su esposo y captó la mirada del hombre sobre él. Severus bajó los ojos sumisamente. Harry no sabía de cuánta ayuda era eso.

Lo inevitable sucedió. El tiempo pasó, la charla placentera se hizo más bien tensa. Ron jugueteaba y Hermione parecía un poco incómoda. Albus hizo un movimiento, poniéndose de pie. “Creo que es hora de dejar a la feliz pareja a solas, muchachos,” dijo a Ron y Hermione.

Los Gryffindor se pusieron de pie. Ron aún lucía incómodo y ansioso por irse; Hermione deslizó su mano en la suya y sonrió a Harry.

“Buenas noches, Harry… profesor,” dijo.

Ron dijo lo mismo. Harry avanzó y abrazó a Hermione, luego, tomando una decisión, hizo lo mismo con Ron.

“Estarás bien, Harry,” susurró Hermione. “Eres un excelente mago. Siempre estás bien.”

Harry rió entre dientes. “Él no es un basilisco, Hermione.”

Ron le devolvió el abrazo, “Eres un hombre valiente, Harry. Debo reconocértelo. ¿Snape… eh?”

Harry lo golpeó. Los invitados se fueron y el silencio llenó la sala de estar mientras se iban. Harry se giró y miró a Severus.

Severus era su esposo ahora, y debido a la forma de enlace, era suyo para ordenarle. Severus estaba silenciosamente junto al fuego, el vaso de whiskey en mano. Se veía lo suficientemente calmo, lo que hacía sentir un poco mejor a Harry. Regresó y tomó su vaso de vino de nuevo. “¿Deberíamos ir a la cama, entonces?”

Severus asintió solemnemente. Nunca habló. Harry se preguntaba qué emociones estaban detrás de aquel calmado, controlado rostro. Sospechaba que Severus encontraba esto tan abrumador como el propio Harry lo hacía.

Severus los guió hacia una puerta que abrió y vigiló detrás de ellos. El cuarto estaba cubierto con paneles de madera; la cama estándar de cuatro postes al estilo Hogwarts era más grande que las camas de los estudiantes. La habitación tenía una pequeña chimenea, en la que ardía un fuego alegremente; la atmósfera era sorprendentemente cálida y acogedora.

Severus estaba observando las reacciones de Harry. Vio la sorprendida aprobación del joven en cuanto a la habitación. Derrumbaba los mitos estudiantiles sobre sus mazmorras y sin duda lo hacía parecer más humano. Eso era algo que él evitaba hacer con los estudiantes, pero Harry, como siempre, era diferente.

Harry vio a Snape mirándole. Todavía no podía leer las emociones del hombre, pero estaba bastante seguro que esto era tan difícil para Severus como lo era para él. En un raro momento de revelación, comprendió que debía ser peor. Severus no podía tomar el mando, no podía dirigirse a Harry como lo haría normalmente con cualquier persona joven. Dependía de él. Incluso si lo hacía patéticamente, Snape no podría reírse de él.

“Ven aquí, Severus,” dijo.

Severus dejó su vaso de whiskey sobre la mesa junto a la cama. Se acercó a Harry.

“Bésame.”

Y entonces comenzó. Ambos se relajaron cuando sus labios se encontraron. Habían hecho esto anteriormente; era remarcablemente cómodo y se disfrutaba mucho. Harry encajaba tan bien en los brazos de Severus y moldeó su cuerpo contra la figura alta, delgada de Severus.

Severus había notado que Harry era un besador entusiasta y un típico adolescente –apenas Severus empezó a besar a Harry, pudo sentir la erección del chico presionada contra él, enviando un estremecimiento de deseo por su delgada figura. Harry sabía a vino dulce y entusiasmo.

Cuando se separaron, Harry jadeó, “Esto no va a ser malo para mí, Severus.”

Severus no estaba seguro de qué decir, o qué tenía permitido decir. “Gracias, Harry.”

“Tienes que llamarme maestro,” dijo quedamente. No estaba seguro de si le gustaba eso, había sido agradable escuchar su nombre de los labios de Severus.

“Lo siento, maestro. Usted está, por supuesto, en lo correcto.”

“Dí lo siento con otro beso,” dijo Harry.

Mientras Severus lo besaba, Harry restregó su erección contra el firme muslo de Severus. Esta noche tendrían que avanzar, y eso no era demasiado pronto para la polla de Harry. Eso se sentía bien, y presentía que se iba poner mucho mejor. Tuvo una idea y retrocedió. “Severus, tú sabes que soy virgen…”

“Yo –lo asumía, maestro.”

“¿Y yo asumo que tú no lo eres?”

“Está en lo correcto.”

“Entonces tiene sentido que me enseñes mientras avanzamos, ¿no es así? Yo tengo que… penetrarte. Pero tú puedes mostrarme el resto. Así que te digo que me muestres lo que necesito saber, ¿de acuerdo?

“Eso es muy sabio, maestro. Le mostraré, ¿si me lo permite?” Severus estiró las manos y comenzó a desabrochar los broches del cuello de Harry.

“Sí. Muéstrame lo que puedes hacer, Severus.”

Severus, bastante agradecido, comenzó a desvestir a Harry. Esto podría llevar toda la noche. Quería ver al joven desnudo, quería adorar la carne que descubría. Había estado temiendo que sólo tuviese que estar parado como una estatua de madera mientras Harry toqueteaba ineptamente. Esto era mucho mejor. Bajó recorriendo con sus labios la línea del cuello de Harry mientras sus manos quitaba la túnica del cuerpo del chico. Harry gimió de placer y el entusiasmo del chico lo animó a hacer más. Encontró los rosados pezones y lamió alrededor de su forma, tanteando el nudo con la lengua.

A Harry le gustó; enterró sus dedos en el oscuro cabello de Severus, manteniendo la cabeza del hombre presionada contra su pecho. “Sí, eso está bien. Hazlo de nuevo.”

Severus obedeció. No le importaba que le dijeran que hiciera lo que quería hacer de todas formas. Empujó las ropas por debajo de las caderas de Harry y oyó el susurro de la tela al caer al suelo mientras repetía el tratamiento en el otro pezón de Harry. Los dedos de Harry se enterraban en su nuca y el chico gemía de placer.

Cuando Severus se alejó para ver el pecho expuesto, Harry habló. “No sabía que se sentía así. Creía que sólo a las chicas les gustaba ese tipo de cosas.”

Severus sonrió, “Tengo mucho que enseñarle, creo, maestro. Si me deja.”

“Muéstrame.”

Severus se deslizó sus manos dentro de la cinturilla de la ropa interior de Harry para bajarlos.

“No, detente, Severus. Primero quítate la ropa.”

Severus retrocedió. Harry se veía determinado y realmente bastante feroz. Asintió y comenzó a desatar su túnica. Los ojos de Harry seguían cada movimiento de sus dedos; le hacía sentir como un exhibicionista. Ninguno de sus compañeros siquiera se molestaban en mirarle desvestirse, ni se preocupaban de su cuerpo. Era poco atractivo, lo sabía, y no inspiraba un interés sexual más allá de lo qué pudiera hacer a su compañero. Por primera vez en años, se sintió extrañamente tímido mientras abría su túnica para mostrar su pálido, delgado cuerpo, tan diferente de la carne joven y tonificada de Harry.

Severus era un maestro de pociones, no un atleta. Tenía músculos donde los necesitaba, en sus brazos y pecho; sólo lo suficiente para preparar ingredientes y remover calderos. Sus piernas eran largas, delgadas (un término cortés para flacas) y pálidas, cubiertas con un mínimo de vello oscuro. Ciertamente no tenía tiempo para hacer ejercicio en su ocupada vida de profesor de escuela y espía. Sabía que Harry estaría decepcionado con lo que mostraba.

Harry estaba conteniendo la respiración. Ver los amarillentos dedos largos de Severus deshaciendo los botones de su oscura túnica era extrañamente excitante. Se había sentado en clase y observado aquellos dedos hacer tantas faenas exactas, oído la sermoneante voz destacando todas sus fallas, pero ver esto –era un experiencia diferente. Una muy excitante. Cuando la túnica del hombre se abrió para mostrar un pecho pálido, ligeramente musculoso y con algo de vello oscuro en el centro, Harry se encontró con que no podía respirar.

Más botones fueron abiertos y la túnica cayó; Snape las sacudió de sus hombros. Caderas estrechas, piernas delgadas, vello oscuro. Un rastro de vello desde el ombligo, bajando hasta la cinturilla de sus apretados calzoncillos negros. Los ojos de Harry estaban fijos donde desaparecía el vello. “Quítate los pantalones, Severus.”

Snape no respondió. Deslizó sus manos bajo la cinturilla y bajó los calzoncillos. Mantuvo su rostro impasible, diciéndose que podía soportar la desdeñosa reacción.

Harry jadeó cuando la polla y las bolas del hombre fueron reveladas. El vello oscuro se espesaba, formando un nido alrededor de la entrepierna de Snape, uno que Harry quería tocar. ¿Sería áspero o suave? Se adelantó, razonando difícilmente ahora, su mano se estiró para tocar.

Severus permaneció quieto. El chico no decía nada, pero se estaba acercando.

La mano de Harry tocó el vello alrededor de su polla. Su polla, sorprendida como él, saltó ansiosamente. Harry deslizó su mano hacia abajo y la agarró. “Oh, Severus…” dijo.

Severus no sabía qué decir, así que se mantuvo en silencio. Sin embargo, empujó las caderas hacia ese agarre.

“Eres tan grande…” dijo Harry, sonando anonadado.

Severus no se consideraba tan grande. No pequeño, ciertamente, pero no enorme. Harry era joven, eso era todo. Severus murmuró en respuesta, todavía inseguro de lo que podía decir, pero esperando mostrar su aprobación por la manera en que estaban yendo las cosas. Había sólo una cosa que podría mejorar esto… “Por favor, maestro, quítese la túnica también.”

Harry, aún sopesando el pene en su mano, familiarizándose con su forma y calor, y contornos, levantó la vista sobresaltado. ¿Severus quería que se desvistiera? “Estoy desvestido.”

“Tus calzoncillos...”, susurró Severus. “Por favor, maestro.” Severus se estaba endureciendo mientras Harry lo tocaba, tensándose y creciendo.

Harry se forzó a concentrarse en las palabras de Severus. “Oh... de acuerdo,” pero no se movió. Estaba demasiado ocupado viendo la reacción del cuerpo de Severus ante el suyo. Era fascinante.

“¿Puedo quitártelo yo?”

Harry escuchó las palabras de Severus y asintió vagamente. La polla del hombre se hacía más grande mientras la acariciaba. Una oscura, sonrojada cabeza estaba siendo revelada mientras el prepucio se retraía. Era jodidamente hermoso, en la humilde opinión de Harry.

Severus deslizó sus manos dentro de la cinturilla de Harry. Necesitaba ser cuidadoso –la ansiosa erección del chico formaba una tienda en el frente de sus calzoncillos. Cuidadosamente los deslizó hacia abajo y sonrió. La polla de Harry se veía tan ansiosa, tan fresca y limpia y virgen. Y, por un momento al menos, era suya. Quería arrodillarse y adorarla. “Por favor, maestro, ¿puedo probarte?”

Las palabras de Severus entraron la mente de Harry con la fuerza de un cohete. Sus rodillas se sentían débiles. Levantó la vista de la erección que estaba acariciando y vio la pasión en los ojos de su esposo. ¿Si podía? Oh, Merlín… “Por favor.”

Severus, de rodillas, frente a Harry. Harry bajó la mirada, no podía alejar sus ojos, mientras Severus se inclinaba más cerca y sacaba la lengua. La cálida, húmeda punta de la lengua trazó un línea desde la base de la erecta polla hasta la punta, donde se detuvo y lamió el cúmulo de pre-semen reunido allí. Harry gimió audiblemente. “Por favor,” dijo nuevamente.

Severus acarició sus mejillas arriba y abajo de la polla, inhalando el olor almizcle, sintiendo el fino vello púbico en la base. No había deseado chupar una polla en bastante tiempo, pero quería esto con un fiero deseo y abrió la boca, saboreando a Harry. Y era perfecta.

Harry estaba encontrando difícil mantenerse en pie. Sus rodillas estaban debilitándose cuando la succión comenzó. La caliente, cálida boca envolvió su polla, las mejillas de Snape succionaron mientras tiraba de la carne de Harry. Merlín, era grandioso. Harry no podía dejar de gemir y no le importaba. Incluso si todo el castillo escuchaba, no le podría haber importado en ese momento… mientras Snape no se detuviera.

Las respuestas del chico eran en extremo entusiastas. Sus gemidos estaban haciendo que Severus se sintiera más apreciado de lo que jamás lo había sido en la cama. No eran los astutos, practicados gemidos de un chico alquilado, eran los entusiastas, sobrecargados sonidos hechos por un chico virgen a quien le estaban mostrando los placeres que nunca había soñado. Era insoportablemente erótico y Snape estaba más duro de lo que jamás recordaba haber estado, pero no quería detener lo que estaba haciendo.

Harry iba a correrse. Sus manos, aún agarrando el cabello de Severus, se tensaron. Trató de alejar a Severus, “me voy a correr.”

Severus no respondió, aún succionaba, aún sostenía a Harry por la parte trasera de los muslos, estabilizándole. Y Harry se corrió, repentinamente, duro, su semen disparándose en la boca de Severus para ser tragado rápida y eficientemente.

Harry se hundió, quería recostarse. Severus le ayudó a llegar a la cama y se le unió, enroscando sus brazos alrededor del joven, a quien le estaba llevando un poco de tiempo recobrarse del orgasmo. Harry se las arregló para decir, “Asombroso… sólo… yo nunca…”

Severus sonrió.

Cuando hubieron estado recostados durante un tiempo, y Harry se las arregló para pensar coherentemente de nuevo, dijo: “Severus. Eso fue asombroso. Gracias.”

“Me alegra que te haya gustado. Pero aún tenemos que realizar la penetración.”

Harry miró a su esposo a los ojos. Severus parecía calmo, para nada enfadado. “Lo estoy ansiando,” admitió Harry. Estaba bastante seguro que no sería tan terrible. Si Severus probaba ser tan colaborador como había sido hasta ahora, iba a ser una excelente experiencia.

Severus estaba siendo desestabilizado por aquello. Primero, nunca había esperado estar compartiendo la cama con un estudiante, y que el estudiante fuera Harry Potter sólo lo hacía más extraño. Cuando pagaba por sexo, él penetraba. Esta vez tenía que mostrarle a Harry cómo penetrarle. Estaba extrañamente nervioso, nunca habiendo estado abajo. Sabía la teoría al derecho y al revés, pero el pensamiento de tener a Harry, ansioso, virgen Harry follándole era desconcertante, pero al mismo tiempo, muy excitante. Sus amantes hacían todo mecánicamente; se rascaba un picor, nada más. Esta experiencia estaba mundos más allá. Extrañamente, Severus se sentía tan virgen como Harry. Tenía la sensación de que lo que estaba a punto de experimentar era algo a lo que nunca se había acercado anteriormente.

Severus se vio distraído de sus pensamientos por la mano de Harry, que estaba tocando su plano vientre, describiendo las líneas de sus costillas, agarrando suavemente el vello de su pecho. Bajó la vista y vio el viaje del descubrimiento, sintiendo cómo su cuerpo era apreciado. Vio el rostro de Harry y no vio asco, no vio burla. El chico se estaba concentrando en tocarle.

“Severus, ¿puedo mirarte?”

Severus se reprimió de corregir la gramática del chico. El chico que era su maestro, a quien debía obedecer. “Puede hacer lo que quiera, maestro,” dijo.

“Abre tus piernas, entonces.”

Severus separó las piernas. De nuevo una ola de timidez le empapó. Nadie quería ver el cuerpo de Severus Snape. Nadie excepto Harry, su esposo. Lo que Harry quería que ocurriese, ocurriría.

Harry bajó de la cama y posó sus manos sobre los muslos interiores de Severus. Nunca había mirado de cerca allí abajo. Tendría que haber usado un espejo con él mismo y nunca había hecho eso, simplemente parecía demasiado rudo. Pero observar a su esposo, ver lo que tendría que penetrar, aquello era necesario. Así que miró. Y se perdió observando.

Tan extraño, apretado, como una boca arrugada. Había vello alrededor del área, un poco, escaso vello oscuro. Harry recorrió con la punta del dedo la hendidura hacia la entrada y Severus saltó y siseó.

“Oh, lo siento.”

“No… no, no fue desagradable.”

La voz de Severus sonaba rasposa, así que Harry levantó la vista. Los ojos de su esposo estaban llenos de pasión. ¡Así que le gustaba! Harry sonrió y regresó a su tarea. “¿Así que no te importa si exploro?”

“¿Importarme? No… no me importa, maestro. Me agrada.”

Aquella admisión era emocionante, Harry paseó su dedo por la entrada de nuevo y sonrió cuando las caderas de Severus se empujaron en su dirección. Se preguntaba si aquel agujero engulliría su dedo.

“¿Le gustaría explorar… dentro?”, preguntó Severus. “Tengo algo de lubricante aquí.”

Harry asintió y tomó el ofrecido recipiente. Humedeció su dedo y esta vez trazó la figura del límite, haciendo que la rugosidad estuviera lubricada y lista para él. Presionó con su dedo y, tal y como se había preguntado, su dedo fue ávidamente absorbido hacia el interior.

Caliente y apretado, humedad que le agarraba. Maravilloso. Harry curvó gentilmente su dedo en el interior, explorando las paredes del canal, el lugar donde tenía que entrar. Se sentía como si nunca hubiera suficiente espacio para aquello.

Severus gimió, y era definitivamente un sonido de placer. Harry presionó más profundamente y encontró un lugar que se sentía diferente… levemente redondeado, más firme y suave. Lo acarició experimentalmente y Severus gritó: “¡Por favor!”

Harry levantó la vista al rostro de su esposo y se vio perdido. La expresión de Severus era de tan extremo placer que parecía dolor. “¿Eso es agradable?”

“¡Es magnífico!”

Harry acarició de nuevo, y nuevamente Severus gritó.

“Por favor, Harry… maestro… dame más. Más dedos; abre más.”

Harry comprendió qué hacer; si añadía más dedos, acariciaba y facilitaba el camino, podía entrar. Su polla estaba dura de nuevo, él quería hacer esto. Podía medio imaginar cómo se sentiría meter su polla allí.

Severus separó bien sus piernas, elevando sus caderas, quería a Harry en él. ¿De dónde había venido esta necesidad de ser llenado? Nunca había sentido nada así. Harry tenía dos, o eran tres, dedos dentro de él. Severus quería polla. “Fóllame ahora, Harry. Por favor…”

Harry pensó que era hora de penetrar a su esposo y decidió no esperar más. Pero primero tenía que hacer esto bien. “Me llamarás maestro, Severus. Hazlo ahora.”

“Sí, maestro. Por favor.”

“Tú me complaces a mí, tu esposo,” dijo Harry mientras alineaba la cabeza de su polla con la relajada entrada. Sólo esperaba que entrara bien; realmente no quería lastimar a Severus, o a sí mismo.

Severus elevó sus caderas, elevando sus piernas sobre los hombros de Harry. Harry se movió hacia adelante y entró.

Ambos hombres gritaron. Para Harry y Severus esto era la excitación de un nuevo descubrimiento. Harry había sido virgen; Severus nunca había sido penetrado, siempre había sido la pareja dominante, el que iba arriba. Ambos descubrían reinos de placer que nunca habían imaginado. Ninguno duraría mucho.

Harry presionó más adentro, entrando completamente. Él no era tan grande como su esposo, no aún, en todo caso, y pensaba que Severus estaría más bien agradecido de ello por el momento. Pero era joven, y necesitado, y comenzó a embestir. Sus embestidas se hicieron urgentes, poderosas. Los gritos de placer de su esposo lo animaban. No se molestó en preguntar si todo estaba bien; no podían estar mejor. Harry se perdió en el primitivo goce de follar, de hacer el amor a un hombre que nunca había escogido, pero ahora encontraba que quería apreciar. Los ruidos producidos por sus caderas eran arrítmicas y salvajes mientras se precipitaban hacia la consumación.

Con cada embestida de Harry, Severus gritaba, animando, con un placer tan extremo que dolía. “Oh sí, por favor…” gimió. “Por favor, maestro.” Y se sentía bien llamar a Harry, su esposo, su maestro. Se sentía a salvo, y protegido, y querido. Harry había dejado claro que estaba determinado a dominar sobre Severus, y Severus descubrió que podía darle esa consideración gustosamente.

Mientras se movían juntos, la habitación empezó a cargarse, no sólo con la pasión de su primera unión, una unión ratificada por votos mágicos de enlace, sino también con la inminente precipitación de los poderes adultos de Harry. El aire se sentía cargado con magia, sus movimientos crepitaban contra la sensibilizada piel. Harry, su esposo, era muy poderoso. Severus sentía que apenas podía respirar, incluso su pecho se alzaba con esfuerzo. “Por favor…” rogó, una súplica gustosa a su poderoso maestro.

Harry estaba volando. Se sentía caliente y fiero, valiente y posesivo. Estaba follando a su esposo, reclamándolo. Nadie tocaría a Severus nuevamente, nadie más que Harry. El torbellino de magia le estaba haciendo sentir como un príncipe, un rey, un dios. Voldemort no era más que un gusano –un arrastrado hongo que Harry eliminaría de la faz de la Tierra. Nunca volvería a tocar a su Severus de nuevo. Entre visiones de poder y destrucción, Harry se corrió, su semen –su esencia de mago– inundando a su esposo en una poderosa consumación de su enlace.

Ninguno de los dos hombres recordaba cómo desenredaron sus sudorosos cuerpos, cómo se limpiaron y recostaron en los brazos del otro. Cuando el pensamiento racional regresó, estaban cerca; ninguno quería que fuera de otro modo.

“Debo confesar que había estado preocupado anteriormente, pero eso fue magnífico, maestro. Yo… amo… mi nueva posición.”

Harry sabía lo que Severus quería decir. Sabía que el orgulloso hombre no podía decirlo aún. Severus había sido tan bueno, aceptando su sumisión mucho más fácilmente de lo que Harry había esperado. Harry depositó un beso en la pálida mejilla. “Severus, quiero que sepas que siempre te cuidaré. Te aprecio. Eres mío. Juré en nuestro enlace amarte y cuidarte. Y lo haré.”

Harry abrazó a su esposo. Severus se acurrucó en sus brazos, dócil como un cordero. Si alguien les hubiese visto, lo habría encontrado muy extraño. Unos cuantos días atrás, Harry se habría sentido de la misma manera. Pero esto se sentía bien. Algo había sucedido cuando se unieron, algo irreversible. Harry se sentía fuerte, poderoso y protector. Quería acabar con Voldemort, pero ahora que era responsable por Severus, iba a hacerlo, y pronto. Voldemort amenazaba a su esposo, y nadie tocaba a su esposo.

Severus susurró en el cuello de Harry, “Buenas noches, maestro.”

“Buenas noches, Severus. Mío.”


Fin

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