Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 7 - Capítulo 9 - Ubicación original

 

EL GRAN LOBO MALO (I)

 

Harry despertó bruscamente por el sonido de un coche tocando el claxon repetidamente en la calle. Buscó a ciegas en la mesita de noche hasta coger sus gafas y su varita. El horroroso ruido quedó silenciado.

Parpadeó con incredulidad al ver la hora en el reloj. Era casi mediodía. Se estiró y curvó los dedos de los pies hasta que oyó cómo sus tobillos hacían el crujido de la mañana. Draco se había ido hacía mucho; el centro de la cama estaba frío al tacto. Harry quería remolonear, pero el baño llamaba. Encendió la ducha; esperaría hasta que el vapor saliera de la bañera antes de entrar. Mientras tanto, se volvió al lavabo para lavarse los dientes y afeitarse, y entonces vio la poción y el bálsamo. Entonces se dio cuenta de que Draco se había quedado despierto y, como había prometido, estaba cuidando de él. Había una pequeña nota bajo la poción:

Harry,

He pensado que podrías necesitar esto.
Gracias por... bueno, gracias por todo.
Espero nuestra próxima reunión en noviembre.

Draco.

 

Aunque la longitud de la nota era mínima, el mensaje no lo era. Harry se tomó la poción y pronto notó la magia funcionando, relajando sus músculos. Estaba en buena forma por su entrenamiento, pero el sexo había puesto a prueba músculos que rara vez usaba. La ducha fue larga y caliente. Era uno de los pocos lujos que se había permitido durante la guerra. Incluso había tenido a la Orden esperando alguna que otra vez mientras se deleitaba en el vapor ardiente.

Se secó con la toalla y extendió el bálsamo por las partes más irritadas de su trasero. Los recuerdos de la noche anterior se acercaban y se alejaban flotando en su mente. Había pasado mucho tiempo desde que esa parte de su anatomía había estado dolorida y, por primera vez, no le importaba realmente. Fue cuando se estaba vistiendo en su habitación que se dio cuenta de que el dragón no estaba en su armario. Buscó alrededor y lo encontró durmiendo acurrucado sobre el escritorio. Al principio estaba confuso, pero entonces vio la carta con letra perfecta. Draco, ¿qué has hecho?, pensó mientras leía la carta que Draco había escrito para que Harry la enviara a El Profeta. Expresaba mucho de lo que había en su mente, en su corazón, en su alma. Quedó estupefacto al ver lo mucho que sabía Draco sobre cómo se sentía. Sabía que no había tenido mucho tiempo para escribirla, pero era perfecta. Hermione no podría haberlo hecho mejor aún teniendo una semana.

Harry se sentó y copió la carta palabra por palabra. No se sintió culpable al hacerlo; ésos eran sus pensamientos, los que le había contado a Plata, y Draco sencillamente había puesto por escrito todo lo que había oído y comprendido. Echó un vistazo por su habitación; la percha de Hedwig estaba vacía, probablemente estaba fuera, entre los árboles del jardín trasero.

La cocina estaba vacía, con la excepción de una nota que flotaba en el aire por encima de la mesa. Narcissa estaba en el sótano y le pedía que la acompañara. Harry llenó la tetera, mirando a Plata a través de la ventana, tumbado en la hierba bajo el sol otoñal. Parecía estar durmiendo. Hedwig estaba subida a un árbol, ahuyentando a los cuervos. Harry abrió la puerta de atrás y la llamó suavemente. La lechuza bajó en picado silenciosamente y aterrizó sobre su hombro. Carta en las patas y dulce en el pico, volvió a levantar el vuelo. Harry se sintió muy aliviado por no tener que volver a pensar ni preocuparse por la situación.

Dobby apareció pronto, y un gran y sabroso desayuno apareció en la mesa. Harry se sirvió, pensando que estaba comiendo tanto como Draco había comido anoche. Oyó movimiento en la casa y pensó que podría ser Remus bajando, pero eso no era probable; el día después de la transformación no solía bajar hasta la hora de la cena. Intentó localizar la procedencia del ruido, y dedujo que era el sótano; los conductos de aire llevaban el sonido a través de la casa. Terminó de comer y bajó las escaleras.

Sólo había llegado a la mitad cuando se dio cuenta de la cantidad de cosas que Narcissa se había traído de la Mansión. Había un caminito visible entre las cajas y, por encima de ellas, veía sillas y mesas.

—Narcissa, esto es más que velas y candelabros. Has traído muebles, y Merlín sabe qué más. ¿Merece la pena buscar la ira de Lucius?

Narcissa alzó la vista; Harry tuvo que evitar sonreír cuando vio su moño despeinado y un rastro de mugre en su nariz.

—Éstas son mis pertenencias, las que heredé de mi familia y algunas que compré con mi propio dinero durante el matrimonio. Los documentos del divorcio establecen que todo esto es mío. Si Lucius desea discutir algo, entonces puede presentarse en el juzgado. Por cierto, mi nombre es ya oficialmente Narcissa Black.

Harry se rió por lo bajo; sabía cuál era la probabilidad de que Lucius apareciera en un juzgado.

—Necesito amueblar el piso, Harry. No he hecho nada malo. Pero ya basta de ese tema: se me ha dado a entender que formaste un vínculo con mi hijo. Me satisface saberlo. Mi corazón se rompía ante la idea de que quedara reducido a un fantasma cuando nos dejara.

Harry atrajo una fuerte silla de madera, preguntándose si había entendido eso bien.

—¿Un fantasma? Draco no mencionó nada de un fantasma.

—Por supuesto, él no lo haría; no querría obligarte a nada por compasión. Pero sí, era una posibilidad. Los hombres lobo sin pareja están condenados a recorrer el mundo en busca de un compañero.

—¡Joder! —Narcissa le dirigió la mirada de reproche que sólo una madre podía dar—. Disculpa, Narcissa. Es sólo que me sorprende que no me lo contara después.

—Hmm, estoy seguro de que tenía otras cosas en mente.

—Entonces, ¿habló contigo después de que yo me durmiera?

—Sí, tuvimos una agradable conversación. Le dolía la cadera, así que le di una poción para aliviarlo, y alguna otra para ti. Hablando de pociones, Draco ha pedido que consigamos veneno para él y Lucius la noche de Navidad. Tendré que encargarlo en Pequeñas pociones; no tengo los ingredientes.

—¿Podemos confiar en la propietaria? Ya sabes que las apariencias engañan.

—Sí, Harry, creo que podemos. Arianna ha tenido una vida interesante, la conozco desde hace años.

Harry respiró hondo.

—Encarga tres frascos del veneno que tú opines que puede funcionar mejor, y otro de poción matalobos. Podemos comparar la calidad de la matalobos con las reservas que nos ha dejado Severus, y examinar el tercer frasco para saber qué se puede esperar dados los ingredientes.

Narcissa asintió.

—Aún piensas en la guerra, ¿verdad, Harry? Cubriendo cada detalle hasta el más mínimo. Haré lo que pides; es lo prudente.

Harry se sentía muy raro discutiendo la forma de la muerte de Draco y Lucius. Sabía que Narcissa había estado llorando anoche, pero hoy ya se había distanciado. Él no lo había hecho. Los recuerdos de la noche anterior se reproducían en su cabeza. Nunca había experimentado tal calma, y ya echaba de menos la sensación del roce de Draco.

—Hemos recibido una invitación oficial de la familia Weasley para ir a su fiesta de Halloween. He pensado que Plata debería venir con nosotros, para que se acostumbre a estar con otros. Eso va por ti también.

—Necesitaremos el collar y la protección para entonces —dijo Harry. Quería mucho a Fred y George, pero tenían demasiadas pertenencias sospechosas por la Madriguera. Ignoró el comentario velado respecto a su reciente antisociabilidad.

—Ya he recogido el collar, la correa y el medallón esta mañana. Están colgados en el vestíbulo. El medallón es un dragón dorado, y tendrá un brillo verde si hay veneno cerca. Plata debería sentir un pequeño cosquilleo. Los disfraces se están preparando.

Harry acarició con la mano el respaldo de la silla en la que estaba.

—¿No podemos ir sin disfraces? Me niego a ir vestido de ogro.

Narcissa levantó la nariz y empezó a abrir otra caja. Sacó un grotesco sujetavelas de cerámica que en opinión de Harry ningún mago no tenebroso habría soñado tener en casa. La gárgola casi parecía mirarle con odio.

—Iremos como los personajes de Caperucita Roja.

Harry se rió.

—Ya me imagino quién será el gran lobo malo, y Caperucita Roja, pero me niego a ser la abuela.

La gárgola ofensiva se deslizó entre los dedos de Narcissa con su distracción, y se hizo pedazos contra el suelo de cemento. Ella alzó la vista hacia Harry.

—¡Eso era de mi abuela!

—Perdón —dijo Harry, pensando que no era una gran pérdida. Narcissa le devolvió una sonrisa.

—Odiaba esa cosa. En cualquier caso, señor Potter, irá de cazador.

—¿Y yo no tengo poder de decisión?

Narcissa frunció el ceño.

—Dado que Plata viene con nosotros, era eso o Los tres cerditos.

—Ah.

 

*****

 

Harry ató el pequeño dragón dorado al collar de cuero. Sonrió al ver que la palabra ‘Plata’ se había grabado en la cinta. No estaba seguro de dónde estaba el lobo en ese momento, así que se arriesgó; si Draco quería que lo tratara más como a un canino, entonces lo haría. Se llevó dos dedos a la boca y dio un agudo silbido. Esperó un momento y pronto oyó el inconfundible sonido de cuatro patas bajando por las escaleras; había estado en la cuarta planta. Harry no tenía ni idea de qué habría podido estar haciendo ahí.

El lobo se detuvo bruscamente a sus pies. Harry se agachó y le enseñó el collar; los ojos plateados brillaron. Lo colocó en su cuello y, para el goce de Harry, Plata se quedó ahí con orgullo, alardeando.

—Te queda bien, Plata. El dragón se volverá verde, y notarás un cosquilleo si estás cerca de un veneno. ¿Lo entiendes? —La cola del lobo golpeó el suelo—. Bien. Ahora, ¿quieres dar un paseo hasta la tienda de mascotas? Podemos escoger un frisbee y otras cosas cuando estemos allí. —Después de otro golpe y de ver cómo se agitaba la cola, Harry le puso la cadena.

Abrió la puerta principal y salieron juntos al Londres muggle. Sabía que Plata atraería la atención, pues no había forma de esconder su condición de lobo pura sangre; sólo esperaba que Plata se portara igual de bien en la calle que dentro. Tuvo una repentina imagen de Plata de pie al lado de Voldemort durante las batallas. Estará bien, pensó. Estaba seguro de que habría sido castigado de haber desobedecido.

La nariz de Plata iba pegada al suelo, olisqueando conforme avanzaban. Arbustos, farolas y señales de tráfico quedaron marcados a su paso. Harry tiró de la correa un poco cuando hacía falta para hacerle saber que los coches aparcados no podían ponerse en la misma categoría. Su destino estaba sólo unos bloques más allá, pero se tomaron su tiempo para llegar. Harry sólo sintió orgullo cuando los niños miraron de lejos y luego se acercaron, para el horror de sus padres. Plata se quedó muy quieto y dejó que lo acariciaran. Harry charló con los lugareños, evitando hablar mucho de Plata. Dijo que lo habían herido y ya no podía sobrevivir en su hábitat salvaje.

Por fin llegaron a la tienda de mascotas. Harry leyó el cartel sobre la ventana que permitía la entrada a las mascotas de buen comportamiento. Abrió la puerta y ambos entraron. Dejó que Plata lo guiara mientras recorrían los pasillos buscando cualquier cosa que interesara al lobo. Tras treinta minutos, el mostrador estaba lleno de frisbees, pelotas de tenis, huesos de cuero crudo (con sabor a ternera) para mordisquear, orejas de cerdo, juguetes de plástico, y algunas bolsas de dulces para perros. Harry también cogió limadores de uñas, un peine, un cepillo, y un cepillo de dientes. El único pequeño incidente pasó al salir; Plata se levantó, puso las enormes patas sobre el mostrador y olisqueó un gato negro que dormía allí.

Al volver, Harry le quitó la correa y la colgó en un gancho junto a la puerta principal. Pensó que, en general, había ido excepcionalmente bien. Se agachó y felicitó a Plata por su buen comportamiento con unas caricias; recibió un lametón como respuesta.

—Hey, Harry. Hala, ¿dónde lo has conseguido? ¡Es precioso!

—Hola, Tonks, me alegro de verte —contestó Harry. Plata se alejó, seguramente para buscar su cuenco de agua. Harry pasó el brazo sobre los hombros de su auror favorita—. Siento lo de tu padre, y no haber podido ir al funeral. Es sólo que…

—Harry, lo entiendo, no hace falta ninguna explicación. La cena está lista, pero antes quiero saber cuándo te has pillado un lobo.

Harry caminó con ella hacia la cocina.

—Era de Voldemort. Severus me envió una nota antes de desaparecer, pidiéndome que lo rescatara.

Tonks se detuvo en mitad del camino.

—¿Ése es el lobo de Voldemort? Tiene un aspecto genial, pero, ¿por qué iba a querer el murciélago que lo salvaras?

Entraron a la cocina; Narcissa y Remus se estaban sentando.

—Te lo explicaré después de la cena.

—Cuidado —dijo Tonks, y se puso de puntillas para susurrarle al oído—: Lunático lleva toda la tarde bastante borde, y ha preguntado por ti.

Harry suspiró y tomó asiento. Vio a Plata comiendo en la esquina de la cocina, y echó un vistazo a Remus: parecía haber tenido una noche agitada. El estofado pasó alrededor de la mesa, junto a grandes rebanadas de pan recién hecho de grano grueso. La sala estaba demasiado silenciosa para el gusto de Harry. Agradeció que Tonks empezara a hablar.

—¿Habéis decidido ya de qué personajes de cuento de hadas iréis a la fiesta de los Weasley?

—Pregúntale a tu tía —murmuró Harry.

—El señor Potter será el cazador, y yo seré Caperucita Roja; Plata irá de sí mismo.

—Oh, eso será increíble. Remus y yo vamos de La Bella y la Bestia.

Harry intentó no reírse, pero sabía que le temblaban los hombros.

—Serás una Belle maravillosa —dijo Narcissa.

—Claro, pero no hemos decidido si Remus debería ser la Bestia o el príncipe.

—Nymphadora —dijo la grave voz, advirtiendo. Tonks miró a Harry y guiñó un ojo, y él correspondió el gesto.

—Buenos chupetones, Harry. No me había enterado de que tuviste compañía anoche.

Harry no estaba seguro de dónde venía el gruñido realmente, pero consiguió ponerle la piel de gallina. Se llevó las manos al cuello, y pensó en lo estúpido que había sido no curarlos esa mañana. Empezaba a pensar que algunas miradas que había recibido en la calle no habían sido sólo por Plata.

—No es asunto tuyo, Tonks —comentó Harry, en tono de broma.

—Harry, creo que deberíamos hablar después de la cena —dijo Remus, alzando su gran vaso de leche y bebiéndoselo de un trago.

No era una orden, pero estaba lo suficientemente cerca como para que Harry se diera cuenta de que Remus hablaba en serio, y que no había forma de escapar.

—Claro, sin problema. Creo que Tonks debería estar también: necesito contarle algunas cosas.

—Molly ha enviado algunas bolsas de semillas. Tal vez puedas plantarlas mañana, Harry.

—Claro, Narcissa. Apuesto a que tendré ayuda con la parte de hacer agujeros —añadió Harry, mirando a Plata tumbarse junto a su silla.

La cena siguió en silencio, y ahora Harry lo agradecía.

—¿La biblioteca, Remus? —preguntó cuando se levantó y llevó los platos al hondo lavadero. Remus asintió y Harry cogió una botella de cerveza muggle antes de dirigirse hacia allá. La cerveza era el único líquido muggle cuyo equivalente mágico le había parecido una basura. Plata intentó seguirlo; una vez llegaron al pasillo, Harry se agachó y le rascó tras las orejas—: Creo que es mejor que haga esto solo.

—Ggrrrrr.

Harry lo miró firmemente y negó con la cabeza.

—Te llamaré si te necesito. Ve a hacerle compañía a Narcissa, tal vez puedas robarle las madejas. —Harry se rió al ver a Plata arrugar el hocico y salir corriendo hacia la sala de estar.

Harry se acomodó en su silla favorita de la biblioteca. El mullido asiento había sido uno de los preferidos de Sirius. Harry encendió el fuego y subió la llama. Esta sala era donde solían planear estrategias. Aún podía visualizar a Hermione en el sofá, durmiendo con un montón de libros apilados sobre el regazo. Ron solía tirarse frente al fuego con un cuaderno, haciendo bocetos y tomando notas. Los echaba mucho de menos. Ahora la sala estaba en silencio, y sólo se oía a un retrato roncando. Era el tatarabuelo de Sirius, tocayo suyo.

Harry abrió la botella y tomó un sorbo rápido antes de que se abriera la puerta. Remus se sentó junto a Harry y Tonks se acomodó en el sofá frente a ellos.

—Bueno, Remus, ¿tienes algo que discutir conmigo? —dijo Harry con tono animado.

Remus estaba casi rígido; el único movimiento era el de su bigote.

—Harry, sé lo que pasó anoche, y no puedo llegar a comprender cómo has podido ser tan estúpido.

—Eh, Lunático —dijo Tonks, enderezándose—, ¿a ti qué más te da con quién está Harry?

—Er... Tonks, necesito contarte algunas cosas antes —contestó Harry—. Creo que sé hacia dónde va esta conversación, así que deja que te rellene algunas lagunas. Plata no es cualquier lobo. A tu primo, Draco Malfoy, lo mordió e hirió repetidamente Greyback, en forma humana.

—Ni de puta coña. ¿Plata es Draco?

Harry bebió algo más de líquido.

—Sí, pero se pone aún más interesante. —Se detuvo un momento al oír a Remus gruñir—. Plata se transforma durante la luna llena, y no en un hombre lobo, sino en Draco.

—Venga ya —soltó Tonks. Parecía divertida, pero luego su rostro cambió cuando unió todas las piezas del puzzle—. Coño, Harry, ¿te tiraste a Malfoy anoche?

—Oh, Nymphadora, hizo más que eso. En un alarde de inteligencia, se vinculó a él —escupió Remus.

Harry parpadeó varias veces al ver el pelo de Tonks pasar por una variedad de colores, para quedarse por fin en plateado. Era irónico, pero sabía que no le convenía reírse. Remus estaba cabreado.

—Hostia puta, Potter, ¿por qué has hecho eso?

Harry bajó la cerveza y los miró a ambos.

—Porque quería hacerlo, y realmente no creo que esto sea asunto de ninguno de los dos.

Remus fijó la vista en Harry, que volvió a centrarse en su cerveza cuando vio que los ojos de su amigo ya no eran de un marrón claro; había destellos de oro brillando en ellos.

—Puede que no, Harry, pero, ¿sabes lo que significa ese vínculo? ¿Te habló Draco de todo lo que implica?

—Me dijo que era de por vida, si es ahí adonde quieres llegar. Sin embargo, no será una vida larga. Verás, Remus, a Draco no le gusta ser un lobo; quiere suicidarse, y quiere hacerlo con estilo.

—¿Un Malfoy, matarse? Eso es difícil de creer —dijo Tonks. Harry le dirigió una mirada incrédula.

—Entiendo completamente por qué querría hacerlo. Tiene demasiado orgullo como para vivir así. —Miró rápidamente a Remus, para asegurarse de que no le había ofendido—. Dice que si fuera al revés, humano durante treinta días, podría aguantarlo. Quiere llevarse a Lucius consigo.

—¿Lucius? ¿Por qué iba a querer hacer eso? —preguntó Remus, calmándose un poco.

—Porque Voldemort lo envió a Europa para reclutar a más mortífagos. Lo mantuvieron oculto diciendo que Lucius había desertado y estaba escondido. Sin embargo, tras un tiempo dejó de contestar las llamadas de Voldemort. Draco también ha dicho que hay miembros encubiertos viviendo aquí. A Lucius le gustaría ser el próximo Señor Oscuro.

—Hostia puta —volvió a maldecir Tonks.

—Draco le ha pedido a Narcissa que organice una reunión con todos en la Mansión, la noche de Navidad, y luego los envenene a él y a Lucius —dijo Harry, y tomó un largo trago de la cerveza mientras esperaba su respuesta.

—¿Mencionó a Snape? —preguntó Remus.

—Sólo dijo que él y Severus estuvieron solos tres veces, y que Voldemort lo envió a buscar a Lucius y traerlo de vuelta. Sé que la misión que nosotros teníamos para él era también encontrar a Lucius. Me imagino que él lo encontró primero, y lo mató. Severus había estado trabajando en un antídoto para Draco.

—¡Coño! Vosotros dos hicisteis algo más que aparearos anoche —comentó Tonks en tono de broma. Harry se rió por lo bajo.

—Sí, lo hicimos. También me dijo que tú no estarías contento con todo esto, Remus.

El antiguo profesor negó con la cabeza.

—Sí, me imagino que lo sabía.

—Dijo que me considerabas un miembro de tu manada —murmuró Harry. No estaba seguro de cómo respondería Remus. Sabía que le faltaban conocimientos sobre el funcionamiento de una manada de lobos. Anoche, cuando Draco se lo contó, le pareció gracioso. Esta conversación estaba haciéndole cambiar de opinión.

—Eso es cierto, Harry, lo hago.

Harry se inclinó hacia él.

—Lo siento, Lunático, no lo sabía.

Los dedos de Remus tamborileaban sobre los respaldos de su silla. Harry lo reconoció como un estado de pensamiento intensivo, y esperó a que hablara.

—Harry, creo que ahora entiendo en parte por qué lo hiciste, pero realmente me parece que no lo has pillado.

—¿Pillar el qué?

—Harry —dijo Tonks suavemente—, ¿cómo te sentiste cuando él te tocó, después del vínculo?

Harry sonrió ampliamente.

—Me sentí tranquilo, por primera vez en mi vida. Relajado. —Tonks le devolvió la sonrisa.

—Cariño, yo me siento igual cuando Remus me toca, y por eso no solemos sentarnos juntos a menudo. Remus sabe que tengo que tener el control completo de mis sentidos, dada mi posición como auror.

Harry sacudió la cabeza.

—¿Qué? ¿Por qué importa eso?

—Porque, Harry, Remus es el dominante y, sólo con el contacto, me convierto en plastelina en sus manos. —Harry contuvo el carraspeo que le pedía su garganta. Así se había sentido anoche. ¿A Potter le gusta que le toqueteen?—. Verás, Harry, Remus podría tener mucho más control sobre lo que hago o digo, si quisiera.

Harry se pasó los dedos por el pelo.

—Mirad, Draco sólo será humano otras dos noches antes de morir. No creo que pueda conseguir mucho de mí. Además, parece que soy bastante resistente al control.

Remus rugió una risa profunda y desagradable.

—Maldita sea, Harry, tienes que entender en qué posición estás. Draco Malfoy te ha hecho en una sola noche lo que Voldemort y el Ministerio se han pasado años intentando. Puede influenciarte, por no decir controlarte por completo, y tú serás capaz de hacer muy poco al respecto. Sé que piensas que se te da bien juzgar a la gente, pero Harry, a mí también. Es un Slytherin, igual que Snape, Lucius, y Tom Ryddle, que no se te olvide.

Harry empezaba a cabrearse con todo aquello.

—Remus, ¿por qué insistes en sacar el nombre de Severus? Ve a la despensa, y la verás llena de la poción matalobos que hizo para ti. Nos ayudó a encontrar y destruir los horrocruxes, ¿qué coño quieres que haga para que creas en él?

Remus sacudió la cabeza.

—Sí, Harry, pero también sabemos que en otro tiempo fue un seguidor convencido. El Snape que yo conocí era un crío patético que jugaba con las artes oscuras, y creció hasta convertirse en un hombre que hacía lo mismo. Créeme, yo quiero que Snape sea bueno, quiero creer que Albus pidió que lo mataran, pero una parte de mí aún sospecha de él a día de hoy. Mi instinto de lobo notaba a Severus como amigo cuando lo veía interactuar con Albus. Sin embargo, cuando estuve ahí fuera con la manada de hombres lobo, lo vi con Voldemort y se registró como enemigo. Es imposible descifrarlo; ahora mismo, según sabemos, puede estar vivo, y él y Lucius podrían estar juntos haciendo planes para el futuro. Lucius tiene el poder ahora, así que Snape lo seguirá hasta que llegue un mago más poderoso.

—¿Y qué hay de mí? —preguntó Harry, completamente en serio—. Soy mágicamente más poderoso que Lucius.

—Sí, pero no en las artes oscuras, y también eres un mago muy joven y sin experiencia social ni política —dijo Remus llanamente, y no había insulto en su franqueza.

Harry suspiró.

—¿Por qué estás intentando destruir esto? Anoche fue la mejor noche de mi vida, y acabas de mancillarla. Lo has convertido en una trama maquiavélica. Tú no estabas ahí, Remus; no viste su cara, no oíste su voz, ni sentiste su necesidad. —Se detuvo y se terminó la cerveza, antes de continuar con la voz ronca—. Es como yo, un hombre joven atrapado en las contiendas de otra generación.

—Harry, no pretendo hacerte daño, es sólo que tú crees que hay bien en todo el mundo. Sé que hubo un tiempo en que odiabas tanto a Draco como a Snape, pero después, sin demasiada información, cambiaste de parecer. El amor no siempre lo conquista todo.

La botella marrón se hizo pedazos cuando se estrelló contra los viejos ladrillos de la chimenea.

—Entonces, ¿por qué coño tuve que superar a Voldemort, Remus? ¿Sólo para librarnos de un mago que se había echado a perder? No, lo hice para que pudiera llegar lo bueno, y para mí, eso llegó anoche.

Tonks se levantó y se acercó a Harry, se arrodilló a su lado, y lo abrazó.

—¿Sabes qué?, probablemente tienes razón. Tú sólo piensa en lo que ha dicho Remus pero, mientras tanto, disfruta la tranquilidad que esto te otorga. Es algo único.

Los ojos de Harry se humedecieron, y asintió.

—Por favor, no la toméis con Plata, él no es el gran lobo malo —susurró. Remus sonrió a medias.

—El lobo es inocente, Harry. No tengo nada contra Plata, es sólo Draco el que me preocupa. En realidad, me parece que Plata es una buena influencia para ti.

Harry le devolvió la sonrisa.

—Sí, es bueno para mí. —Harry dejó de hablar; un viejo recuerdo se había despertado, uno en que Remus le hablaba por primera vez de sus padres, de cómo su madre veía el bien en todo el mundo—. Tal vez te incomoda que me parezca más a mi madre que a mi padre —añadió Harry.

Remus cerró los ojos y respiró hondo. Harry sabía que él también se acordaba.

Tonks se levantó y volvió al sofá.

—Harry, una última pregunta. ¿Cuánto hace que sabes que eres gay?

—No es asunto tuyo, Tonks.

—¿Lo sabe alguien más? —preguntó Remus.

—Dios, ¿no vais a parar? —Harry se rió con disimulo—. Vale, si queréis la lista...: Ron, Hermione, Luna, Severus, Narcissa, obviamente Draco, y ahora vosotros dos. No me avergüenza; es sólo que aparte del tiempo que pasé entre los muggles, nunca he tenido muchas oportunidades de pensar siquiera en el sexo. Hubo unas cuantas brujas, así que por favor, no me digáis que estoy experimentando.

Tonks y Remus se rieron. Harry los miró a ambos, y luego se levantó.

—Me voy a mi cuarto. Tendré en cuenta lo que me habéis dicho. Por cierto, habrá un precioso artículo en El Profeta mañana por la mañana. Tal vez queráis leerlo. Draco lo escribió para mí anoche, después de que yo me durmiera —presumió Harry antes de salir de la habitación.




 

 

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Próximo capítulo: lunes 29 de noviembre.

Capítulo 7

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