Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 6 - Capítulo 8 - Ubicación original

 

DRACO (III)

 

Los dos se quedaron tumbados, en trance. Draco se había deslizado al exterior, y yacía a su lado, casi incoherente. Harry vio una gota de sangre deslizarse por su propio brazo y llegar a las sábanas de algodón blanco. Sabía que no pasaba nada, así que simplemente lo miró. Esta sangre era muy distinta al líquido rojo en el que había estado empapado hacía una semana. Esta gota era de un rico color rojo oscuro, y la encontró hermosa. Un dedo largo y delgado la limpió.

Harry echó un vistazo a su compañero de cama.

—¿Quieres un poco de agua? —murmuró.

—Sí, eso estaría bien —contestó Draco con voz ronca.

Harry se arrastró hasta el suelo y se dirigió tranquilamente hacia el baño. Abrió el grifo y dejó salir el agua fría. Se lavó la cara y se miró en el espejo. Tenía aspecto de recién follado, pero nada más allá de lo normal. Se giró a un lado para ver el mordisco superficial, y luego se miró los ojos. Sabía que habían cambiado. Cogió el vaso de agua y se lo bebió de un trago. Estaba muerto de sed, y sabía que Draco también. Sin embargo, antes quería limpiarse. El grifo pronto estuvo escupiendo agua humeante, y Harry se lavó mientras el semen de Draco bajaba por sus piernas. Se rió, limpiándose el pecho y el estómago con la toalla. Él también se había corrido, y no tenía ni idea de cuándo había pasado.

Volvió a la habitación con agua fría y una toalla limpia. Draco apenas se había movido. Una parte de Harry deseó que nunca lo hiciera. La sábana le cubría hasta la cadera, tenía el pelo recogido tras las orejas, y los ojos plateados brillaban. Harry le acercó el vaso. Draco hizo una mueca mientras se enderezaba para cogerlo; se lo tragó rápidamente, y Harry lo volvió a llenar con un hechizo sin varita y un guiño. Draco levantó una ceja, pero siguió bebiendo.

—¿Te encuentras bien?

—No, me duele la cadera.

Harry cogió el vaso vacío y lo dejó en la mesita. Levantó la sábana y se sentó con las piernas cruzadas junto al cuerpo extendido. Dejó la toalla caliente sobre el muslo de Draco, la subió hacia los rizos rubios empapados, y finalmente llegó a su miembro. Draco le dirigió una sonrisa para mostrar que apreciaba el gesto.

—A mí me parece normal —dijo Harry, burlón.

Draco miró hacia abajo, se sujetó el pene fláccido con una mano y le dio una rápida sacudida.

—También se siente normal. Gracias a Dios, era horrible estar medio duro todo el tiempo.

—¿Sabes? Tengo unos cuantos bálsamos reparadores, si quieres probarlos. —Draco negó con la cabeza.

—Estaré bien.

Harry enrolló la toalla y la tiró contra la pared; cayó dentro de una cesta vacía.

Draco estiró la mano y cubrió la nuca de Harry. Sus dedos juguetearon con las puntas del pelo negro antes de obligarlo a bajar, frotando la nariz contra la de Harry. El moreno no podía apartar la vista; los ojos de Draco se hundían en los suyos, y se cerraron lentamente cuando se besaron.

Draco soltó el agarre y Harry se enderezó, rompiendo el corto beso. Suspiró.

—¿Estás bien?

—No, sí, no sé —contestó Harry, sabiendo que sonaba estúpido.

Los ojos de Draco se llenaron de preocupación.

—¿Te he hecho daño? Siento el mordisco. Te juro que...

Harry sonrió; se acercó y puso un dedo sobre los labios de Draco.

—No estoy herido, sólo me siento diferente.

Draco puso su mano libre sobre su muslo.

—¿Diferente bueno o malo?

—Bueno. Me siento en calma, Draco. Nunca me he sentido en calma en toda mi vida.

Draco le dirigió una sonrisa tonta.

—Éxtasis post-orgásmico, Harry.

Harry le dio una palmada suave en la mejilla.

—No, idiota. Sé cómo es eso. Esto es algo más. Ha pasado algo, algo mágico.

Draco dejó que su pulgar recorriera la rodilla de Harry.

—Es el emparejamiento, Harry. Así es como lo sientes.

—¿Tú también lo notas? —preguntó Harry con tono esperanzado.

Draco sonrió.

—Sí, pero probablemente de manera distinta.

—¿Cómo es? —preguntó Harry, avanzando con los dedos hasta enredarlos en el pelo rubio que brillaba bajo la luz de la vela. Draco cogió su muñeca y llevó los dedos a sus labios.

—Satisfecho, y fuerte —dijo mientras besaba los dedos.

—¿Eso es diferente para ti?

Draco se rió por lo bajo, y Harry miró con incredulidad cómo un ligero rubor llegaba a sus mejillas.

—Sí, las dos cosas son nuevas. ¿Eso te sorprende?

—No, supongo que no. Todo el mundo tiene sus inseguridades. Es sólo que siempre te he visto como alguien seguro de sí, y fuerte.

—Todo fachada. ¿Me pasas la tarta, por favor? Me muero de hambre.

Harry se echó atrás y cogió el plato de tarta y un tenedor. Lo dejó sobre sus piernas cruzadas; cortó un trozo bien grande con el tenedor y lo sostuvo para los labios de Draco.

Draco abrió la boca y se lo comió. Harry se quedó mirando cómo la increíble expresión de éxtasis llegaba a su cara.

—Draco —dijo Harry, cortando otro trozo.

—Mmm.

—Cuando eres Plata, ¿qué sientes por mí?

Draco masticó el segundo trozo. Harry esperó pacientemente.

—No es un sentimiento humano, es difícil de explicar. Tengo pensamientos y recuerdos humanos, pero se mezclan con los instintos del lobo. Te quiero como parte de mi manada. Quiero protegerte y satisfacerte. A Plata le gusta que lo feliciten y lo acaricien.

—Ah.

—Y ¿qué sientes tú por Plata?

Harry le dio otro bocado.

—Me gusta, mucho. Me siento muy cómodo cuando está cerca. No sé si tu madre te lo ha dicho, pero yo no hablo mucho.

—¿En serio? —Draco se rió—. Creía que te gustaba charlar. Al menos, te pasas el día cascando cuando estás con Plata.

Harry también rió.

—Lo sé. Lo siento. No estoy acostumbrado a compartir mis sentimientos con la gente.

—¿Pero un lobo está bien?

—Un lobo es genial.

—Me parece que lo estás haciendo bastante bien ahora mismo.

El tenedor dividió un trozo especialmente grande. Harry lo apuñaló malvadamente y luego se lo comió. Draco agrandó los ojos.

—Ése tenía que ser mío.

Harry dejó que el chocolate se derritiera en su boca y saboreó cada ingrediente. Rara vez se daba esos caprichos.

La mano de Draco subió por su muslo. Harry le dirigió una sonrisa traviesa, pero negó con la cabeza. Draco también sonrió.

—Te entiendo, yo también estoy bastante hecho polvo. —Su mano volvió a la rodilla de Harry—. No nos confundes, ¿verdad? ¿A Plata y a mí?

Harry hizo una mueca.

—No, Draco, eso sería sencillamente perturbador. Pero creo que los dos me gustáis.

Draco se dejó caer en la cama y rugió de risa.

—¡Oh, Dios mío! ¡Le gusto a H.P.!

Harry volvió a dejar el plato en la mesilla y con un movimiento rápido se colocó encima de Draco, sosteniéndose sobre los codos.

—Me parece que la verdadera pregunta es ¿le gusta H.P. a D.M.?

Draco abrió las piernas, dejando que Harry se acomodara entre ellas, y luego rodeó la cintura de Harry con ellas y sus brazos con las manos para darles la vuelta con un movimiento elegante. Se inclinó y besó a Harry con fuerza. Éste abrió los labios, dejando entrar a la lengua dominante. Sintió que todo su cuerpo volvía a derretirse.

Draco pasó la lengua por la mejilla de Harry, hasta llegar a su oreja. Metió la punta y la giró un poco. Harry se estremeció. Draco llevó los labios justo hasta la entrada.

—A Draco Malfoy le atrae Harry Potter —susurró—. A Plata le gusta Harry Potter.

La respiración cálida le puso la piel de gallina. Dadas sus respuestas físicas al contacto con Draco, decidió que era bueno que Draco dijera lo que había dicho.
—Bien —susurró Harry.

Draco se sostuvo sobre los brazos extendidos. Echó un largo vistazo al cuerpo de Harry y se rió por lo bajo.

—Dios, Potter, ya estás duro otra vez. ¿Qué le ha pasado al cansancio?

Harry agarró las nalgas de Draco y lo atrajo hacia sí.

—Tenemos dieciocho años, Draco, y al parecer a mi cuerpo también le gustas.

Draco dobló los codos, dejándose caer.

—¿No estás dolorido? Yo no creo tener nada dentro con lo que eyacular.

Harry soltó una risa breve.

—Te he dejado seco, ¿eh? Yo tengo un mes para recuperarme... —dijo, levantando el culo y apretándolo un poco. Sabía que Draco estaba de broma, porque su cuerpo también empezaba a reaccionar. Observó con fascinación cómo sus párpados de bajaban y una expresión de éxtasis llegaba a su rostro cuando experimentó una verdadera erección—. Quiero que me folles como un mago.

Los ojos cerrados se abrieron de golpe, y su intensidad hizo que Harry se replanteara la petición. Sin decir una palabra, Draco se inclinó salvajemente y mordió el cuello de Harry. Seguramente aparecería un moretón pronto. Se apoyó en un brazo y con la mano libre acarició suavemente las nuevas cicatrices del torso. Harry se arqueó cuando una atención un tanto más agresiva se dirigió a sus pezones. Nunca tendría suficiente del toque de Draco.

—Joder, ¿qué me has hecho? —se quejó Harry, casi con frustración. Draco dejó ir el trozo de piel de su cuello del cual se había apropiado y se acercó a su oreja.

—Te he hecho mío.

Draco murmuró algo más mientras se apartaba; Harry no entendió qué era, pero entonces sintió la polla de Draco frotándose contra él: estaba lubricada, y él también.

Draco se puso de rodillas y cogió las piernas de Harry. Juntos las llevaron hasta los hombros de aquel. El moreno miró directamente los brillantes ojos plateados, sin parpadear; la mirada de Draco no se apartó mientras buscaba su propia polla, la presionaba contra la entrada expuesta ante él, y se detenía un momento.

—No me lo puedo creer —murmuró. Harry se mordió el interior de la mejilla; sabía en qué estaba pensando Draco.

—¿El qué, que tú y yo estemos haciendo esto?

—Sí —contestó Draco, y sus labios dibujaron una sonrisa que Harry nunca había visto antes. Era hermosa.

—Analiza más tarde, Draco.

El Slytherin se rió con ganas y entonces, sin avisar, se introdujo en el estrecho interior de Harry, que se arqueó como respuesta.

—¿Mejor? —chastised Draco.

—Lo será —contestó Harry entre respiraciones profundas, intentando obligarse a relajarse. Esto se parecía más a lo que recordaba de otras experiencias. Draco no intentó entrar más; parecía estar completamente bajo control mientras esperaba la señal de Harry para seguir adelante. Inclinó la cabeza a un lado para besar el interior de su rodilla. Éste no sabía por qué el pequeño gesto le hizo relajarse; tal vez porque era algo que haría un amante, no un compañero de aventura de una noche.

—Sigue. —Draco penetró de manera metódica, juzgando la reacción de Harry ante cada avance—. ¡Más! —ordenó cuando estuvo casi completamente dentro de él. Ya no dolía.

La sonrisa de Draco no se había ido, y Harry no pudo evitar devolverla. Lo estaban haciendo; ellos, Harry y Draco, estaban en la cama haciendo el amor. No creía que el momento pudiera ser más perfecto, pero entonces los dioses apartaron las nubes nocturnas y los rayos lunares entraron por la ventana, bañando a Draco en su luz.

—Magia —murmuró Harry, sin pensar.

—Magia —repitió Draco mientras las yemas de sus dedos apretaban las endurecidas nalgas, y empezaba poco a poco a embestir.

—Joder —dijo Harry suavemente. Estar uno frente al otro lo hacía mucho más real, hacía que sintiera a Draco como un mago, y la magia que fluía entre ellos—. ¡Dios! —gritó Harry con fuerza, rompiendo el ambiente de serenidad.

—La he encontrado —sonrió Draco traviesamente, revelando su satisfacción por llevar a Harry hasta ese punto. De pronto, la cara de Draco se convirtió en una máscara de dolor—. ¡Mierda! —gritó.

—¿La cadera? —preguntó Harry, haciendo una mueca de compasión por Draco. Éste se mordió el labio inferior y asintió.

Harry bajó las piernas y Draco salió fácilmente, pues su erección había desaparecido por completo.

—¡Coño! —escupió Draco. Harry se enderezó rápidamente y envolvió los brazos alrededor de un Draco muy decepcionado.

—No pasa nada —susurró en su oído.

Draco apoyó la frente en el hombro de Harry, que recorrió su espalda con los dedos, arañando con suavidad. Draco casi maulló ante la sensación. Sus propios dedos bajaron por los costados de Harry, acercándose a la polla aún erecta. La respiración de Harry se detuvo cuando los diez dedos empezaron a acariciar, siempre hacia arriba. La nariz de Draco se hundió en su pelo hasta que los labios encontraron su cuello, se abrieron, y mordió suavemente antes de volver a chupar.

El ritmo de los dedos y su presión aumentaron, y de repente había un agarre completo. Le habían hecho esto muchas veces, pero cuando el pulgar de Draco acarició el glande y subió por la punta, supo que nunca había sido tan dulce. No había prisa, sólo sencillas caricias de presión variada que se movían continuamente arriba y abajo.

—Dios, Draco, qué bueno.

Draco le mordió el cuello con más fuerza. Harry sintió las puntas de los caninos a punto de romperle la piel. No podía embestir con facilidad en las fuertes y despiadadas manos de Draco. No lo forzó, sino que dejó que el impulso fuera aumentando. Al final le sobrepasó, y el cálido semen salió por pulsaciones.

—Gracias —fue lo único que Harry consiguió murmurar. Draco dejó de morder y le dio al trozo de piel morada un último lametón.

—De nada. Ya te he dicho que cuidaría de ti.

Las palabras sorprendieron a Harry. Nadie cuidaba realmente de él. Sus amigos y pseudofamilia lo adoptaban, le daban consejos y lo querían, pero nadie llenaba el vacío que sólo un amante podía ocupar. Se dejó caer sobre la cama y recuperó la respiración.

Draco se tumbó a su lado. A Harry le llevó un momento darse cuenta de que Draco se estaba limpiando la mano con la lengua. Harry se rió en voz baja. Así que algunos rasgos lobunos. Alargó la mano y acercó el último trozo de tarta. Dejó el plato sobre las sábanas, entre ellos. Los ojos de Draco se iluminaron, y devoró rápidamente lo que quedaba. Harry volvió a dejar el plato en la mesa e hizo levitar las copas de brandy hacia ellos.

—Bueno, ¿hablamos?

Draco levantó una esquina de la boca.

—¿Tenemos que hacerlo? Preferiría no destruir este recuerdo con un intento de comunicarnos sentimientos de amor el uno al otro. —El colchón tembló ligeramente con la risa de Harry.

—Tanto hablar de lo romántico que dices ser… No, idiota, me refería a la guerra, la recuperación, cualquier cosa que necesitemos saber.

—Vale, bien. Le he dado a madre algo de información que puede compartir. Una parte son las últimas órdenes del Señor Oscuro a Sev. Lo enviaron a buscar a mi padre, que no contestaba los llamamientos. También hay unos cuantos compartimentos escondidos en la guarida del Señor Oscuro, igual que en la Mansión. Tengo curiosidad por saber cómo llegó mi madre aquí. Me ha dicho que la invitaste, pero no ha revelado muchos detalles.

Una sonrisa casi de niño pequeño inundó la cara de Harry.

—Fue en el viaje en tren de Hogwarts a Kings Cross cuando se me ocurrió la idea. Habían pasado sólo unas horas tras el funeral de Dumbledore, y yo estaba sentado solo en un vagón. Ron y Hermione se ocupaban de las últimas tareas como prefectos, y yo acababa de romper con Ginny. —Draco bajó la copa que tenía en los labios y fue a decir algo; Harry le puso el dedo en los labios—: Esa conversación, más tarde.

»En cualquier caso, yo estaba ahí solo mirando por la ventana, reproduciendo mentalmente los últimos días. Realmente era la primera vez que pude estar solo, sentarme y meditar. Me di cuenta de que nada tenía sentido. Snape podría haberme llevado con Voldemort esa noche, y yo sabía que Dumbledore confiaba en él. Y estabas tú. Sabía lo que significaba el hecho de que hubieras bajado la varita.

Draco tragó un gran sorbo de brandy.

—¿Tú estabas ahí?

—Sí, Draco, estaba ahí, bajo una capa de invisibilidad e inmovilizado. Me di cuenta de que lo que hiciste significaba sacrificar a tu familia. No podía, o más bien ni siquiera consideré, ayudar a tu padre; pero tu madre, si seguía viva… pensé que debía ofrecerle la protección de la que habló Dumbledore.

Draco volvió a hacer una mueca e intentó subir las mantas. Harry dejó sus copas a un lado y terminó el movimiento; los dos se pusieron cómodos bajo la cubierta.

—¿Por qué? Quiero decir que, de verdad, Harry, no me debías nada.

—No, pero sí se lo debía a Dumbledore, y también sé lo duro que es el mundo sin una madre. Sabía que creías haber tomado la decisión equivocada al unirte a Voldemort.

—No tuve elección —dijo Draco, llanamente.

—Sí, eso también me lo imaginaba, pero aun así eso no quería decir que, si hubieras podido elegir, hubieras tomado la decisión adecuada.

—Así que estabas intentando que tu bando fuera más atractivo utilizando a mi madre.

Harry gimió.

—No estaba utilizando a tu madre, Draco. De verdad quería protegerla; sin embargo, ése fue un efecto secundario útil. No funcionó, en cualquier caso: nadie sabía dónde estabas, ni te había vuelto a ver.

—Sí, fue una maravillosa etapa de mi vida —dijo Draco, sarcástico. Harry lo ignoró.

—Así que le escribí una nota a tu madre diciendo que, si quería protección, se encontrara conmigo en Kings Cross, disfrazada. Le dije que llevara un lirio blanco. Pedí a Dobby que se lo entregara personalmente en la Mansión.

—¿Dobby lo entregó? —preguntó Draco, sorprendido.

—Sí, Dobby. Sabía que ella lo reconocería, y posiblemente encontraría la conexión entre nosotros. Salí del tren, me despedí, y vi a mis parientes a lo lejos. Busqué a Narcissa por todas partes, pero no la vi. Sí que vi a los miembros de la Orden que venían a vigilarme. Estaba yendo hacia mis tíos cuando por fin la vi: estaba disfrazada de muggle, con un carrito lleno de baúles. —Draco sonrió.

»Sí, yo también me reí. La saludé con un gesto y les dije a los Dursley que tardaría unos minutos. No les gustó, pero no iban a decir nada con mis guardias tan cerca. Le hice un gesto a Hestia Jones y le dije que llamara a Remus y Tonks; llegaron en unos minutos. Les expliqué lo que había hecho, y que quería que trajeran a Narcissa a mi casa, a esta casa. No les gustó a ninguno, pero la casa era mía.

»Hablé con tu madre y le expliqué a dónde iba. Pareció apreciar que fuera una residencia Black. Le hablé un poco de las reglas y le dije que no volvería durante un tiempo. Tenía que quedarme en casa de mis tíos una temporada, por la protección de mi tía: es mi pariente más cercana.

Draco se quedó quieto un momento, procesando todo lo que Harry le decía. Éste había aprendido a leer las limitadas expresiones de Narcissa, pero aunque Draco compartía algunas de ellas, no lo conocía lo suficiente como para entender otras características de él. Ahora mismo, resoplaba por la nariz, y Harry no tenía ni idea de qué significaba eso.

—¿Mi madre estaba disfrazada de muggle? —habló finalmente—. Cuéntame eso.

Harry se rió por lo bajo. No era la pregunta que había estado esperando, pero entendía por qué Draco podría estar interesado en la anécdota.

—Llevaba vaqueros azules, una camiseta blanca más grande de la cuenta, el pelo suelto y unas gafas de sol. —Draco parpadeó con cada dato mencionado.

—¿Hiciste fotos? —preguntó, esperanzado. Harry se rió.

—No, pero me gustaría haberlo hecho. No la he vuelto a ver con el pelo suelto. Aparentaba unos veintipocos.

Draco sólo sacudió la cabeza.

—¿Qué hay de Severus? ¿Cómo llegasteis a trabajar juntos?

Harry cambió las piernas de posición bajo las mantas. Draco le agarró un muslo y pasó la pierna de Harry sobre las suyas; el Gryffindor encontró bastante reconfortantes las suaves caricias que empezó a recibir su pierna.

—Una vez volví aquí, tu madre y yo empezamos a hablar, aunque limitadamente. Durante los siguientes meses, me enteré del Juramento Inquebrantable bajo el que puso a Snape. Me fue difícil llegar a tomar la decisión que tomé, dado el trato que me había proporcionado el profesor Snape a lo largo de los años. Nunca me había gustado ese hombre, pero me di cuenta de que, como yo, estaba siguiendo un camino que ya había sido abierto para él. No era un cobarde, sino lo suficientemente valiente como para seguir adelante.

—Como tú —dijo Draco. Harry se ruborizó—. No seas tan humilde, Potter.

Harry casi se ahogó de la risa.

—Viniendo de ti, esa orden no tiene precio. En cualquier caso, al final le mandé un mensaje. Sólo le dije “ven a casa”. Lo envié con Hedwig, esperando que lo pudiera encontrar. Alrededor de una semana más tarde, él llegó aquí. Hablé, se burló, grité, gruñó, me enfurruñé, me menospreció… y al final llegamos a un acuerdo. Creo que conseguí puntos extra por haber protegido a tu madre. Tuve que aguantar un espantoso sermón sobre lo estúpido e imprudente que había sido hacerlo. Sabía que lo aprobaba. —Draco se rió, compadeciendo lo que Harry debía de haber pasado.

»Desde el principio pregunté por ti. Dijo que no sabía nada, ya que Voldemort te había cogido aquella noche y fue la última vez que te vio. Añadió que era mejor dar por hecho que estabas muerto. Tu madre no estaba de acuerdo con eso: nunca perdió la esperanza. En un momento dado, cuando alguien preguntó por ti en una reunión de la Orden, Snape dijo que ya no existías. Le pregunté qué había querido decir y me evitó. No volví a oírle mencionar tu nombre. —Harry se detuvo y se quitó el pelo de los ojos—. Entonces, ¿sabía lo tuyo y no me lo dijo? —preguntó, con un claro matiz de decepción.

Draco retiró la mano del muslo de Harry y la sacó de entre las mantas para apartar el pelo negro que había vuelto a caer sobre sus ojos.

—Sólo lo supo durante unos meses antes de desaparecer. Una vez me convertí en lobo y se me permitió salir de la celda, lo vi unas cuantas veces cuando lo llamaba el Señor Oscuro. No era tan estúpido como para tratar de llamar su atención, pero me alegró saber que seguía vivo. Mi cadera estaba empeorando, y el Señor Oscuro tuvo un momento de piedad y le pidió a Severus que me curara. Una vez estuvimos en privado, no le costó mucho descubrir quién era yo. Me dio pociones y me ayudó a mejorar. Sólo hubo tres visitas en las que pudimos hablar. En la primera me habló de la situación de mi madre. —Draco se acercó y le dio a Harry un beso rápido—. Fue la única buena noticia que recibí en todo ese tiempo, y sólo por eso, Harry, te lo agradezco. Tenía algo positivo en lo que pensar. Las otras dos veces que me trató, me habló de la investigación que estaba llevando a cabo sobre mi condición, y lo que podía esperar. También me dijo que estaba buscando un antídoto. He renunciado ya a esa esperanza —añadió solemnemente.

Harry levantó una mano y acarició la mejilla de Draco antes de acercarse más para besarlo.

—No te vayas —murmuró cuando sus labios se encontraron. Draco se acercó aún más, hasta que estuvieron piel contra piel.

—Tengo que hacerlo —respondió entre besos. Harry suspiró y dejó de responder al contacto. Draco le levantó la barbilla con los dedos—. Por increíble que haya sido esta noche, que debo admitir ha sido probablemente la mejor de mi vida, no es suficiente. No puedo vivir como un animal.

Harry asintió.

—Yo tampoco podría. Ni siquiera sé cómo lo hace Remus una vez al mes. —Draco hizo un sonido que a Harry le pareció se acercaba a un gruñido—. Ya lo sé, Plata es un lobo, no un hombre lobo… —Se detuvo al ver que sus palabras no parecían ayudar, y vio cómo Draco respiraba hondo para tranquilizarse—. Sólo quería decir…

—Sé lo que querías decir, pero él sólo tiene que ser así un día. Creo que casi podría aguantar eso.

—¿Por qué esa reacción?

—Es territorial. Como he dicho, hay algunos instintos lobunos que siguen intactos. Has sacado el nombre de Remus a la luz unas cuantas veces. Esta vez ha sido más intenso porque lo has mencionado con el concepto de ser un hombre lobo. No le gustará lo de esta noche. Te considera parte de su manada.

Harry se contuvo de reír, algo que le llevó bastante esfuerzo. Tragó saliva antes de responder.

—A Remus no parecía importarle que Plata me eligiera.

Draco resopló.

—Potter, ¿por casualidad le has dicho que Plata se convierte en humano? ¿Le has dicho que soy gay? ¿Y que tú eres gay?

Harry negó con la cabeza.

—Sabe que te transformas, fue el primero que lo preguntó. Pero no, no le he hablado de lo demás.

—Bueno, entonces prepárate. Tendrá una respuesta.

—Sólo prométeme que si empezáis una competición de meados, lo haréis fuera. No quiero mis muebles marcados.

Draco le dirigió una mirada asesina, pero Harry sabía que le había parecido gracioso. Aún tenían algunos asuntos serios por discutir, especialmente dado el deseo de Navidad de Draco.

—Draco, quiero tu permiso para contárselo todo a Tonks, Ron y Hermione. —Los ojos de Draco centellearon, pero Harry continuó—: Tonks es la hembra de Remus, según lo verías tú. Ron y Hermione, como sabes, han sido mis amigos todo este tiempo. Los necesitaré cuando llegue la Navidad. Intento no guardarles secretos, y cuando me lo propongo, Hermione los descubre de todas maneras. —Draco no respondió, así que siguió hablando—: Necesitaré su ayuda para asegurarme de que puedes estar en la Mansión y no haya problemas por parte del Ministerio ni de la Orden. La vigilan constantemente. También hará falta algo de planificación para que tu madre no se vea implicada.

Draco se dio la vuelta; parecía estar en trance, mirando la sombra proyectada del dragón. El pequeño monstruito había despertado y se estaba estirando.

—Puedes hacerlo. Y si te cruzas con Zabini, también puedes contárselo, pero a nadie más. Es imperativo que esto siga siendo un secreto. No quiero que mi padre lo descubra.

—¿Tanto ha cambiado?

Draco se dio la vuelta, casi intentando leer la mente de Harry, y luego negó con la cabeza.

—No, no ha cambiado. Yo sí lo he hecho, y sé que él nunca lo hará.

Harry le devolvió la mirada, intentando hacer lo mismo. Por malvado que fuera un padre, ¿realmente su hijo podría matarlo? No sabía cómo preguntar si Draco podría hacer eso, dado que no consiguió matar a Dumbledore.

La expresión del Gryffindor era fácil de leer. Draco sabía que no lo entendía.

—No digo estas cosas a la ligera. Quiero a mi padre, y ya sabes que lo he idolatrado la mitad de mi vida, pero esto es algo de lo que mi familia tiene que ocuparse. Como el heredero Malfoy, es mi responsabilidad que el nombre no caiga en más desgracia de lo que ya está. Incluso si la línea hereditaria termina con mi muerte, la historia será escrita. Ahora mismo, la comunidad cree que mi padre es un desertor. Preferiría que ése fuera el último capítulo.

—Pero, Draco, ¿por qué no se lo dejas a los aurores? Y coño, si nos ponemos con esas, yo puedo hacerlo. Me he pasado el último año entrenando, planeando la batalla contra otros mortífagos.

Las sábanas saltaron volando.

—¡Maldito seas, Potter! —Gritó Draco—. ¡Mírate! Ya has hecho suficiente. Éste es mi problema; si fracaso, puedes quedártelo, pero necesito la oportunidad de hacer mi papel, por todo el mal que he causado. Prométeme que me ayudarás, pero no interferirás. Y ahora hablemos de otra cosa.

Harry se enderezó y volvió a colocar las sábanas en su sitio.

—Te lo prometo, Draco. ¿Puedes contarme lo que has hecho a lo largo de este año?

Draco resopló.

—Poco más que escuchar al Señor Oscuro filosofando. Me utilizaba como su caja de resonancia personal. Era como estar sentado en la clase de Binns la mayor parte del tiempo… excepto cuando se cabreaba; entonces se divertía hechizándome.

Harry suspiró.

—Lo siento, supongo que estoy haciendo lo mismo con Plata.

Draco se inclinó y besó la frente de Harry.

—No seas tonto, no te pareces a él en nada. Y ahora, ¿me cuentas cómo te ha ido a ti?

—¡No! —contestó Harry instintivamente—. No estoy preparado.

Draco llevó la mano sobre Harry, hasta su hombro, y movió los dedos por su costado.

—Lo entiendo. —El contacto de sus dedos relajó la tensión momentánea.

—Tal vez la próxima vez —murmuró Harry.

—Tal vez podrías contárselo a Plata, cuando estés listo —sugirió Draco, y besó a Harry suavemente.

—No querría aburrirlo —contestó Harry, bostezando ampliamente.

—¿Cansado?

—Sí, pero no quiero perder el tiempo.

Draco se giró con cuidado y movió a Harry, utilizando su hombro y pecho como almohada. Harry sintió un escalofrío mientras las manos de Draco seguían acariciándole la espalda.

—Otra vez no, Potter —dijo Draco, burlón. Harry rió por lo bajo e inclinó la cabeza para mirarlo.

—No, es sólo que cuando me tocas, siento un cosquilleo, y mis músculos se relajan.

Draco elevó una ceja.

—¿A Potter le gusta que le toqueteen?

Harry sacó la lengua.

—¿Te sientes tú igual?

—No, es más como un tirón: me siento completo. Es agradable. Cuando soy Plata, en cambio, tus caricias me relajan.

Harry volvió a bostezar.

—¿Hay algo más que pueda hacer por Plata?

Draco bajó los párpados. Harry se dio cuenta de lo largas y gruesas que eran sus pestañas. El rostro anguloso tenía mucho mejor aspecto cuando estaba relajado. Era verdaderamente hermoso.

—Deseo que se me llame Plata en todo momento. La única excepción será mi madre cuando estemos solos, y tú, cuando sea necesario que yo, Draco, entienda algo o responda. También me gustaría hacer algunas cosas típicas de perros, una vez mi cadera esté mejor. Ahora mismo, un paseo diario sería genial. Tal vez tú y Plata podríais jugar con un frisbee o una pelota. Plata es algo más que yo con piel de peluche, también tiene necesidades.

—¿Eso significa que quieres los huesos de la sopa de Molly?

La respuesta fue un falso gruñido.

—No, Plata no come huesos cocinados. Y ahora a dormir, Harry. Yo también estoy agotado. Si me quedo despierto, me dará tiempo a organizar mis pensamientos humanos.

La mano de Harry se quedó sobre el pecho de Draco, notando el constante latido de su corazón. Bajó los párpados. Era agradable que lo sujetaran mientras el sueño lo invadía.



 


 

 

 

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Capítulo 6

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