Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 5 - Capítulo 7 - Ubicación original

 

DRACO (II)

 

Draco soltó las manos de Harry y se volvió hacia la mesa para poner el brandy y las copas en la bandeja, junto a la tarta.

—¿Te importa si subo esto? Me niego a permitir que el chocolate se desperdicie.

Harry rió mientras Draco recogía la bandeja.

—Claro, Draco, pero dime, ¿cuándo te has vuelto tan condenadamente alto?

—No tengo ni idea, Potter, sólo sé que el lobo se hizo más grande a lo largo del año pasado, y yo también.

—Espera. —Harry puso las manos sobre las caderas de Draco, y los apareció en su habitación.

—¡Mierda! Potter, tienes suerte de que no se me haya caído la bandeja.

—Sólo estaba comprobando si aterrizabas de pie —bromeó Harry, dirigiéndose a su mesita de noche para coger la varita. Murmuró unos cuantos encantamientos silenciadores y de privacidad.

—Soy un lobo, no un puto gato —murmuró Draco, dejando la bandeja en la otra mesita y mirando la varita casi con reverencia. A Harry no le pasó desapercibido el detalle.

—Tendrás una la próxima vez. La tienda estaba cerrada cuando fui yo, pero tu madre encargará una nueva para ti.

—¿Bigote de dragón? —preguntó Draco sin mucho entusiasmo.

—Si ése es el núcleo que quieres, se lo diré a Narcisa. ¿Quieres usar la mía ahora mismo? —preguntó Harry, ofreciéndosela por encima de la cama. Draco abrió mucho los ojos.

—¿Lo dices en serio? No puedo creerme que me dejes tocarla siquiera.

Harry se rió por lo bajo y le lanzó el objeto a Draco.

—Si tienes suerte, puede que te deje tocar la otra.

Draco atrapó la varita en el aire.

—Muy listo, Potter, pero tendremos que hablar antes de que eso ocurra. —Draco sujetó la varita (madera de acebo, once pulgadas) sobre la palma de su mano.

—Adelante, pruébala —lo animó Harry, rodeando la cama para detenerse al lado del rubio. Draco cerró la mano derecha con fuerza alrededor de la madera.

—¿La usaste para matarlo? Al Señor Oscuro.

—Sí, junto a otros objetos. Hubo bastante sangre. Si no te importa, preferiría no hablar de eso ahora.

—Comprendido —dijo Draco, y luego agitó la varita—: En argent rosier. —Una rosa de color plateado, con tintes lilas, apareció en su mano izquierda—. Para ti —dijo, devolviendo la rosa y la varita a Harry.

Éste se la llevó a la nariz, inhalando el aroma. Nadie le había ofrecido nunca un gesto de amabilidad tan sencillo. Se preguntó si Draco comprendía la ironía de hacer aparecer algo tan bello con una varita que había asesinado. Algo dentro de él le dijo que sí; Draco entendía perfectamente lo que había hecho.

—¿La vela es nueva? —preguntó Draco.

—Un regalo de tu madre. ¿Sabes lo de la tienda?

Draco se sentó en la cama, colocando la mano sobre el lugar donde Plata pasaba las noches.

—Sí, estoy muy orgulloso de su decisión. Me gustaría verla. Tal vez sea conveniente buscar un collar y una cadena esta semana.

Harry cogió un vaso de agua del baño y colocó la rosa en él. Estaba nervioso, y estaba seguro de que Draco también lo estaba. La pasión estaba ahí, en la habitación; casi podía saborearla, pero no sabía bien cómo empezar. Se sentó en la cama junto a Draco. Levantó la mano y rozó con los dedos el cuello de Draco.

—Ya he escogido uno de cuero.

Draco agarró la muñeca de Harry y se llevó los dedos a sus labios. Besó pacientemente la yema de cada uno. De nuevo, Harry sintió una chispa de magia cuando cada dedo recibió el suyo.

—Muerdo, ¿sabes? Mi padre tiene una preciosa cicatriz en la pantorrilla —dijo Draco, dejando la mano de Harry sobre su propio muslo. Harry se rió por lo bajo.

—¿Es eso lo que querías discutir? ¿Que muerdes?

Draco se dejó caer sobre la cama.

—Sí, y otras cosas también. —Tiró del brazo de Harry—. Ven aquí, túmbate a mi lado.

Harry obedeció y los dos se pusieron de lado, mirándose el uno al otro. Draco se inclinó, y sus labios tocaron apenas los de Harry, que volvió a trazar su contorno con la lengua antes de buscar más. Seguramente duró sólo un minuto, pero Harry se sentía como si el tiempo se hubiera detenido. La calidez y la pasión salían a borbotones de Draco, y lo único en lo que podía pensar Harry era en la magia. Esto era lo que la magia podía hacer. Draco llevó una mano a la cara de Harry, acariciándola muy suavemente. Harry dejó su mano libre sobre la cadera de Draco y dejó que sus dedos se pasearan.

Oyó el gruñido salir de la garganta de Draco, y se lo tragó hasta llevarlo a la suya propia. Draco se apartó al instante. Harry abrió los ojos, sorprendido al ver otros casi salvajes que le devolvían la mirada. Draco respiró hondo y tragó saliva.

—Necesito decirte, Harry, que la primera vez que tengamos sexo, no se parecerá a nada que hayas experimentado antes.

—Un poco prepotente, ¿no, Malfoy? —preguntó Harry, burlón.

Draco le dirigió una falsa mueca de desprecio.

—Severus investigó un poco sobre mi condición y descubrió a otros dos magos a los que les había pasado. Bueno, sólo hay dos que hayan sido documentados. En cualquier caso, la primera vez es un apareamiento animal verdadero. Estaremos enlazados, así que necesito saber si eres sensible después de correrte. ¿Puedes aguantar que te follen después?

Harry tosió, se enderezó, y buscó su copa de brandy. Sabía que se estaba ruborizando pero, joder, nunca había discutido algo tan personal con nadie.

—Lo siento, Draco, no estoy seguro de entender lo que quieres decir sobre el apareamiento. Respecto a lo otro, sólo he sido el pasivo dos veces antes.

—¿Puedes pasarme el brandy? —preguntó Draco. Harry lo hizo y luego volvió a tumbarse junto a Draco—. Así que alfa y alfa… esto podría no funcionar.

Harry sonrió ampliamente.

—No he dicho que no me gustara. La mayoría de tíos sencillamente asumían que yo querría estar encima. Sí que lo disfruté, y no he notado ningún problema de sensibilidad. Y ahora, ¿me puedes explicar qué es lo que te preocupa?

Harry entró en una especie de trance cuando Draco lamió una gota de brandy que se deslizaba por el exterior del vidrio.

—Harry, deja que sujete tu copa, y luego quiero que me toques, que me cojas la polla, y me digas cómo está.

Harry se alegró de que su valor no hubiera desaparecido con Voldemort, y le pasó a Draco la copa. Bajó la mano y cubrió la parte exterior de sus vaqueros.

—Tienes una semierección.

Draco asintió y le devolvió su vaso.

—Siempre estoy así, hasta después del primer apareamiento. Es una característica lobuna, como los dientes y las pupilas dilatadas. Todos los lupinos están siempre semierectos; no tienen una erección completa hasta estar dentro. Habrá un flujo de sangre hacia abajo, y nos vinculará. No podré dejarte ir hasta que haya terminado.

—Continúa —dijo Harry, tomando otro sorbo.

—Pueden ser unos veinte minutos.

—¡Hostia puta! ¿Y qué pasa después?

Draco sonrió.

—Bueno, en teoría, después mi polla vuelve a ser la de siempre, cosa que espero con impaciencia. Oh, y puede que te muerda. No tienes que preocuparte por ningún efecto que pueda tener, sin embargo. Hace falta mucho más que un mordisco para llegar a mi estado.

Harry se rió suavemente.

—¿Sabes, Draco? Damos bastante pena. Los dos tenemos dieciocho años, pero yo tengo cicatrices hasta en el alma y tú tienes unos cuantos problemas lupinos. Empiezo a pensar que nuestro sitio está con el otro.

Draco se rió también.

—Tú no eres el único con cicatrices; mi brazo izquierdo no es muy atractivo. Deja que te lo enseñe —Draco se enderezó, dejó la bebida en la mesita y recogió la de Harry para hacer lo mismo. Luego subió las mangas de su jersey y su camisa.

Las cicatrices no asustaron a Harry, pero sí que se sorprendió con otra cosa.

—Draco, ¿dónde está tu marca?

Draco lo miró sin comprender.

—¿Mi marca…? Ah, joder. Creías que tenía una marca tenebrosa. Mierda, Harry, nunca me han marcado.

—Pero… pero, Draco, se la enseñaste a Borgin aquel día que le preguntaste por el armario evanescente, y Madam Malkin te pinchó con el alfiler. Y joder, en la Torre de Astronomía no podía entrar nadie que no tuviera la marca.

Draco se levantó y se dirigió a la ventana. Abrió las cortinas; la luna empezaba a hacerse más pequeña y más blanca.

—Potter, ni siquiera quiero saber cómo sabías lo de Borgin y Burges, pero le enseñé el primer arañazo que me hizo Greyback. Por eso me dolía el brazo. Voldemort lo utilizaba como una amenaza. Decía que la siguiente vez que Greyback lo hiciera, estaría en forma lobuna. Agradezco que eso no pasara nunca. Sin embargo, con lo de la Torre, recuerda bien. Pusieron la barrera después de que yo llegara a la torre. Ya la habían retirado cuando bajé. No, Harry, nunca me han marcado.

—Hostia, sólo pensé que…

—Sólo pensaste que yo era un mortífago más —dijo Draco, sarcásticamente.

Harry se levantó de un salto y se acercó a Draco. Le puso las manos sobre el pecho.

—Draco, basta de hablar por ahora. No quiero resucitar el pasado. Es lo que es: pasado. —Se giró hacia la chimenea y, tras unos segundos, un fuego crepitó. Miró a Draco, que le dirigía una mirada de apreciación—. Vamos, Malfoy. Voy a enseñarte mis cicatrices, ya que tú me has mostrado las tuyas —dijo Harry, y luego se quitó la camisa y el jersey.

Draco mantuvo el equilibrio apoyando una mano en el marco de la ventana.

—Dios mío, Harry, ¿cómo demonios sobreviviste a eso? ¿Cómo puedes siquiera hacerlo? —Su madre le había comentado que las cicatrices eran feas cuando habían estado hablando abajo, pero debería haber sabido que serían terroríficas por el simple hecho de que ella las mencionara. Las tres marcas largas y profundas sobre los abdominales de Harry mostraban que habían intentado destriparlo, y la del pecho estaba cerca del corazón. Instintivamente levantó una mano y trazó cada una con los dedos. Sus yemas largas y delgadas hicieron todo el recorrido, y luego Harry se encontró envuelto en los brazos de Draco. Esta vez no le dolió el abrazo; la tensión se desvaneció, y se derritió contra el contacto. Draco le hundió la nariz cerca de la oreja, susurrando—: Lo siento muchísimo, Potter.

Harry apoyó la cabeza en el pecho de Draco y escuchó los latidos de su corazón. Los poderosos brazos del rubio lo sujetaron con más fuerza. Sus manos recorrieron la espalda de Harry, que levantó la vista para ver los ojos de Plata mirándole fijamente.

—¿Aún me deseas? —susurró Harry.

Draco bajó la cabeza.

—Más que nunca —contestó, y empezó a besar a Harry por toda la cara. Lo empujó hacia la cama y le animó a tumbarse. Se arrodilló en el suelo sin siquiera romper el beso; ya iba por los hombros, casi llegando a la cicatriz del pecho. Sus manos buscaron el botón de los pantalones, y desabrochó la cremallera habilidosamente. Sin decir una palabra, Harry levantó el culo mientras Draco bajaba la ofensiva tela. Los zapatos y los calcetines quedaron apartados, y los pantalones y calzoncillos desaparecieron. Draco se echó atrás un momento y admiró al completamente desnudo Harry—. Gracias a Merlín que nunca te vi desnudo en la escuela, o me habría vuelto loco por ti entonces —dijo. Harry rió.

—Draco, no creo que nunca me hayas provocado una erección. De hecho, estoy seguro de que llegaste a matar unas cuantas.

Un dedo acalló los labios de Harry.

—Shhhh, no destroces mi fantasía —bromeó Draco. Sus dedos encontraron el camino hacia abajo, explorando el miembro de Harry. Paseó el pulgar sobre la cabeza húmeda que se asomaba entre el prepucio—. Hermoso —susurró, justo antes de inclinarse y metérsela en la boca.

—Dios —murmuró Harry entre los dientes apretados—. Hay magia aquí, la siento cada puta vez que me tocas.

Draco se detuvo y alzó la vista hacia Harry.

—¿Nunca habías estado con un mago? —Harry negó con la cabeza.

—Sólo algunas brujas. —Draco sonrió con complicidad y volvió a llenarse la boca con la polla de Harry.

El Gryffindor no había visto nada tan erótico como el largo pelo plateado que bajaba en cascada sobre su cuerpo mientras Draco le lamía la polla. Los largos lametones estaban interrumpidos por rápidas sacudidas de la punta, cada una más intensa que la anterior. Los brazos de Harry temblaban al aguantar el peso para mantenerse en la misma postura. Intentó controlarse para no embestir en la lasciva boca de Draco, pero se sobresaltó cuando sintió un ligero rasguño de los caninos alargados.

—Draco —jadeó Harry—, voy a correrme.

Draco continuó, envolviendo con la mano la parte baja y bombeando arriba y abajo, cada vez más fuerte y rápido, al tiempo que su boca chupaba la punta. El mundo de Harry se estrechó hasta abarcar únicamente esa sensación, y gritó cuando el orgasmo lo atravesó y se lanzó a la boca de Draco, que lo recibió todo con expresión hambrienta.

—Dios, Draco, para —suplicó Harry, llevando una mano al revuelo de pelo rubio que le cubría la entrepierna.

Lentamente, Draco se retiró, lamiendo las gotas que quedaban. Besó el estómago algo peludo de Harry antes de echarse atrás y sentarse sobre los talones.

—Joder, qué bien sabes —dijo, lamiéndose los labios.

Harry abrió los ojos como platos cuando vio la mirada del rubio.

—Draco, tus ojos... son diferentes, son casi dorados. —La sonrisa de Draco le iluminó toda la cara.

—Es parte del proceso de emparejamiento. El lobo acaba de reconocerte como su pareja potencial y, para mí y para él, sabes mejor que la tarta de chocolate y el brandy.

Harry le desordenó el pelo.

—¿Crees que podrías unirte a mí desnudo?

Draco se sentó sobre su trasero y empezó a quitarse las botas y los calcetines; el jersey y la camiseta fueron las siguientes víctimas. Harry se limitó a observar, admirado. El torso de Draco era delgado y musculado, y su piel era perfectamente lisa aparte del brazo izquierdo. No estaba seguro de que pudiera aguantar seguir mirando cuando Draco se levantó y se desabrochó los vaqueros, que cayeron a sus pies. Harry tragó saliva mirando las largas piernas nervudas; se mordió el labio esperando que los bóxers negros fueran los siguientes. Draco sonrió.

—¿Te gusta lo que ves? —Harry sólo asintió, incapaz de hacer salir más palabras de su boca. Draco se dejó los bóxers puestos y volvió a empujar a Harry sobre la cama. Se echó sobre él, atrapando su mano sobre la cama.

—Es todo para ti, si lo deseas —susurró, su rostro tan cerca del de Harry que las puntas del cabello rubio caían por las mejillas del moreno.

—Te deseo —contestó Harry sin respiración, mirando fijamente los ojos dorados. Draco se inclinó más. Harry notó la polla ligeramente erecta aún atrapada en los bóxers subir por su estómago.

—Bien, porque yo también te deseo a ti —dijo Draco. Se lamió los labios y luego bajó la lengua hacia la barbilla de Harry, y empezó a lamer el camino hasta su boca. Manteniendo el equilibrio con una mano, le quitó las gafas a Harry y las apartó a un lado.

Harry no sabía si esto era parte del ritual de apareamiento lobuno o la propia perversión de Draco, pero le estaba bañando la cara, el cuello y los hombros con la lengua. No le importaba realmente; nunca se había sentido tan apreciado. Su cuerpo se arqueó bajo el contacto de la lengua cuando ésta llegó a su pecho y rodeó sus pezones. Draco gruñó ante el movimiento y se apartó un momento, volviendo a las rodillas. Movió suavemente una mano entre las piernas de Harry y bajo su trasero, y la otra tras su espalda. Levantó a Harry con una fuerza que éste difícilmente podía comprender, y lo colocó sobre el centro de la cama. Por primera vez en su vida, Harry sintió una dominación ante la cual deseaba rendirse. Con la misma facilidad con que Draco lo había levantado, le dio la vuelta hasta dejarlo boca abajo.

Draco se colocó entre las piernas de Harry, y con manos fuertes le cogió de las caderas, levantándolas. Harry estaba preparado para que el primer dedo se introdujera en él, pero no para la invasión de algo más mojado y cálido. Al principio le sorprendió que Draco hiciera algo tan íntimo, pero pronto dejó de importarle y se limitó a disfrutar de la lengua de Draco penetrándole. Nadie le había prestado nunca tanta atención a sus necesidades, su placer, sus deseos. Encogió los dedos de los pies cuando la lengua se adentró aún más, y oyó los bajos gruñidos de placer que emitía Draco.

No tenía ni idea de cuándo se habían unido los dedos de Draco a su lengua, sólo fue consciente de algo diferente; más estimulación, más sensación de llenado, más apertura a otras intrusiones.

Harry abrió la boca para decir algo, pero las palabras se le escaparon; casi se avergonzó cuando empezó a jadear y gemir, mientras los dedos avanzaban. La retirada repentina parecía casi deliberada. Tenía el culo empapado y el aire frío le hizo temblar, antes de que el cuerpo largo y delgado de Draco lo volviera a cubrir. En algún momento, se había quitado los bóxers. Harry se regodeó en el contacto de la parte baja de su espalda con el miembro de Draco.

—¿Estás bien? —susurró Draco cerca de su oreja. Harry volvió la cabeza hacia un lado y asintió—. Ahora voy a emparejarme contigo —dijo, directamente en su oído esta vez. Harry intentó mirar su rostro. El pelo plateado escondía la visión.

—Vale —contestó Harry, casi inaudible.

—Ug, qué romántico, Potter.

Harry se rió por lo bajo.

—Nunca dije que lo fuera.

Cerró los ojos cuando sintió a Draco alejarse un poco, y su mano bajar por su espalda, hasta el culo. De alguna forma, Draco ya estaba lubricado; un gemido escapó de sus labios cuando pasó el pene entre sus nalgas.

—Podría convertirte en uno, ¿sabes? —Harry frunció el ceño.

—¿En un qué?

—Un romántico —contestó Draco. Harry dejó de respirar cuando, sin aviso previo, la cabeza de la polla de Draco lo penetró. Fue muy distinto a cualquier cosa que hubiese experimentado antes. Draco casi se deslizó en su interior; era al mismo tiempo duro y suave, y no hubo dolor. Draco le besó el omóplato con suavidad, y sus labios subieron hacia el cuello de Harry—. Te enamorarías de mí —dijo la dulce voz, y Harry sintió más de Draco dentro de él.

El corazón de Harry se detuvo. Esto no era lo que había esperado. Jamás se habría imaginado a Draco como un amante tierno.

—Tal vez ya lo haya hecho —dijo con una pequeña sonrisa; Draco se rió.

—No mientes muy bien, Harry.

El Gryffindor se mordió el labio inferior cuando Draco se movió sobre él, introduciéndose más. Draco colocó más peso sobre sus rodillas, levantando las caderas de Harry en el proceso. Dejó escapar un gruñido que Harry no supo identificar como de dolor o de placer. Sin embargo, estaba seguro de que esto iba a ser duro para la herida de Draco.

—¡Dios! —gritó Harry cuando Draco empezó a embestir, dentro y fuera.

—¿Te gusta?

Harry giró la cabeza hacia el otro lado de la almohada.

—Sí —siseó.

—Bien... oh, ¡joder! —chilló Draco.

—¡Hostia puta! —gritó Harry cuando un bultó entró en su ano, y sintió que las piernas de Draco temblaban. Harry sólo pudo jadear mientras se producía la expansión—. Dios mío, oh, Dios mío. —Su interior estaba siendo prolongado mientras la polla de Draco se hacía más larga y más dura. No estaba seguro de cuánto podría aguantar, hasta que de repente sintió que sus propios músculos se retorcían. Estaban vinculados. Harry no estaba seguro de cuál de los dos respiraba con más intensidad, si él o Draco.

—¿Bien? —jadeó Draco.

—Sí, creo que sí —dijo Harry, intentando recuperar el aliento. Realmente esperaba estarlo. Se encontraba al límite y lo sabía. Casi se rió en voz alta al pensar que Draco siempre lo llevaba al límite.

Las piernas de Draco seguían temblando, y de pronto Harry entendió que se estaba conteniendo. Harry sabía por qué: estaba buscando una garantía. Draco estaba preocupado de que esto fuera demasiado para Harry. El moreno respiró hondo y se colocó a cuatro patas.

Draco gimió. Harry giró la cabeza y le miró a los ojos dorados.

—Fóllame, Draco.

Los ojos del Slytherin llamearon. Harry sabía cómo provocarlo. Sólo tenía que soltar otro reto.

—Vamos, Draco, haz que me enamore de ti.

—Que te follen, Potter —soltó Draco, y luego dejó salir el instinto carnal.

Harry perdió la noción del tiempo y el espacio; sólo recordaba que en algún momento su cuerpo se relajó por completo y sus músculos se hicieron gelatina. Draco tenía el control completo de todos los movimientos. No fue romántico, fue puro sexo animal, y Harry supo que lo habían reclamado. El aroma y la magia de Draco lo protegían mientras éste le entregaba todo lo que tenía. En algún momento del proceso supo que le habían mordido el hombro y luego, sin previo aviso, su mundo se detuvo en seco y se rompió en pedazos con un único aullido de victoria.




 

 

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