Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 2 - Capítulo 4 - Ubicación original

 

PLATA

 

21 de octubre

Harry limpió el baño de las motas de pelo blanco y gotas sucias de agua que habían quedado sobre las paredes y el suelo. Miró su propia ropa llena de manchas y entró a la ducha. Estaba en su cuarto, vistiéndose, cuando escuchó un solo toque seguido de tres rápidos.

—Entra, Remus, ¿qué pasa? —preguntó, mientras se secaba el pelo, deseando un buen corte.

Remus cerró la puerta de la habitación tras él, caminó hacia la cama y se sentó rápidamente. Parecía asustado de que sus piernas no le respondieran, y miró hacia la ventana tras las cortinas para evitar ver los horribles cortes en el pecho de Harry.

—Hicimos una búsqueda a conciencia en las mazmorras. Encontramos los restos de un muggle, a Andromeda y a Ted Tonks. Andromeda todavía está viva, a duras penas; tuvimos que aplicar la eutanasia a Ted.

—¿Cómo lo lleva Tonks? —preguntó Harry, sin un atisbo de emoción. Estaba tan acostumbrado a la cuenta diaria de muertos y heridos, que ya apenas se inmutaba. Se puso una camiseta limpia y cogió sus calcetines y zapatillas, sentándose al lado de Remus.

—Está con su madre en San Mungo. Están preparando el cuerpo de su padre para el funeral. Está aguantando; esperaba encontrar a ambos muertos.

Harry puso un brazo alrededor de los hombros de Remus. La capa marrón que llevaba era demasiado delgada para el otoño.

—Lo siento, Remus —murmuró, con preocupación real.

Remus giró la cabeza y miró directamente al otro. A ninguno le quedaban más lágrimas que derramar.

—¿Algún documento, pistas…? —preguntó Harry, rompiendo la conexión. Retiró el brazo y se puso los calcetines blancos.

—No, por ahora nada. Las habitaciones privadas de Voldemort están fuertemente protegidas con hechizos y maldiciones. Incluso aunque esté muerto se mantienen intactas. Unos cuantos aurores han sido heridos, nada grave. ¿Y cómo está el lobo?

Harry se puso la zapatilla derecha y comenzó a hacer el nudo.

—Está con su madre. Lo he bañado y le he lavado los dientes. Se ha dado una vuelta por fuera y ha comido —agregó con una sonrisa.

Remus se rió por lo bajo.

—¿Está bien educado?

Harry sonrió y se puso el otro zapato.

—El lobo es Draco, Remus. Todavía tiene esa actitud de sangre pura, pero ahora gruñe para completarla. Su mordacidad sigue siendo la misma. Narcissa estaba un poco distante al principio, pero cuando me fui, le echó los brazos alrededor. Tiene buen aspecto cuando está limpio. —El chico se levantó y se abrochó los vaqueros—. Otra cosa: no quiere que la gente sepa quién es. Le preguntaré si está bien que se lo diga a Tonks, ya que ella andará bastante por aquí. Ahora me voy afuera a trabajar en el patio trasero. La bestia blanca parecía ofendida por su estado.

Remus se levantó.

—¿Harry, estás bien?

Harry se volvió bruscamente.

—No, Remus. No estoy bien. Lo maté como se esperaba, pero me duele el pecho como una jodida… he visto demasiado, hemos visto demasiado. Voy a ser egoísta y dejar que el Ministerio limpie los escombros, mientras yo hago jardinería. No me acuerdo de la última vez que hice algo tan mundano.

Remus sonrió a medias.

—Bien, hijo. Has hecho más que cualquiera, deja que ellos arreglen este desorden. Molly y Arthur deberían pasarse pronto. Se espera que Ron regrese en un par de días, se quiere quedar en Hogsmeade para ayudar a arreglar los comercios. Hermione y Ginny se le han unido, y también unos cuantos más de los que estaban en Hogwarts.

Harry se recostó al lado de la puerta y sonrió.

—Hermione vale mucho. Ron es un tipo con suerte. Ella y Hill se las apañaron genial con esas defensas. No quiero ni pensar qué habría pasado si Hogwarts no hubiese sido un refugio.

Remus se sentó en la cama, dejando que Harry dirigiera la conversación. Si el chico quería hablar, le escucharía. Harry no solía hacerlo.

—¿Sabías que Zabini rompió su neutralidad después de la muerte de Pansy? —Dijo Remus—. Reunió a los Slytherin que no querían pelear y los escondió en las mazmorras. Han estado viviendo ahí durante meses. Nadie lo sabía.

—¡No me digas! Joder, ¿cómo demonios lo hizo?

Remus arqueó una ceja.

—Armarios evanescentes.

La cabeza de Harry osciló de atrás a adelante.

—Creí que habían sido destruidos.

—No, sólo bloqueados. Zabini rompió el código.

Harry se mordió el labio y negó con la cabeza, con más suavidad esta vez.

—Bueno, que me jodan. Eso es jodidamente brillante. ¿Tenemos una lista de los que estaban ahí? Draco querrá saberlo.

Remus suspiró.

—Harry, ¿estás seguro de que Draco es de confianza? Ni siquiera sabes de qué lado estaba.

Harry rió.

—Draco está del lado de Draco, hasta donde yo sé, pero Severus dijo que salváramos al lobo. Si ése fue su último deseo, le haré honor.

—Echas de menos al viejo murciélago, ¿verdad? —dijo Remus. Su bigote se movió sólo un poco.

Harry se deslizó por la pared, sus rodillas doblándose.

—Sí, Remus. Sé que vosotros dos nunca os llevasteis bien, y estoy seguro de que ambos teníais buenas razones, pero esa pelea no era mía. El hombre estaba bajo dos Juramentos Inquebrantables, Albus confiaba en él y Narcissa también. No sé qué otra prueba de lealtad podría necesitar.

Remus se acarició el bigote grisáceo. Harry sabía que su amigo estaba estudiando cómo contestarle adecuadamente.

—Tienes razón, no era tu pelea. Dejémoslo en eso. Hay algo importante que tienes que preguntarle a Draco antes del viernes.

Harry suspiró.

—Dispara. —Sabía lo que estaba por venir: Remus quería información. No era que él no la quisiera, sólo que no era un buen momento. Draco necesitaba acomodarse para entender que Harry no lo iba a herir ni a utilizar.
Remus puso los ojos en blanco.

—Tú, jovencito, has pasado demasiado tiempo en las calles del Londres muggle.

Harry chasqueó los labios.

—Tú sólo dime qué es lo que quieres saber.

—Necesitamos saber si la luna llena lo afectará de alguna forma. La próxima luna llena es dentro de cinco días, y tenemos que saberlo. Tengo un buen cargamento de Poción Matalobos que me dejó Severus, pero no quiero envenenarlo. —Harry estiró las piernas y miró a Remus; ahora tenía toda su atención. No había pensado en la transformación.

—De hecho, Harry, si sale a la luz pública necesitará protección para cualquier tipo de poción. Como lobo, estará tentado de comer cosas que no debería comer. Si otros lo reconocen como el lobo de Voldemort, lo intentarán asesinar, al menos hasta que las cosas se calmen.

Harry se paró.

—Tienes razón, me haré cargo de eso y buscaré la manera de preguntarle sobre la transformación. Consígueme la lista de los Slytherin. Draco… mierda, necesita un nombre diferente. Llamarlo Draco en público puede ser bastante sospechoso. —

Abrió la puerta, dejando a Remus sentado en su cama, y bajó las escaleras silenciosamente.

Abrió con lentitud las puertas corredizas. Narcissa lo miró y se puso un dedo sobre los labios. Harry entró casi de puntillas y echó un vistazo al sofá. El lobo estaba estirado, su cabeza descansando en el regazo de su madre. Estaba roncando. Narcissa bajó la mano y metódicamente comenzó a acariciar el pelaje.

Harry dedicó a la mujer un guiño y una débil sonrisa. Salió para empezar la tarea de arreglar el jardín. Con la varita en mano, cortó los arbustos y suavizó las curvas. Podó los rosales hasta la base. Con unos cuantos y bien puestos hechizos, las hojas caídas quedaron apiladas junto a las ramas marchitas y las zarzas que amenazaban con ahogar las plantas de valor. Un señuelo de humo se elevó desde la pila. El olor le traía paz, como también el ver los retoños escondidos ahora floreciendo. Quitó el óxido de las sillas blancas y el moho de la fuente de gárgolas. Limpió a conciencia el jardín, dejando sólo lo fresco convertido en suciedad. Se preguntó si al lobo le gustaba escarbar. Tembló al pensar en qué tendrían escondido los Black.

—Retoños —dijo una voz serena.

Harry saltó.

—Ya casi se va a acabar el tiempo para plantar retoños de primavera —dijo Narcissa mientras observaba el jardín—. Y el acebo necesita forma. No se debe dejar que crezca en cualquier dirección.

Harry miró a la mujer que una vez había supervisado jardines espectaculares en su propia mansión.

—Yo trabajaré con los retoños, pero te dejo los árboles —respondió Harry mientras se acercaba a la fuente, viendo si podía conseguir que el agua brotara.

—Ésa es probablemente una decisión sabia, señor Potter. Por cierto, mi hijo desea ser llamado Plata.

Harry bajó la varita.

—Plata será.

Narcissa avanzó por el camino de piedras con musgo en los bordes hasta llegar junto a Harry. Levantó la varita y lanzó unos cuantos hechizos que él nunca había escuchado. La fuente se movió de atrás adelante, hasta asentarse de nuevo sobre su base, y comenzó a escupir agua llena de lodo. Unos cuantos hechizos más salieron de su varita, y un agua totalmente cristalina emanó. Harry puso un brazo alrededor de los hombros delgados de la mujer y le dio un apretón cariñoso.

Ella se recostó contra el hombre con cuidado. Sabía lo de su pecho, era ella a quien acudía cuando llegaba a casa. Ella había limpiado la sangre, escuchándolo llorar mientras las heridas malditas se cerraban, y lo escuchó llorar por su alma rota.

—Harry, quiero ir al mercado a comprar algunas cosas.

Harry la cogió con más suavidad.

—Ya conoces las reglas, Narcissa, tienes que ir bien cubierta y como máximo una hora. Cuando el exterior se haya calmado, las cosas cambiarán. Es sólo que no podría soportar perderte. —La sintió moverse, y entendió que el momento se había perdido, Narcissa no estaba muy acostumbrada a tales muestras de cariño tan Gryffindor—. ¿Dónde está Dr… Plata? —preguntó mientras ella se alejaba y empezaba a darle los toques finales a la fuente.

—Dormido. Creo que lo estará un buen rato. Atendí su pata infectada, el diente y otras heridas. Le dolerá unos cuantos días. Las patas traseras son algo complicado, me temo que le han pegado bastante; hay heridas nuevas y viejas. Su cadera se ha curado sola. Deduzco que en algún momento estuvo tomando una poción para ayudarlo a sanar, pero eso fue para una herida vieja. Para arreglarlo, necesitaremos volver a romper el hueso y dejar que sane apropiadamente. Plata se ha negado a hacerlo inmediatamente. Seguirá cojeando.

Harry vio el leve temblor del labio inferior de la mujer. Su corazón se rompió; eso era suficiente para que supiera lo mucho que Narcisa sufría. La tomó del brazo y la llevó a una silla cercana, donde ambos se sentaron. La mujer jugueteó con su bata mientras Harry alzaba la cara al cielo. Se sentía tan bien estar fuera, solamente sentado y dejando que los rayos del sol de otoño se deslizaran por su cara pálida. Había vivido en las sombras mucho tiempo.

—Sigue siendo hermoso, cojo o no —dijo el chico con suavidad, dejando que la brisa llevara sus palabras a la mujer a través del aire.

Narcissa clavó el tacón de su bota en el pedazo de musgo que quedaba.

—Quieres decir en forma de lobo, ¿no? Nunca le prestaste atención como humano.

Harry esperó, volviendo a repetir las palabras y tono en su cabeza. La mujer no lo estaba acusando, sólo establecía los hechos. Una bandada de cuervos aterrizó en el roble desnudo.

—Nunca lo conocí, al igual que él tampoco me conoció a mí. Creo que he echado un pequeño vistazo del verdadero Draco a través de ti. Pero, Narcissa, él siempre fue hermoso.

Narcissa levantó la nariz sólo un poco. Harry sabía que estaba contenta con su respuesta. La mujer se levantó.

—Bueno, señor Potter, debería empezar con los arbustos, y usted debería encontrarnos unos retoños.

Harry se secó los zapatos en la alfombra del porche trasero. Oía voces en el interior de la cocina; Molly y Arthur estaban ahí. Sabía que iban a pasarse por ahí antes de regresar a La Madriguera, ya que habían estado lejos los últimos seis meses.

Harry abrió la puerta y el olor de sidra caliente mezclada con humo de leña llegó a su nariz. Molly y Arthur se levantaron inmediatamente, la mujer caminó hasta donde estaba Harry, para darle un abrazo maternal y administrarle una regañina por dejar el campo de batalla sin decirle una palabra a nadie. Hizo una mueca de dolor y agradeció que la mujer no la hubiera visto, porque no quería herir sus sentimientos. Arthur le palmeó la espalda. Molly se alejó, pero lo mantuvo cogido por los brazos.

—¿Estás bien, Harry? Tienes buen aspecto, pero desapareciste tan rápido que no supimos qué pensar.

El chico sonrió y se agachó para besarla en las regordetas mejillas.

—Estoy bien. Sólo necesitaba estar solo. No me podía quedar, estaba cubierto de sangre, suya y mía, y quería quitármela de encima. Vine a esta casa y no he salido desde entonces. Aunque Narcissa quiere unos brotes de primavera, así que tal vez salga dentro de unos días.

Harry se sentó, y le pusieron una taza de sidra caliente entre las manos.

—Tenemos de sobra en la Madriguera, Harry. Le diré a Percy que saque algunos y los reparta.

—Eso sería maravilloso, Molly. Estaba pensando en ir a la mansión a hacer lo mismo.

Molly puso mala cara.

—Harry, no es seguro, al menos todavía no.

Harry rió mientras envolvía el vaso de sidra con la mano.

—Molly, ¿quién esperaría encontrar a Harry Potter recogiendo brotes de los jardines Malfoy?

Arthur se aclaró la garganta.

—Harry, han visto a Lucius en Gales esta mañana.

—Mierda, ¿el muy cabrón no podía quedarse escondido durante una semana? Voy a tener que…

Todos se quedaron quietos ante el desgarrador ruido de un aullido que salía de la habitación contigua. Harry saltó, su silla cayó al suelo, y corrió hacia la puerta de la cocina.

—Ahora vuelvo —exclamó.

Disminuyó el paso cuando alcanzó las puertas y las abrió. Iba con miedo a lo que se encontraría. La habitación quedó en silencio al principio; después escuchó el gimoteo del lobo. Harry rodeó el sofá y se agachó ante la bestia durmiente. Dubitativamente, alcanzó y acarició el cabello plateado cuando la bestia volvió a aullar y a gimotear de nuevo, mientras temblaba y convulsionaba. Harry puso la mano entre el pelaje, viendo cómo se la tragaba una capa blanca. Acarició al lobo lentamente.

—Está bien, Draco. Estás a salvo. No hay más pesadillas. Ahora estás a salvo. —Sus dedos acariciaron la extensión del animal hasta llegar a la cabeza, donde lo tocó con más fuerza—. Está bien, Draco. Está bien.

El lobo se calmó y abrió lentamente un ojo plateado. Harry no se movió, pero la mirada era fiera. Retiró la mano rápidamente.

—Lo siento, Draco. Pero estabas teniendo pesadillas, y tenemos compañía. Arthur y Molly Weasley están aquí. Eres bienvenido en la cocina, tal vez sea buena idea empezar a presentarte.

Plata se levantó lentamente y estiró las patas traseras, abriendo la cavernosa boca para mostrar todos sus dientes en un largo bostezo.

—¿Plata? —dijo Harry dudoso—. Tu madre me lo dijo, y me gusta. Te sienta bien —Plata lo miró y se separó del sofá, y empezó a ir hacia las puertas de la habitación.

—Bueno, al menos trata de actuar como un lobo, y uno al que yo le guste —dijo el chico, mientras el lobo salía por la puerta. Éste se giró y subió el labio superior, dejando salir un gruñido.

—Tal vez sería mejor que comenzáramos con la parte de comportarte como un lobo —dijo Harry en voz alta, mientras reía interiormente.

Entró a la cocina y se sorprendió gratamente al ver a Narcissa sentada a la mesa. Muy de tarde en tarde visitaba a los que venían a Grimmauld. Esperaba que no volvieran a la conversación sobre Lucius mientras la mujer estuviera en la habitación.

—Ah, por Dios, Harry, ¡un lobo! —exclamó Molly. Harry podía afirmar que la mujer no estaba segura de si era o no algo positivo.

Harry se sentó al lado de Narcissa, Plata se acercó y se sentó entre ellos. Ambos estiraron las manos para acariciarlo y asegurarle que todo estaba bien.

Harry cogió su sidra sin decir más y miró a Molly.

—Sí, se llama Plata. Es una nueva incorporación a la casa.

—¿Es...? ¿Es ese el lobo de Voldemort? —preguntó Arthur, con aspecto preocupado.

—Sí —respondió Harry inmediatamente—. Supongo que se podría decir que me lo llevé como souvenir. Está muy bien educado, y le ha tomado cariño a Narcissa bastante rápido. —Harry pilló a Remus poniendo los ojos en blanco.

—Bueno, ciertamente es muy limpio —agregó Remus, y su bigote se movió un poco. La mano de Narcissa estaba tocando los cabellos del animal.

—¿Cómo lo conseguiste? No lo vi en el campo de batalla. De hecho, no lo había visto durante meses.

Harry odiaba mentir a su padre adoptivo, pero por ahora tenía que seguir los deseos de Draco. Harry les sonrió a ambos.

—Cómo lo conseguí es nuestro secreto. Y no lo habíais visto antes porque tiene una cadera dañada. —Harry no sabía realmente por qué no se lo había visto.

Arthur parecía satisfecho, pero Harry podía leer en Molly como en un libro abierto. Ella sabía que estaba escondiéndose algo, y pronto le enviaría alguna carta a Hermione. La chica parecía ser siempre capaz de sacarle la verdad a Harry.

—Bien, sólo tendré que guardar los huesos de la sopa de ahora en adelante —dijo, dulcemente.

—Eso sería increíble —respondió Narcissa antes de que Harry escuchara el ronroneo que llegaba del pecho de Plata.

—¿Entonces estáis planeando una reunión Weasley dentro de poco? —preguntó Harry, tratando de sacar a Plata de la conversación.

Las caras tanto de Molly como de Arthur se iluminaron. Era una de las pocas familias mágicas que no había sufrido pérdidas. Percy había sido herido gravemente durante una redada de mortífagos en el Ministerio, pero estaba vivo. Aunque la poción crecehuesos podía reconstruirlos, no podía reemplazar toda una pierna. Era el único de los Weasley que estaba en La Madriguera cuando descubrieron que iban a atacar allí. Hasta donde Harry sabía, Percy nunca dejó la casa.

—Organizaremos un picnic de Halloween y otoño para celebrarlo. Todos estáis invitados, por supuesto. Pero primero debemos ver cuáles son las condiciones. Percy dijo que ha hecho lo mejor que ha podido para mantener los preparativos en marcha —dijo Molly, orgullosa.

Harry llevó a los Weasley hacia la puerta principal. Regresó para encontrar a sus compañeros en el patio trasero. Corrió las cortinas amarillas y vio a Narcissa haciendo la primera escultura con los árboles sagrados.

Plata estaba ocupado investigando la propiedad como solamente un lobo podía: marcando los árboles. Harry estiró el cuello cuando el lobo trotó alrededor de la casa. Escuchó a Remus reír y a Narcissa regañando a su hijo. Harry rió con fuerza, adivinando que Plata era bueno escarbando. A saber cuánto le duraría ese pelaje blanco.

Harry se ocupó el resto del día en trabajos de la casa que hacía tiempo que no emprendía. Para cuando la cena estuvo lista, las dos puertas para mascotas de la casa habían sido instaladas; una en el patio trasero y otra en las puertas entre las habitaciones de él y de Narcissa en el segundo piso.

Harry negó, y el lobo le puso una mirada lastimera cuando Narcissa trató de que Plata se sentara con ellos a la mesa. Dobby sirvió platos de porcelana repletos de carne y agua para que la bebiera en una esquina de la cocina. El lobo pareció quedarse contento.

Después de la cena, la conversación se trasladó a la sala de estar. Remus había estado entrando y saliendo todo el día en busca de noticias. Narcissa se sentó en su silla, con un tejido y tiras de varios colores. Harry se había sorprendido al principio, cuando la había visto hacerlo sin magia. Bueno, las escenas y los resultados eran mágicos, pero sus manos eran las que creaban estas obras de arte. Remus y Harry se sentaron a cada lado de la mesa de ajedrez. Plata caminó hasta donde estaba su madre para que le acariciara la cabeza, y luego fue hacia el tablero para verlos jugar. Tanto Remus como Harry notaron que la cola del lobo se movía cuando comenzaban a hacer una jugada que podía determinar el juego. Harry recibió un bufido de desagrado cuando perdió.

Narcissa se excusó temprano antes de irse a la cama. Harry se levantó y le dio un beso de buenas noches, como había tomado por costumbre durante el último año. Plata no quedó contento con el gesto y mordió el aire cercano a Harry, mientras que su madre le regañaba rápidamente.

Remus se fue a los pocos minutos, dejando a Plata y a Harry solos en la sala de estar. Harry cogió el libro que había dejado en la mesita contigua y comenzó a leer. Plata caminó por la habitación y de pronto cayó sobre su almohada. Harry podía sentir los ojos del otro penetrándolo. Finalmente bajó el libro, Tradiciones familiares mágicas.

—¿Qué pasa, Plata? ¿Quieres ir a la cama?

Las orejas del lobo se alzaron y la cola se movió.

—Bien, déjame cerrar la casa y sígueme. Tu habitación está entre la de tu madre y la mía. —Harry bajó las luces y el fuego, hizo una revisión final de las protecciones y después se encaminó hacia allí, con Draco siguiéndolo detrás. Harry lo llevó hasta la la puerta y la abrió. Fue obvio que Dobby la había dejado confortable, porque no sólo había una cama, sino también otra gran almohada en el suelo con un juguete de dragón en el medio. Había una taza de agua fresca cerca de la puerta. Plata inspeccionó la habitación, tiró el dragón y se abrió camino hacia la cama. Circuló alrededor, escarbando unas cuantas veces, y se arrellanó.

Harry se detuvo en la puerta.

—Draco, tienes permiso para ir y venir cuanto quieras. Si necesitas entrar y salir, por favor, hazlo. He ajustado las puertas. —El lobo arqueó su ceja lobuna y bufó. Harry sabía que a su Draco interior no le alegraba discutir con él asuntos tales como ir al baño.

—Oye, lo estoy intentando —dijo Harry. Levantó su varita y apagó las luces—. Buenas noches, Dra... Plata.

El lobo gimió incluso antes de que cerrara la puerta. Imágenes de oscuridad pasaron por la mente de Harry. Levantó la llama de la vela cerca de la cama

—¿Mejor? —No recibió respuesta. Sabía que Draco probablemente estaría completamente aturdido por la reacción del lobo.

—De acuerdo, entonces —dijo Harry, y cerró la puerta.

El chico se acostó en su cama, oyendo los sonidos del Londres muggle. Escuchó el sonido de una lata siendo pateada en la calle, y a continuación el ruido de un carro tomando una curva demasiado rápido. No era el mejor vecindario, pero después de un año de vivir ahí, y hacer un número modesto de cambios, se sentía como en casa, su casa. Sabía que Sirius la odiaba, pero Harry creía que la mejor forma de honrarlo era hacer de Grimauld Place un lugar de refugio para otros. La casa que antes los excluía era la que ahora los acogía. Sus dos compañeros constantes en la casa eran una extraña pareja. Remus vivía en el tercer piso y Narcissa y Harry en el segundo. Cuando Tonks estaba en la ciudad, se quedaba con Remus. Tener al hombre cerca era tranquilizador, su viejo profesor y amigo de su padre le daba estabilidad a su vida. Aunque era a Narcissa a quien de verdad atesoraba en su casa. Sabía que desde fuera nadie entendería su relación, pero en realidad era demasiado simple: él era un hijo sin una madre, y ella era una madre sin hijo. Harry imaginaba que su verdadera madre habría sido una mezcla de las dos mujeres que en ese momento ocupaban ese rol: Molly Weasley y Narcissa Malfoy.

Ron y Hermione, en las escasas ocasiones en que estaban en el mismo lugar al mismo tiempo, también se quedaban en el tercer piso. Había más habitaciones en el cuarto piso, pero habían sido usadas sobre todo por miembros de la Orden, para desarrollar sus planes durante la noche. Incluso Severus se había quedado ahí hasta su última misión, seis meses antes.

Harry miró la luna. Había olvidado preguntarle a Draco sobre el efecto de la luna llena sobre el lobo, si es que había alguno. Se estiró entre las sabanas blancas y suaves de su gran cama. Prendió el fuego cuando su habitación empezó a enfriarse con la brisa del otoño. Subió las mantas, otro producto de las manualidades de Narcissa. No sabía qué pensar, solamente era su segunda noche de libertad, libertad de las profecías y de los planes de batalla. No tenía ni idea de lo que iba a hacer, pero no le importaba. Harry dejó que las olas de cansancio lo atraparan, y se dejó llevar por sueños que ya no estarían invadidos.

Se levantó de la cama cuando se escuchó el primer aullido. Su cuerpo entró en alerta hasta su última célula mientras escuchaba el aullido solitario del lobo. No estaba pensando claramente, y creyó que algo le había pasado a Remus. ¿Ya era luna llena? Miró por la ventana, pero no estaba seguro de si la circunferencia era exacta. Los ruidos de arañazos contra su puerta le devolvieron la razón. La abrió con un movimiento de la mano y Plata se deslizó en la habitación. Harry cogió las gafas y despertó el fuego del que únicamente quedaban carbones. El lobo estaba en medio de la habitación con la cola entre las piernas.

—Plata —susurró—. Está bien, nadie te hará daño de nuevo. Ven aquí.

Plata se acercó con cuidado y se detuvo junto a la cama de Harry. El chico se acercó al lobo lloroso y le acarició la cabeza.

—¿Pesadillas, Plata? Yo también tengo. Remus y tu madre me ayudan —el lobo miró alrededor y sollozó de nuevo—. Demonios, súbete.

El lobo retrocedió unos pasos antes de acelerar y saltar en el aire, hasta situarse en medio de la cama. Harry se quedó estupefacto, sabiendo lo mucho que había debido dolerle.

—Buen trabajo, Plata —dijo Harry, sin pensar en lo que Draco opinaría de ese comentario. El lobo no reaccionó, parecía estar más interesado en crear un lugar para dormir. Plata se movió entre las mantas, dando vueltas por el mayor punto de acumulación de éstas, y se acostó en medio de la cama. Harry volvió a dejarse engullir por las mantas—. Está bien, Plata, pero solo por esta noche. No creo que tu lado humano lo apruebe —dijo, mientras bajaba un poco las llamas del fuego y giraba su cabeza para encarar a la bestia que había en su cama—. Veras, Plata, si vas a estar en aquí, al menos tengo derecho a acariciarte —el lobo se congeló en el sitio y después se relajó, mientras la mano de Harry le acariciaba el pelaje y hacía un rápido repaso por la cabeza—. Buen abrigo de piel, Plata. Que pases buena noche.


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Harry movió la mano y abrió la puerta instintivamente cuando escuchó el suave golpe. Era Narcissa. Vendría a discutir las atrocidades de la guerra, los planes, o sus pacientes del primer piso. Nunca iba a las reuniones de la Orden; Harry siempre le informaba de lo que pasaba por las mañanas. A su cerebro le costó unos momentos recordar que ya no estaban en guerra.

Narcissa llegó a la cama y él sintió el leve peso cuando se sentó. La mujer retiró con suavidad el cabello de sus ojos, Harry los abrió casi con pereza y luego se giró rápidamente para ver qué lo presionaba por la espalda. Estuvo ligeramente sorprendido de encontrarse con un lobo durmiendo.

—No lo podía encontrar esta mañana, estaba preocupada —le susurró Narcissa.

Harry se giró y dejó caer su cabeza contra la almohada. Alcanzó sus gafas de la mesilla de noche y se las puso.

—Tuvo pesadillas y vino a arañar la puerta —respondió suavemente—. Le dije que a su lado humano no iba a gustarle.

Narcissa puso los ojos en blanco.

—Por el contrario, señor Potter, mi hijo habría adorado estar en su cama.

Harry se quedó sin aliento, y se sonrojó considerablemente mientras exclamaba:

—¿Qué? Quiero decir… eh… mierda, ¿en serio? Pensaba que…

Narcissa sonrió.

—Pensaba que andaba detrás de toda falda que había en Hogwarts. Al igual que su padre y todo el mundo, a excepción del señor Zabini. No, Harry, Draco era… es gay.

Harry inclinó la cabeza y miró al ahora lobo que roncaba. Giró la cabeza y frunció el ceño, mientras miraba a Narcissa.

—Bien, no hay problema, pero igualmente dudo de que a mí me quisiera. Ya sabes, cabezarajada, el nene Potty, mestizo —dijo, todavía susurrando.

Narcissa puso una mano en su brazo cubierto por la tela y lo apretó con suavidad.

—Olvidaste chico maravilla, Héroe del Mundo Mágico.

Harry gruñó en respuesta a esos nombres, casi prefería los que lo degradaban.

—Draco no se creía esa mierda.

Ella levantó su mano y acarició al lobo.

—No, estás en lo cierto, pero sí parecía un poco obsesionado contigo.

Harry trató de reunir palabras para construir coherentemente la siguiente frase.

—Narcissa, entonces esto no está bien. Draco, bueno, demonios, no lo sé, es complicado.

—Es un lobo, Harry. Estoy segura de que se siente seguro cerca de ti. Necesita crear un lazo con su nuevo maestro.

Harry tragó saliva.

—¿Por qué no tú?

Narcissa frunció el ceño.

—Soy su madre, sentiría una rebeldía natural. Creo que mi Draco se apegaría a alguien poderoso, que pudiera protegerlo, y a quien él pueda proteger.

Narcissa se sentó con la espalda recta, retirando la mano de la cabellera del lobo.

—Creo que tienes una nueva mascota.

Un gruñido bajo salió desde la bestia acostada junto a él.

—Nunca consideraría a Draco, o Plata, como sea, mi mascota, o me consideraría el maestro de nadie. Mierda, mira a Dobby.

Narcissa enarcó una ceja.

—Bien, señor Potter, entonces diría que el lobo ha escogido bien —la mujer se levantó—. Voy a hacer el desayuno. Sospecho que lo veré pronto.

Mientras ella cerraba la puerta, Harry se giró y miró al lobo. «¿Qué diablos se supone que voy a hacer con un lobo gay? Ahora bien, un Draco humano sí que tendría potencial».

Plata estiró sus largas patas y cerró la boca, abriendo los ojos. Su nariz se movió en el aire y rápidamente giró la cabeza para mirar a Harry, y saltó. Harry se rió.

—Oye, no fue idea mía. Tenías algún tipo de pesadilla y viniste a arañar mi puerta.

Plata se puso de pie en la suave cama. Y se giró para mirar a Harry, gruñendo.

—Bien, demonios, Draco. Si vas a estar de mal genio, duerme solo de una puta vez.

El lobo se sentó de nuevo y comenzó a lamer su costado. El chico tuvo la sensación de estar siendo ignorado.

—Oye, Plata, necesitamos discutir un par de cosas —Plata paró de lamerse y se sentó de nuevo en la cama, con las patas hacia delante. Harry estaba feliz de haber conseguido la atención del lobo.

—Eso está mejor. Eres bienvenido por las noches, incluso en mi cama si quieres, pero no me gruñas —Plata no reaccionó, ni siquiera parpadeó. Harry continuó—. Tu madre tiene la impresión de que estás creando un lazo conmigo. Lo aceptaré, pero no seré tu amo, y tú no serás mi mascota. Te protegeré y espero que me protejas. Cuando estemos en público puede que necesite tratarte como si fueras mi mascota, pero tú y yo sabremos la verdad.

Plata continúo actuando como una estatua.

—Por Merlín, Draco, dame una señal de que estás de acuerdo.

El lobo estiró su cuello y lamió la mano del chico. Harry sonrió.

—Agg, un movimiento de cola habría funcionado —dijo el chico, secándose contra el edredón—. Hay dos cosas más que necesitamos discutir antes del desayuno. La primera es fácil, ¿te molesta que te acaricie? Un movimiento de cola puede ser sí y un gruñido no.

Harry contuvo la respiración, esperando el sonido, pero escuchó un golpe. Sonrió.

—Bien, porque cuando estás cerca es una reacción instintiva acariciarte en tu forma actual. Eres suave. —El esperado gruñido llegó.

—La segunda es un poco más difícil. Draco, ¿te transformas con la luna llena?

Harry sonrió cuando vio que la cola se movía una vez más. Tomó aliento.

—En hombre lobo. Tenemos poción matalobos, pero Remus temía que te envenenáramos.

El lobo gruñó.

—¿No poción matalobos?

El lobo movió la cola.

Harry negó, Plata bufó. Harry suspiró.

—Intentémoslo otra vez. Draco, ¿te transformas?

Golpe.

—¿Necesitas la poción matalobos?

Gruñido.

—Mierda, Draco, un hombre lobo necesita…

Gruñido.

—¿Qué? ¿No te transformas en hombre lobo?

Golpe. Golpe.

—¿Entonces en qué? —Preguntó, exasperado—. ¿En qué te transformas? ¿En ti? —terminó, sarcásticamente.

Golpe, golpe, golpe.

Harry se movió hasta estar sentado.

—¿Te conviertes en humano?

Golpe, golpe, golpe.

El chico no pudo resistirse a acercarse y abrazar al lobo.

—Ah, Dios, Draco, estoy tan feliz por ti. Lo prometo, tu madre y yo haremos que cada momento valga la pena. Mierda, ella va a estar tan…

El lobo se salió del abrazo en que el chico le tenía, saltando de la cama, yendo a arañar la puerta y comenzando a quejarse.

Harry abrió la puerta y escuchó cómo el lobo se apresuraba a bajar las escaleras, sus uñas golpeando el suelo a cada paso. El sentimiento de alegría subió por todo su cuerpo. Casi no reconocía la emoción.

El chico se lavó y arregló, su mente no estaba en el mundo exterior, sino en su pequeño mundo dentro de Grimauld Place.

Narcissa estaba tomando lo que él suponía que era su tercera taza de café. Hacía tiempo que había terminado su desayuno y no había dejado rastro de ello. Estaba leyendo El Profeta. Harry sabía que dentro de poco tendría que dar una entrevista, y no tenía ganas de que ese día llegara. Se sentó, su té y bollos esperándolo. Desde esa posición podía leer los titulares del periódico. El Ministro Scrimgeour declara los callejones Knockturn y Alley siniestro total. Harry bufó, no había que ser un genio para saberlo. Las imágenes de la última batalla se agolparon en su cabeza, finalizando con su desaparición del infierno en que se habían convertido las estructuras en llamas.

—El mercado está apareciendo. Parece ser que será completamente funcional y podrá abrirse para el público en un par de semanas. Estaba pensando en abrir una tienda.

Harry escupió su té.

—¿Tú qué?

Bajó el periódico.

—Quiero abrir una tienda. Hablé con la promotora ayer. Creo que te caería bien. Su nombre es Morrighan, pero prefiere ser llamada Morr. Muchas brujas, la mayoría como yo, tienen una tienda. Creo que sería interesante. Lo que está claro es que no puedo vivir aquí toda mi vida.

Harry estaba tratando de procesar la información que le estaba proporcionando Narcissa. La última frase dañó su corazón, porque no quería que la mujer se fuera. Ninguno de ellos había hablado sobre el futuro. Realmente nadie lo hacía, debido a la guerra. Harry tomó su taza.

—Pero, ¿y la mansión?

Narcissa le miró.

—No quiero regresar a mi antigua vida, Harry. Quiero una vida sencilla. Todavía prefiero lo mejor que el dinero pueda comprar, pero nunca he tenido algo mío. Pasé de la casa de mi padre a la de Lucius.

Harry asintió.

—Está bien, pero debes dejarme examinar la propiedad. Por cierto, ¿qué planeas vender?

—Velas y candelabros —respondió rápidamente la mujer—. La mansión está llena.

—Narcissa —dijo Harry, lastimeramente—. Lucius fue visto ayer en Gales.

Ella bufó.

—Mhmmm, será bastante interesante cuando descubra que estamos divorciados.

—¿Le verás si él te lo pide?

—Por supuesto —respondió Narcissa, y vieron cómo el lobo entraba por la puerta trasera—. Ya no le tengo miedo a Lucius Malfoy. Si se atreve a intentar hacerme algo, maldecirá el día en que se casó y abandonó a una bruja Black.

Harry rió con fuerza. Era una de las pocas personas que sabía de lo que era capaz Narcissa Black Malfoy. Podían oír al lobo tomando agua del plato.

—¿Ya ha comido Plata?

—Sí —respondió la mujer, y miraron al lobo mientras se dirigía a la sala de estar.

Harry cogió su bollo, llenándolo de mantequilla y mermelada de frambuesa.

—Plata tiene un par de noticias interesantes para nosotros. Se transforma en luna llena —Harry oyó a Narcissa gemir— pero no en un lobo —agregó.

Narcissa bajó el periódico, prestándole toda su atención.

—Merlín, entonces, ¿en qué?

Harry susurró.

—En Draco. Se vuelve humano.

—¡No! —exclamó la mujer. Harry se maravilló con la emoción que cubrió su cara. Nunca había visto tal expresión en ella, y le recordó la de un niño en la mañana de Navidad.

Harry asintió.

—Sí, y le dije que haríamos que cada minuto valiera la pena.

Narcissa rió, sorprendiendo aún más a Harry con la expresión en su cara.

—Bueno, si conozco a mi hijo, eso querrá decir que no dejará tu cama.

Harry, por segunda vez, escupió el té sobre la mesa.

—¡Narcissa!

—¿Qué? Solo he dicho lo que para mí es obvio.

Harry se retiró el cabello de las gafas, los cristales salpicados con gotas de té.

—Narcissa, no sé de dónde sacaste esa idea. No me siento cómodo hablando contigo de ese tema.

Narcissa siguió.

—Harry Potter, ¿con quién lo hablarías, si no?

El chico se quitó las gafas y comenzó a limpiarlas con una servilleta de tela. Algunas veces era más cómodo mirar el mundo como una masa borrosa..

—Si tienes que saberlo, hablé con Severus.

Narcissa frunció sus labios como lo hacía Minerva.

—Muy bien, entonces no seguiré.

Harry sonrió.

—Narcissa, ¿y el heredero Malfoy? No pareces molesta porque Draco no vaya a procrear.

Ella recogió el periódico y siguió hasta la sección de anuncios.

—Realmente, Harry, por qué demonios yo o cualquiera querría que la línea Malfoy continuara. Sabes que amo a Draco más que a la vida misma, pero detesto las maneras que ha heredado de su padre.

Harry terminó de limpiar sus gafas y las devolvió a su nariz.

—Nunca pensé eso. Únicamente asumí que querrías un nieto.

Las páginas del periódico se estremecieron.

—No, si eso significa otro aristócrata nov orgulloso de ser un Slytherin. Apuesto a que Salazar Slytherin se revuelca en su tumba cada vez que un nuevo Malfoy pone un pie en Hogwarts. Todos ellos creen que son el epítome de lo que es ser Slytherin. No tiene sentido.

Harry le puso mantequilla a otro bollo.

—Está bien, Narcissa, me has pillado. ¿Qué demonios es ser Slytherin si un Malfoy no lo es? La mayoría de los mortifagos salieron de Slytherin, por no mencionar al propio Voldemort.

Narcissa bajó el periódico, repentinamente.

—Blaise Zabini, Prudence Parkinson, Horace Slughorn, Queenie y Daphne Greengrass, Terence Higs, unos cuantos más.

—¿No deberías agregar Narcissa Malfoy a la suma?

Narcissa sonrió.

—Todavía no, Harry, todavía no. Todavía tengo algunas confabulaciones pendientes.

Harry cogió la taza de té.

—Narcissa, algunas veces me asustas.

Una pequeña sonrisa revoloteó en los bordes de la cara de la mujer.

—El sentimiento es mutuo, Harry Potter.

 



 

 

Capítulo 2

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