Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 1 - Capítulo 3 - Ubicación original

 

LA LLEGADA

 

Tanto Remus como Harry saltaron cuando escucharon unos pasos bajar por la escalera.

—Vete, Harry —ordenó Remus—. Llegaré a casa pronto. Antes tengo que ayudar a Tonks a buscar a sus padres.

Harry asintió y se desapareció. Su llegada a su habitación fue acompañada con un fuerte crack. Estaba mirando la puerta, así que se giró para buscar al lobo por el cuarto. La bestia plateada estaba escondida en la esquina entre la pared y el armario.

—Draco —dijo Harry suavemente—. Está bien, sólo soy yo. Estás en mi habitación, en mi casa. En Grimmauld Place. Tu madre dijo que estuviste aquí una vez, cuando eras niño.

El lobo dejó de temblar, pero no avanzó un centímetro. Harry deslizó lentamente un pie hacia delante, alejándose rápidamente cuando el lobo gruñó, enseñando los dientes.

—Oye, no voy a hacerte daño —dijo Harry, defendiéndose. El lobo lo tenía atrapado en una lucha de miradas—. Bien, como tú quieras. —Harry se agachó en el suelo y rompió el contacto. El lobo no se movió, pero dejó de gruñir. Harry lo interpretó como un buen signo y se recostó en el suelo oscuro. Miró directamente al techo, al viejo candelabro. Oyó el nítido sonido de unas garras rozando el suelo.

Harry no se movió; a duras penas respiraba, esperando el acercamiento del lobo. Se miró los pies cuando lo oyó olisquear. En cualquier otro momento, habría encontrado divertida una situación en la que Draco se pusiera a olerlo pero, en forma lobuna, el rubio era un oponente formidable. Con magia sin varita o sin ella, un mordisco en el lugar correcto podría ser determinante. El lobo siguió inhalando. Harry se mordió el labio inferior, tratando de no respirar el olor del animal. Era un hedor que incitaba al vómito. Había olido cosas peores durante la guerra, pero saber que éste era el antes pulcro Draco Malfoy lo hacía aún más desagradable.

El lobo avanzó, subiendo por su pierna, su pecho, y finalmente, se quedó mirando a Harry, nariz contra nariz. El animal levantó el labio superior, revelando un arsenal de dientes con los que Harry tendría que lidiar si hacía un movimiento equivocado.

Se mordió el labio aún más fuerte, tratando de no reírse. Por alguna razón, la situación se había vuelto cómica. Draco Malfoy finalmente tenía a Harry Potter donde lo quería.

—Sí, Draco, eres el más feroz —dijo, sin emoción—. Si sigues con esto, no te bañaré ni te daré de comer. Tu madre está esperando escaleras abajo, pero no creo que quieras que te vea así.

El lobo movió la cabeza a un lado y levantó la nariz.

—La hueles, ¿verdad? Déjame levantarme, Draco y te llevaré con ella.

El lobo volvió a mirar fijamente a Harry.

—¿Quieres comida y un baño? —preguntó Harry, rezando por una respuesta positiva.

El lobo se agachó un poco más, gruñendo, y luego lamió a Harry a lo largo de la mandíbula con su húmeda lengua. Después pareció tan sorprendido como Harry se sentía, y salió de estampida hacia la puerta del baño.

—Eww, ¡maldito chucho! ¡Sabrá Dios dónde ha estado metida esa lengua! —dijo Harry, levantándose.

El lobo gruñó y cerró los dientes con fuerza en dirección a Harry. Por primera vez, el moreno sintió aprensión por lo que estaba haciendo.

—¿Qué pasa, Draco? ¡Acabas de lamerme!

El gruñido del lupino era bajo, e hizo que se erizara el vello del brazo de Harry. El moreno pensó en lo que había dicho, y después se echó a reír.

—Ya lo pillo, Draco. No eres un chucho cualquiera; eres sangre pura… ¿o debería decir raza pura?

El lobo dejó de gruñir, levantando el hocico al aire y arañando la puerta.

Harry abrió la pesada puerta divisora y dejó al lobo bajar dos tramos de escalera de madera que lo llevaron a un descansillo. Harry torció a la izquierda y llegó a una puerta giratoria. Pasó y la mantuvo abierta.

El lobo entró a la cocina y rápidamente hizo el camino hasta la puerta de atrás, donde se lo quedó mirando, expectante. Harry lo siguió y le abrió.

—Tendremos que instalar una puerta para mascotas —dijo. El lobo no lo miró, pero corrió hacia el patio descuidado de Grimauld Place. Ésa fue la primera vez que Harry notó la severa cojera del lobo.

Harry dejó la puerta abierta y entró en la cocina para esperar. Se lavó la cara, puso una tetera para el té, y miró al lobo a través de la ventana de la cocina.

—¿Entonces es cierto? —Harry saltó cuando escuchó la suave voz.

Se volvió hacia la entrada principal de la cocina y asintió a la esbelta bruja vestida con túnica azul semi-formal. Vio cómo la cara normalmente inexpresiva se contorsionaba durante un momento, para componerse rápidamente.

—¿Puedo verlo?

—Sí, Narcissa, por supuesto, sólo dame algo de tiempo con él. Está sucio y huele a rancio. Necesito darle un baño. Déjalo mantener su dignidad.

—Es un lobo, Harry. ¿Cuánta dignidad puede tener?

—¡Narcissa! —Exclamó Harry—. Es tu hijo, y entiende todo lo que decimos.

La cara de la mujer se suavizó. No muchos habrían notado el cambio, pero Harry había aprendido a reconocer las pistas limitadas que Narcissa Malfoy daba de sus verdaderos sentimientos. Ella había llegado a Grimmauld Place ante la insistencia de Harry, la noche después del funeral de Dumbledore. Durante los primeros meses, la relación había sido temerosa en el mejor de los casos. Pero, con el paso del tiempo, habían aprendido a tenerse respeto mutuo, y cuando la guerra llegó a su cenit, se convirtió en algo más. Él esperaba que algún día se quitara las pinzas que atrapaban su largo cabello rubio, porque le conferían un aura de austeridad.

—Ve a la sala de estar y tómate una taza de té. Lo llevaré donde estés después de que haya comido y se haya bañado. Puede que tengas que echarle algunos encantamientos curativos.

Los ojos azules de Narcisa soltaron un destello, que Harry interpretó como preocupación.

—No lo sé todavía, está cojeando.

—Muy bien, esperaré —dijo Narcissa mientras se daba la vuelta y salía por la puerta.

—¡Dobby! —llamó Harry.

Pop.

El fiel elfo doméstico, que había insistido en venir a Grimmauld cuando Harry se había mudado, apareció.

—¿Harry Potter necesita a Dobby?

—Sí, Dobby, tenemos otro invitado que se quedará durante un tiempo. Es Draco. —Harry notó que el elfo comenzaba a temblar—. Dobby, Greyback lo ha convertido en lobo. Ha sufrido terriblemente. No sé qué querrá comer, pero me imagino que será carne fresca.

—¿Lobo? ¿Un hombre lobo como el profesor Lupin? —preguntó Dobby. Había dejado de temblar, pero sus orejas se movieron y sus ojos aumentaron dos veces su tamaño.

—No, no, Dobby. Él es un lobo todo el tiempo, pero entiende lo que se le dice. No sabemos exactamente cómo ha pasado, pero creo que Greyback lo mordió repetidamente en forma humana. Está hambriento y sucio.

Dobby parecía aterrorizado.

—Dobby entiende, Harry Potter. Dobby conseguirá comida y organizará el baño para el amo Draco-Lobo.

Harry rió.

—No estoy seguro de cómo quiere que lo llamen, Dobby, pero imagino que ‘amo Draco-Lobo’ no sería adecuado. Te lo haré saber.

—Dobby está esperando un nombre, Harry Potter.

Pop.

Harry volvió a mirar por la ventana hacia el jardín. Sonrió cuando vio al lobo marcar los arboles de zarza y vástago. Harry tendría que trabajar en el jardín pronto. Nunca había terminado con la lista de reparaciones que tenía que hacer en la casa. El lobo cojeó mientras regresaba a la casa a través de plantas altas y secas.

Pop.

Harry se volvió para ver un gran plato de pedazos de carne fresca, un hueso y un cuenco lleno de agua. Todos en la vajilla china más fina de los Black.

Pop.

Harry esperó a que el lobo entrara, pero no lo hizo. Continuó esperando, y finalmente salió para verlo sentado en las escaleras. Harry se tomó un minuto para registrar qué estaba pasando.

—Entra, Draco. —El lobo se levantó lentamente y entró en la casa. Su hocico se desplazó en dirección a la comida puesta en el suelo, pero no se movió.

—Para ti, Draco. No estoy seguro de qué te gusta comer. Esta noche arreglaremos eso. Adelante, come.

Harry se sentó en una de las sillas de madera en la gran mesa en la cocina, se sirvió algo de té y cogió El Profeta. Estaba lleno de imágenes y artículos de la derrota de Voldemort del día anterior. Querían entrevistar a Harry, pero lo había rechazado, diciendo que ya lo haría en unos días. Quería esperar hasta que se completara la cuenta de quiénes habían sobrevivido, muerto y salido heridos en ambos bandos. Había habido tantas batallas en tantos frentes... Los fuertes lametazos en el agua lo sacaron de sus pensamientos, junto con el instintivo gruñido territorial del lobo mientras devoraba los trozos de carne.

Harry bajó el periódico cuando los sonidos cesaron.

—¿Listo para limpiarte, Malfoy? —El lobo lo miró y estrechó sus ojos—. Vale, Draco entonces. Necesitamos volver a subir. —Harry abrió la puerta lateral y habló mientras caminaban por las escaleras—: Sé que estas cojeando, pero no puedo saber cómo de herido estás, así que voy a poner unas cuantas pociones contra la comezón en el agua, y relajantes musculares. Tu madre hará el diagnostico y los hechizos curativos que hagan falta. Resultó ser una de nuestras mejores sanadoras. Ha hecho cosas increíbles este último año, Draco, deberías estar orgulloso de ella.

Llegaron a la puerta del baño; Harry la sostuvo abierta y la cerró detrás de ellos. La bañera estaba llena hasta la mitad, y los cubos para el agua estaban alineados cerca. El lobo olió cada uno y luego se asomó por el borde de la tina.

—Puedo levantarte a peso o levitarte. ¿Tienes alguna preferencia? —El lobo dio un paso hacia Harry y tocó los bolsillos traseros de éste con el hocico—. Levitación —dijo Harry mientras sacaba la varita de su bolsillo.

Harry apuntó con la varita al lobo. La criatura, por instinto, cerró los ojos y Harry casi pudo ver la mueca. Se preguntó qué hechizos había experimentado el lobo bajo el poder de Voldemort.

El lobo se recostó en el agua tibia con sólo la cabeza fuera. Harry rió.

—¿Te gusta? Bien, porque vas a estar ahí un buen rato.

El lobo se levantó y sacudió su pelaje húmedo, mojando totalmente a Harry, las paredes y el suelo con agua sucia. Después, el lupino procedió a tumbarse de nuevo.

—¡Maldita sea, Draco! Eso no era necesario.

El lobo alzó una ceja interrogante. Harry negó.

—Está bien, voy a dejarlo pasar como un instinto lupino no intencional.

Harry vació la bañera repetidamente hasta que el agua pareció estar medio limpia, y después vertió un par de pociones. Llenó la palma de su mano con champú y empezó a trabajar en el pelaje. Se tomó su tiempo usando un gran cepillo para desenredar el pelo. Ocasionalmente, el lobo gemía, pero Harry le hablaba mientras continuaba con el proceso de arreglarlo.

—Me gustaría que pudieras contarme quién sobrevivió y quién no. Estos últimos meses han sido horribles. Nadie podía llevar la cuenta de quiénes caían en ambos bandos. Se combatía por toda Gran Bretaña. Por supuesto, tú ya lo sabes. Te veía a su lado de vez en cuando. Hice que Remus y Ron también tuvieran un ojo puesto en ti.

»Severus me instó a rescatarte. Hace seis meses recibí un pedazo de pergamino casi destrozado en la pierna de Hedwig. Lo único que decía era «Salva al lobo». Sabía que era su letra.

La cabeza del lobo se movió, enfocando los ojos en Harry.

—No lo sé, Draco, fue lo último que supimos de él. Está en el primer puesto de la lista de personas buscadas. No tengo un buen presentimiento, sin embargo; él estaría con nosotros ahora mismo, sé que estaría aquí.

El lobo gimió y giró la cabeza al frente.

—Ahora tengo una pregunta para ti. ¿Quieres que otros sepan de tu existencia? Por ahora, sólo lo sabemos Remus, tu madre y yo.

El lobo bufó.

—Y Severus —murmuró—. Si no quieres que otros lo sepan, tendrás que ser cuidadoso. Hay mucha gente entrando y saliendo de este sitio. Ésta era una casa segura —continuó Harry, abriéndose camino a través de los enredos y lavando los meses de mugre acumulada. Encontró unas cuantas marcas de azotes, y unos cuantos puntos sensibles. Uno en particular, en la pata trasera izquierda, hizo que el lobo aullara de dolor. Su pierna izquierda delantera estaba feamente cicatrizada, pero al lobo parecía no molestarle.

—Draco, ¿debemos llamarte así, o quieres otro nombre? ¿Me puedes dar una señal? ¿Qué tal un bonito aullido?

El lobo levantó la cabeza y aulló no muy suavemente.

Harry gruñó.

—¿Entonces debemos llamarte Draco?

El lobo se quedó en silencio.

—Asumo que no quieres que la gente sepa que eres tú.

El lobo alzo su hocico y dejó escapar un suave aullido.

—Está bien, entonces tendremos que darte un nombre.

Harry terminó con la última ducha y envolvió al lobo en una toalla.

—Te voy a levitar para sacarte, y luego te haré unos cuantos hechizos para secarte. —El lobo cerró los ojos y gimió.

Aterrizó apaciblemente en la mullida alfombra, manteniendo los ojos cerrados mientras Harry le aplicaba suavemente un hechizo para secarlo, y los abrió con lentitud cuando Harry comenzó a reír.

—Lo siento, Draco, pero… ah, mierda, vas a enfadarte mucho cuando te lo diga, pero eres muy, muy suave.

—Gggrowl.

—Lo sé, pero tu pelaje es hermoso. Sólo tenemos que lavarte la cara y cepillarte los dientes. Ahora cierra los ojos, voy a echar algo de agua tibia sobre tu cabeza.

Harry puso un cubo vacío debajo de la cabeza del lobo y luego, suavemente, echó el agua sobre la sucia cara. Secó las largas y punteadas orejas plateadas y el hocico, tratando de no tirar de los bigotes negros.

—Vale, ya he terminado. Puedes abrir los ojos.

El lobo bizqueó al abrirlos. Harry dejó escapar un sonido ahogado al ver los ojos plata perforándolo.

—¿Sabes, Draco? Fueron tus ojos los que te delataron; sólo una mirada que atrapé en el campo de batalla. Fue a principios de verano, más o menos un mes después de recibir la nota de Severus. No sabía por qué quería que salvara al lobo. El sol se estaba poniendo, serían alrededor de las nueve y media, el aire estaba pegajoso, y yo estaba escondido y te vi en una colina. Caminaste hacia abajo; yo estaba entre los cuerpos de los mortífagos. Fue la primera y única vez que te vi sin Voldemort. Estaba pensando en atraparte ahí, pero estaba bastante débil y no estaba seguro de poder contrarrestar el ataque de un verdadero lobo. No sabía que eras tú.

Los ojos del lobo estaban medio abiertos, un lado de su labio superior alzado mostrando un largo diente canino que todavía necesitaba ser cepillado.

Harry se volvió a morder el labio para no reírse.

—Sí, Draco, soy consciente de que eres un lobo. Caminaste a través de los árboles olfateando el suelo, y levantaste el hocico en el aire. Pensé que estabas tras de mí. Luego te acercaste a los cuerpos y oliste entre ellos, hasta que llegaste al más pequeño. Lo oliste y lamiste la piel descubierta, una mano pequeña que sostenía la varita. Miraste hacia arriba y aullaste. Tus ojos parecían sorprendidos y tristes. Fue la misma mirada que vi cuando te lancé el Sectusempra en el baño.

El lobo se recostó en el suelo con las patas estiradas, y miró al frente. Sólo sus orejas se movieron mientras Harry hablaba.

—Oí un silbido, y supuse que era Voldemort. Esperaba que viniera hacia ti. Tú aullaste una vez más. Él no se acercó, y volviste a subir la colina. Después de que los dos os fuerais esperé unos minutos, me arrastré debajo de los cuerpos en los que me estaba escondiendo y caminé hacia el que estabas oliendo. Le quité la máscara; era Pansy. Busque en su brazo y vi que no estaba marcada. Le quité la túnica de mortífago y me desaparecí con ella de ahí. Llamé a tu madre y la limpiamos. Tu madre le devolvió el cuerpo a la señora Parkinson. Pansy no había querido unirse. Su padre la llevó ante Voldemort, pero ya te sabes esa parte ¿no? Era su primera batalla. Nadie supo cómo murió, así que se le dio un entierro apropiado. Yo lo pagué, Draco —susurró Harry—. Les mandé el dinero con una nota firmada como H y D.

El lobo dirigió la mirada a Harry, que parpadeaba rápidamente; le temblaban ligeramente los labios. El lobo movió la cabeza interrogativamente.

—Yo la maté, Draco. Los maté a todos en el campo ese día. No sabía… —Harry dejó de hablar.

»¡Joder! —gritó, y se tambaleó hasta el lavamanos, echándose agua fría en la cara. Se mantuvo de espaldas al lobo—. Lo siento, normalmente no dejo que me afecte.

El lobo luchó para levantarse de la alfombrilla y caminó hacia Harry, sus uñas haciendo ruido sobre las baldosas. Olfateó la mano del chico, y después le dio un pequeño lametón.

—Gracias —dijo Harry—. ¿Sabes?, si vas a lamer, es mejor que te laves los dientes. Luego iremos a ver a tu madre.

El lobo abrió la boca sin mucha emoción.

 

*****

 

Harry y el suave lobo plateado se detuieron frente a las puertas corredizas de la sala de estar. El pelinegro llamó antes de abrirlas. Podía ver a Narcissa sentada elegantemente en el extremo de un sofá rojo. Su varita, pociones y bálsamos estaban organizados sobre la mesa.

—Narcissa, Draco esta aquí.

—Déjalo pasar —respondió la mujer. Sin emoción y sin volverse hacia ellos.

Harry caminó hacia el sofá, esperando que Draco lo siguiera. De nuevo, el lobo estaba sentado en la entrada.

—Narcissa, llámalo o no entrará.

—Por todos los dioses, Draco, ven aquí. Ya.

El lobo plateado entró en la gran y oscura sala, caminando al lado de Harry y hacia su madre sin cojear ni una vez. Harry suponía que eso le habría costado bastante dolor. El lobo se sentó frente a su madre, sobre sus cuartos traseros, y la miró.

Narcissa le devolvió la mirada.

—Draco, creo que estás herido. ¿Podrías mostrarme dónde? —preguntó Narcisa, como si él fuese uno de los muchos pacientes que había atendido a lo largo del último año.

El lobo levantó la pata derecha y la dejó caer sobre su rodilla.

—Ya veo, tienes una infección. ¿Algo más?

El lobo retiró la pata y movió el cuello hacia la izquierda, golpeando sus cuartos traseros con la nariz.

—Examinaré tus huesos y músculos, ¿algo más? —El lobo miró a Harry.

—Tiene unas cuantas heridas abiertas, marcas en la espalda, y algunas más sobre el estómago. Su pata delantera izquierda esta cicatrizada, como era de esperar. También tiene una muela resquebrajada.

El lobo miró de nuevo a su madre. La mujer permaneció quieta, sin emoción. Si quedaba alguna duda de que el lobo era Draco, desapareció rápidamente. El lobo ladeó la cabeza, alzó una ceja, bajó las pestañas y gimió.

Harry pudo ver el movimiento de la espalda de Narcissa antes de que la mujer empezara a reír, y se rió como él nunca la había visto hacerlo. Se acercó y envolvió el cuello del lobo con sus brazos, sosteniéndolo con fuerza. El lobo olisqueó su cuello y le lamió la oreja varias veces.

Harry murmuró que se tenía que ir a limpiar el baño. Se fue sin que ellos lo notaran. Sabía que estarían bien.




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