Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 14 - Ubicación original

 

ORO

 

25 de diciembre de 1999

El irritante sonido de un lamento animal arrancó a Harry de un placentero sueño en el que volaba sobre Hogwarts con su Saeta de Fuego. Llevaba ya unas horas intentando despertarse, pero la promesa de más sueños lo arrastraba siempre de vuelta a dormir. Estiró la mano hacia el centro de la cama y buscó sobre el colchón para acariciar al lobo que solía dormir a su lado. Le llevó un buen rato de búsqueda en vano darse cuenta de que no había ningún lobo en su cama. Los lamentos venían de algún lugar en el suelo, a su lado. Bajó el brazo hacia la fuente del sonido, y se vio atacado por unos dientes afilados y pequeños.

—¡Au! —exclamó, y retiró la mano. Buscó sus gafas, se las puso, y luego echó un vistazo por el lateral de la cama.

Una suave bola de peluche dorada levantaba la mirada hacia él, expectante. A pesar del repentino escalofrío que recorrió su cuerpo cuando se acordó de qué día era, y de que Draco y Plata se habían ido, sonrió al cachorrillo de ojos azules.

—Hola, chico, ven aquí arriba —dijo, levantando a la pequeña criatura, que llevaba un lazo verde sobre la cabeza. Harry se lo quitó y puso al cachorro en el centro de la cama, a su lado. Buscó el pequeño collar de cuero y se agachó para leer el nombre que tenía escrito: Dorada.

—Así que Dorada, ¿eh? —murmuró, levantando al animal en el aire—. No eres un chico, eres una chica —dijo, riéndose. Se imaginaba que a Draco no le habría gustado la idea de que hubiera otro macho rondándole.

Harry dejó a la lobita sobre su regazo, donde empezó a morderle los dedos de las manos.

—No, no, no, jovencita, morder no está permitido. Voy a darte algo que masticar. —Salió de la cama y levantó al cachorro, dejándolo otra vez en el suelo. Después de ir al baño y lavarse los dientes, se puso la bata y las zapatillas de andar por casa. La casa estaba silenciosa; demasiado silenciosa. Remus seguiría durmiendo tras su transformación de anoche, y Narcissa, si estaba en casa, si había sobrevivido, seguramente estaría en su habitación.

Harry sujetó a Dorada mientras bajaban las varias tandas de escaleras. No estaba seguro de cómo había subido ella, ni cómo había pasado por la trampilla, pero su intento de bajar sola tuvo a Harry haciendo piruetas para volver a cogerla antes de que tropezara. Le gustaba el tacto de su pelaje suave. Sabía que sus ojos cambiarían de azul a dorado cuando creciera, pero ahora mismo era una monada.

Se paró en seco cuando entró a la cocina por la puerta lateral; estaba hecha un desastre. Platos sucios, tazas, copas y sobras de comida cubrían la mesa. Ni siquiera podía imaginarse lo que había pasado la noche anterior. Sabía que estaba cabreado con Draco por haberlo drogado, pero había poco que pudiera hacer al respecto a estas alturas. Lo más confuso de todo era el olor. El aroma era de humo fuerte, como si los que estuvieron en la cocina anoche vinieran de un edificio ardiendo, y Harry tuvo un flash-back del callejón Diagon.

Dejó a Dorada en el suelo y abrió la puerta trasera para dejarla pasear entre la niebla y el frío de la mañana, mientras él llenaba un cuenco de agua. Estaba a punto de llamar a Dobby para preguntar qué había pasado, pero decidió investigar en la sala de estar antes. Un sentimiento de inquietud lo recorrió. Abrió con cuidado las puertas y no vio nada sospechoso aparte de más regalos bajo el árbol, y la mesa de café cubierta de papeles y envoltorios. O Tonks había dejado el desorden, o había sido Narcissa. Esperaba que fuera Narcissa.

Vio un pequeño envoltorio dorado con un lazo plateado, colgando en una rama a media altura del árbol de Navidad. Se acercó al árbol; el olor a humo superaba incluso el aroma del pino. Un sonido de respiración agitada lo sobresaltó; se volvió, y vio a Narcissa durmiendo en el sofá. Casi dio un salto: tenía un aspecto horrible. Su pelo estaba hecho una maraña, y su rostro, manos y ropa estaban cubiertos de lo que parecía hollín. En las manos tenía la edición matinal de El Profeta. Sólo se veía la contraportada, con publicidad.

Harry no tuvo corazón para despertarla, pues estaba roncando suavemente. Tuvo que sonreír cuando gimió un momento y luego se puso de lado. Cogió una manta de la parte de atrás del sofá-cama y la cubrió; ella se acurrucó entre las cálidas cubiertas. Harry se giró hacia el árbol y examinó el pequeño paquete. Sabía que era de Draco; la etiqueta tenía escrito el nombre de Harry, y conocía la letra perfecta de su pareja. Le dio la vuelta a la etiqueta, y dejó escapar un pequeño sollozo.

Te quiero,
Draco

Harry cogió el paquete de la rama; le cabía en la palma de la mano. Rompió el lazo y el envoltorio, y encontró una nota pegada a la tapa de la caja dorada. Plata dijo que necesitaríamos esto, pero sólo si tú quieres. Las manos de Harry empezaron a temblar cuando levantó la tapa, emitió un jadeo ahogado, y cayó sobre sus rodillas. Sus dedos recogieron dos anillos dorados. Respiró hondo, asustado de dejar que sus pensamientos derivaran hacia el peligroso territorio de la esperanza.

—¿Lo has abierto? —llegó un susurro cansado desde el sofá.

Harry se giró para ver la dulce sonrisa de Narcissa. Tenía los ojos hinchados y enrojecidos. Entonces vio el moretón en su cuello.

—Está... ¿Está vivo? —preguntó Harry, sin llegar a creerse las palabras que salían de su boca.

—Sí —dijo ella, con voz afectada.

—Oh, Dios mío. —Harry sintió que las rodillas no le aguantaban. Volvió a dejar los anillos en la cajita, se llevó dos dedos a la boca, y silbó más fuerte de lo que había silbado nunca.

—¡Señor Potter! —lo regañó Narcissa, y él le dirigió una sonrisa canalla.

—Lo siento, pero necesito ver a mi Plata. Dorada es cuca, pero...

—Pero, ¿qué? —llegaron las palabras arrastradas de la puerta abierta—. Te lo juro, Potter, ésta es la última vez que acudo cuando silbas.

—¿Draco? —susurró Harry. Empezó a marearse, y se apoyó sobre los talones.

—Vaya, Harry, parece que has visto un fantasma —dijo Draco, acercándose a coger una bolita de pelo dorado que campaba a sus anchas por la alfombra y el suelo de madera.

—Tengo que decir que si eres un fantasma, eres uno bastante desarreglado. —Harry no pudo evitar la sonrisa que cruzó su cara. Draco parecía tan agotado y sucio como Narcissa. Su pelo sólo podía ser descrito como salvaje, pero aun así, pensó que Draco nunca había tenido mejor aspecto. Se levantó del suelo y atravesó la sala corriendo. Draco sólo tuvo un momento de aviso, y se preparó cuando Harry saltó a sus brazos y envolvió las piernas alrededor de sus caderas. Draco emitió un pequeño gemido, levantando a Harry y sujetándolo con fuerza por la cintura. La boca de Harry se estrelló contra la del rubio. Su cuerpo y su mente procesaban el sabor, el olor y las emociones a velocidad récord. ¡Draco estaba aquí! ¡Draco estaba vivo! ¡Draco era humano!

—Por el amor de Dios, Potter, deja que el chico respire.

Harry se quedó helado. Draco bajó con suavidad sus piernas hasta dejarlo en el suelo, pero siguió apretándolo con fuerza. Esa voz, ese tono... los reconocería en cualquier parte. Echó un vistazo por encima del hombro de Draco.

—¿Severus? —susurró.

El mago parecía estar en tan mal estado como los otros y la bruja que tenía al lado, a la que reconoció como la propietaria de Pequeñas pociones. Harry se separó con cuidado de Draco, y empezó a dar saltitos sobre los talones, gritando "¡lo sabía, lo sabía, lo sabía!"

Los ojos oscuros brillaron, contrastando con la mueca que cruzó la cara de Severus.

—¿Qué sabías, Potter? ¿que estaba vivo?

Harry se detuvo.

—No, Severus, creía que habías muerto, pero sabía que no te habías rendido al Lado Oscuro.

Severus resopló.

—Señor Potter, estoy seguro de que eso es un intento de halagarme, pero ha fracasado.

Harry se echó a reír y corrió hacia el mago al que una vez detestara. Estiró los brazos y lo abrazó con fuerza. Severus se quedó tenso como una roca, pero consiguió darle una palmadita a Harry en la espalda.

—Yo también me alegro de verte, Harry.

Oyó una suave risa procedente de la mujer junto a ellos. Harry se separó de Severus.

—Gracias —le dijo a la mujer, pero ella se rió suavemente.

—No, señor Potter, soy yo quien debe agradecérselo a usted.

Harry se la quedó mirando, extrañado.

—Harry —dijo Severus con seriedad—, me gustaría presentarte a mi esposa, Arianna Prince.

—¡Ni de coña! —exclamó Harry, sin pensar—, ¡es tu prima!

—No, no lo es; llevamos casados casi veinte años. Fue necesario mantenerla escondida, por razones que conoces muy bien.

La cara de Harry volvió a iluminarse con una sonrisa aún mayor, y alargó la mano.

—Es un placer... Lo siento, no sé cómo llamarla.

—Señora Snape servirá por ahora, pero una vez nos conozcamos mejor, Arianna estará bien —contestó ella, estrechando su mano. Harry se dio cuenta de que también la tenía cubierta de hollín.

Soltó la mano y volvió rápidamente junto a Draco.

—Vas a pagar por drogarme anoche.

Draco pasó un brazo sobre los hombros de Harry, acercándolo hacia sí.

—Créeme, Potter, no te habría gustado estar en un radio de un kilómetro de nosotros anoche. Lo siento, pero...

Harry lo detuvo a mitad de frase con otro beso. Sus manos intentaron enredarse en la larga melena rubia, pero los enredos restringían el movimiento de sus dedos. Las manos de Draco recorrieron la espalda de Harry; el contacto con Draco, sus besos, su pequeño gemido, relajaron cada músculo que llevaba tenso desde esa mañana en el cuerpo de Harry.

—Narcissa, por favor, dime que no son así todo el tiempo —pidió Severus, cogiendo la mano de Arianna entre las suyas y sentándose junto a la madre de Draco en el sofá. Narcissa se enderezó y le echó la manta por encima a Arianna.

—No tengo ni idea, la verdad es que no los he visto juntos desde la primera noche. Lo encuentro bastante entretenido, sin embargo.

Draco se retiró del beso y guió a Harry hacia la silla junto al fuego. Se inclinó sobre la mesa, cogiendo los anillos al pasar. Se sentó en la silla acolchada y tiró de Harry hasta su regazo. De pronto, el moreno se sintió muy consciente de su cuerpo, y se ajustó la bata para asegurarse de que todo estaba cubierto.

—Bueno, ¿quién va a contarme lo que pasó anoche? —preguntó Harry, paseando la mirada por los presentes. Todos los ojos estaban sobre ellos—. ¿Qué?

—Nada, Harry, sólo es peculiar verte sentado en el regazo de Draco —contestó Severus, negando con la cabeza.

Harry estaba a punto de responder cuando oyó un gemidito a los pies de Draco. Se agachó y levantó a la pequeña loba, que se paseó por la bata hasta tumbarse en su regazo y disponerse a echar la siesta. Harry sentía la risa resonando desde el estómago de Draco.

—¿Te gusta? —preguntó.

—Sí, pero no puede reemplazar a Plata.

Draco estiró una mano y acarició la cabecita de ojos soñolientos.

—Tendrá compañía la próxima luna llena.

Los ojos de Harry se iluminaron.

—¿Una inversión? —preguntó, emocionado. Draco se rió con más fuerza.

—¡Merlín! Madre, Severus, ¿os podéis creer que este idiota quiere que me transforme en lobo?

Harry dio un pellizco juguetón en el brazo de Draco.

—Eso es porque Plata me escucha. ¿Con quién voy a hablar ahora, y contarle todas mis tribulaciones?

—Conmigo, imbécil —contestó Draco, y su mano se movió de Dorada hacia las piernas dobladas de Harry.

—Ni lo intentes —le susurró Harry al oído, y dio un rápido lametón a la oreja de Draco.

—Bueno, ¿y qué te ha parecido el regalo que has desenvuelto sin preguntar? —dijo Draco, con tono de reproche. Harry deseó de pronto estar a solas con él, pero también era verdad que no quería volver a ver cómo Severus se iba.

—Me parece que Plata es un lobo muy listo.

Draco buscó la mano izquierda de Harry.

—Bueno, entonces me parece que deberías llevar esto —dijo, deslizando un anillo de oro en el dedo de Harry.

La sala quedó en silencio mientras Harry cogía el otro anillo de la mano de Draco y se lo colocaba a su pareja.

—Sí, creo que sí —dijo. Draco apretó el brazo alrededor de sus hombros con más fuerza, acercándolo hacia sí, y luego se besaron. Harry supo en unos segundos que este beso debería quedar relegado al ámbito privado. Sentía la erección de Draco crecer bajo él, y sabía que esto se iba a convertir en algo embarazoso dentro de poco. Se alejó de mala gana, cogió la manta del respaldo de la silla y cubrió a la loba y su cuerpo rápidamente. Miró a los tres adultos en el sofá con gesto inocente—. ¿Qué?

—Si lo de anoche no me mató, seguro que lo hace estar cerca de vosotros dos —dijo Severus con tono despectivo. Harry no se lo tragó, y le sacó la lengua. Severus miró hacia su mujer—. ¿Por qué diablos se me ocurrió que merecía la pena salvarlo?

Arianna le dio un golpecito en la rodilla.

—Porque, querido, él fue el único que vio y confió en quien eres realmente.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Draco, mientras su mano se deslizaba bajo la manta y cubría la rodilla de Harry. El moreno no estaba seguro de cuánto más podría aguantar si el pulgar de Draco seguía acariciando la parte baja de su rodilla.

Severus bostezó de forma poco característica, y el sonido recorrió toda la habitación.

—Quiere decir que el mocoso que está sentado en tu regazo nunca me pidió nada. Ni juramentos, ni promesas, ni tratos; vio algo en mí cuya existencia casi había olvidado yo mismo.

—Vio tu alma, ¿verdad, Severus? —susurró Narcissa, y Severus asintió sombríamente.

—Sí.

—También vio la mía, y entonces me di cuenta de cuánto había sufrido con el paso de los años —confesó Narcissa en voz baja, aún ronca. Draco miró a Harry, interrogante.

—No los poseíste, ¿verdad?

Harry se quedó mirando a Draco y soltó una risa corta.

—Hostia, ¡no! No tengo ni idea de lo que están hablando. —Luego descansó la cabeza sobre el pecho de Draco. Seguía sin creerse que aquello era real; tenía miedo de despertar en cualquier momento y descubrir que había sido un sueño. Su pulgar izquierdo no paraba de acariciar y girar el círculo dorado en su dedo anular. Respiró hondo cuando sintió la mano de Draco sortear la bata sobre sus piernas y empezar a acariciarle el muslo. Aquello era muy injusto. Necesitaría proporcionarles una distracción.

—Bueno, no quiero ser grosero, ¿pero por qué tenéis todos pinta de no haber dormido y haber sobrevivido a un fuego? La casa huele a humo.

—Hemos ido al infierno y hemos vuelto, ésa es la razón, Harry —contestó Narcissa, y levantó El Profeta—. ¿Quieres oír la historia real o la oficial?

Harry se enderezó para mirar los titulares y la imagen; tanto el lobo como Draco protestaron.

—¡Oh, Dios mío, Narcissa! ¿Resplandor se ha derrumbado? —chilló Harry.

—Sí, Harry, ya no está, pero su desaparición no ha sido en vano. Verás, sin que yo lo supiera, mi ex-marido vino a visitarme anoche, bien tarde, mientras mi hijo y yo estábamos con nuestros buenos amigos en el bar para tomarnos algo en Nochebuena. Lucius no sabía que la tienda estaba tan bien protegida, y fue atacado por una ligresa que lo tomó por intruso. En un intento por quitarse a la ligresa de encima, lanzó unos cuantos hechizos al azar que iniciaron un fuego en la tienda. Minnie escapó por los pelos; la pobre tiene los bigotes chamuscados.

Harry sacudió la cabeza, incrédulo; ésta era, obviamente, la versión oficial.

—¿Y Lucius?

—Abrasado hasta ser irreconocible. Draco y los aurores que estaban de guardia anoche intentaron rescatarlo, pero era demasiado tarde. El funeral será dentro de tres días. Habrá una ceremonia privada —declaró, sin una pizca de tristeza—. Como puedes ver, llevo toda la noche llorando por la pérdida.

Harry se volvió hacia Draco y miró directamente sus ojos enrojecidos por el cansancio.

—¿Estás bien con lo de tu padre?

Draco le sonrió.

—Sólo tú, Potter, podrías preguntar eso. Estoy bien. Ayudaré a enterrar al mago, y haré luto por el padre que podría haber sido.

Harry retiró una mano de debajo de la manta y limpió una mancha negra de la mejilla de Draco.

—Vale, pero siento que tuviera que llegar a eso. —Draco acercó la cara a su mano y la besó suavemente.

—Lo sé.

Harry rompió despacio el contacto visual con Draco y se volvió hacia Narcissa.

—¿Puedo ver el periódico?

Ella se lo pasó. Harry se limitó a sacudir la cabeza cuando vio la imagen de la tienda ardiendo hasta los cimientos. La verja blanca había sobrevivido.

Luego leyó los titulares y el artículo.

 

Tragedia en Nochebuena

Lucius Malfoy fallecido

por Rita Skeeter

En lo que sólo puede describirse como una tragedia navideña, Lucius Malfoy murió anoche en el establecimiento Resplandor del Mercado, propiedad de su ex-mujer, Narcissa Black. Narcissa Black estaba completamente destrozada por la noticia cuando concedió a esta reportera una entrevista exclusiva al salir del Ministerio de Magia esta mañana. Ella, junto a su hijo, Draco Malfoy, y Severus Snape, fueron arrestados por cargos no relacionados con el incidente. Todos han quedado en libertad, pendientes de juicio. En lo que sólo puede verse como ironía, todos ellos están sometidos a arresto domiciliario, lo que en este caso significa que Narcissa, Draco y Severus vivirán durante las próximas semanas con Harry Potter.

Narcissa Black explicó las circunstancias lo mejor que pudo a pesar del velo de lágrimas que caía de su rostro. Su hijo, Draco Malfoy, y su mentor, Severus Snape, que han sido fugitivos desde la muerte del director de Hogwarts Albus Dumbledore, regresaron a Gran Bretaña hace dos días. Ella los alojaba en su piso, en la parte superior de su tienda de velas. Lucius Malfoy, también fugitivo, la contactó el día anterior solicitando que la familia pasara la Nochebuena unida. Ella le informó felizmente de que Draco estaba en casa. Lucius quedó encantado, y le dijo que era hora de que los Malfoy pagaran su deuda pasada. Iba a entregarse en el Ministerio de Magia, y pidió que su hijo hiciera lo mismo. Narcissa sollozó al explicar que no esperaban a Lucius hasta la mañana de Navidad.

En Nochebuena, Narcissa, Draco y Severus fueron a la tienda de Pequeñas pociones para sorprender a Arianna Prince, a quien todos nosotros creíamos prima del antiguo profesor de Pociones. Según se ha desvelado, Arianna ha sido la esposa de Severus Snape durante casi veinte años. Me avergüenza admitir que no he descubierto nunca esta golosina informativa. Narcissa reservó entonces una habitación privada en el bar local, y los otros se reunieron con ella para una pequeña celebración de Navidad.

Todos se sorprendieron cuando oyeron una explosión. La camarera pronto entró a la sala y le dijo a Narcissa que su ligresa, Minnie, estaba en el bar y parecía estar herida. Narcissa se echó a llorar cuando le contaron que Minnie tenía sangre en el bigote y las patas delanteras, y sus bigotes estaban chamuscados. En este punto de nuestra entrevista, Draco Malfoy salió del Ministerio y abrazó a Narcissa, que sollozó en el hombro de su hijo. Debo deciros a todos que Draco ha crecido hasta convertirse en un joven muy atractivo, a pesar de que todo su atuendo y su rostro estaban cubiertos de cenizas. Draco siguió contando los eventos de la noche, puesto que su madre estaba ya demasiado traspuesta.

Por lo que se puede deducir, Lucius Malfoy quería sorprender a su ex-mujer y su hijo en Nochebuena. No era consciente de que ninguno de ellos estaba en su hogar, ni de que una ligresa protegía la tienda. La ligresa, Minnie, aparentemente agredió e hirió a Lucius. Él intentó defenderse con un hechizo Incendio, comenzando así el fuego. Minnie escapó de las llamas, pero dejó al mago herido ardiendo. El grupo de brujas que estaba en ese momento en el bar del Mercado corrió a la tienda para encontrar al Jefe de Aurores Shacklebolt y a la auror Tonks ya intentando apagar el fuego y rescatar a Lucius Malfoy. Todos se dispusieron a colaborar en la tarea, y Draco incluso entró al edificio en llamas para salvar a su padre. Encontró el cuerpo y lo arrastró a la calle. Era demasiado tarde.

Draco Malfoy y Severus Snape se entregaron entonces a los aurores por sus delitos pasados. Narcissa fue arrestada por dar cobijo a los dos magos buscados por la ley. Conseguí deducir que Draco había estado viviendo en Francia, sufriendo la temida fiebre de dragón desde su escape. El abuelo de Draco, Abraxas Malfoy, murió por esta enfermedad, y aparentemente el virus es especialmente peligro para la dinastía Malfoy. Severus Snape era el único que conocía la condición de Draco, y lo visitaba a menudo para tratar la enfermedad. Sólo en las últimas semanas ha llegado Draco Malfoy a la completa recuperación.

Narcissa Black rogó entonces a su hijo que la llevara a casa. Ha estado viviendo con Harry Potter desde la noche posterior al funeral de Albus Dumbledore; él le ofreció santuario.

Kingsley Shacklebolt salió del Ministerio con Severus Snape y la mujer de éste, Arianna Prince. El Jefe de Aurores dijo que los juicios de Severus y Narcissa revelarían que trabajaron duramente para ayudar a Harry Potter durante la guerra. Ya sabíamos, por el discurso bañado en licor de Harry Potter en la Ceremonia de la Orden de Merlín, que Narcissa ejerció de enfermera para muchos heridos durante la guerra. El Jefe de Aurores también cree que Draco no irá a juicio, puesto que sus delitos fueron cometidos cuando era un mago menor de edad, y fue obligado a seguir las órdenes de Voldemort mediante amenazas a su familia. Se administró Veritaserum a Draco para validar la información recibida.

La única alegría en el seno de esta tragedia es la que conseguí vislumbrar antes de que todos ellos se desaparecieran: Nymphadora Tonks entregó a Draco Malfoy un formulario de certificado matrimonial. Desgraciadamente, no pude llegar a ver quién es la bruja afortunada. Sin embargo, puedo decir que recibirá una agradable sorpresa de Navidad.

El funeral de Lucius Malfoy se celebrará el día veintisiete de este mes en la cripta Malfoy, dentro de la propiedad Malfoy en Wiltshire. Será una ceremonia privada, pero me esforzaré por acercaros a la aflicción de aquellos que asistan.

 

Harry dejó lentamente el periódico sobre su regazo y miró los ojos soñolientos que lo rodeaban.

—Yo... yo... ¿Cómo terminó Lucius en Resplandor?

—Madre y yo lo llevamos hasta allí, ya que las barreras aún nos dejaban pasar, una vez Severus y yo nos recuperamos del veneno —respondió Draco. Harry giró la cabeza rápidamente hacia él.

—¿Qué es eso de que os recuperasteis del veneno? —dijo Harry, tan fuerte que sacó a los otros tres de su aturdimiento. Harry siguió hablando con incredulidad—: Si Severus estaba en la Mansión, ¿por qué tomaste el veneno? —Luego se giró hacia Narcissa—. ¿Y por qué los envenenaste a los dos?

—No culpes a mi madre, Potter. Sabía lo que estaba haciendo, y Severus también. Sólo teníamos distintas razones para hacerlo.

Harry miró a Draco como si estuviera loco.

—Fue una cena larga, Harry, y cada uno de nosotros tenía que actuar un papel para que mi padre nos creyera. Pero lo hicimos un poco demasiado bien: yo pensé que Severus se había unido a mi padre y, hasta que servimos el tronco de Navidad, incluso tuve dudas acerca de mi madre.

Severus se rió por lo bajo.

—Ya, y no te olvides de tu papel, Draco. Tenías a Harry maniatado, como un costillar listo para ser presentado ante tu padre en una bandeja de plata.

Harry se quedó con la boca abierta.

—¿Perdón?

Draco se frotó la frente y los ojos.

—Prometo que te contaré todo lo que ha pasado más tarde, pero sólo nos estábamos comportando como verdaderos Slytherin.

Harry lanzó una mirada escéptica a Narcissa.

—¿Cómo pudiste? —Una arruga de tristeza cruzó su frente.

—Severus dijo que podría haber un tratamiento, pero que había dejado de buscarlo, y podrían pasar años antes de encontrarlo. Draco dijo que eso era inaceptable. Tuve que hacerlo, Harry; era lo que él deseaba.

La mente de Harry era un borrón; apenas se le ocurría nada coherente que preguntar mientras intentaba procesar la locura de lo que oía. Miró a Arianna, que se había quedado callada todo el tiempo.

—¿Estaba usted allí?

—Sí, estaba allí. Puesto que Narcissa me había comprado a mí el veneno, sabía que iba a usarlo, pero no sabía con quién. Mis sospechas eran que intentaría derribar a Lucius algún día. Incluso pensé que tal vez lo querría para Harry Potter. Pero fue su comentario anoche, antes del postre... Dijo que yo parecía enferma, aunque no lo estaba, y fue entonces cuando me di cuenta de lo que pretendía. Severus me apretó la mano, y me di cuenta de que él también iba a seguir adelante con su plan. No confiaba en Narcissa, y no se fiaba demasiado de Draco. Quería protegerte a ti, Harry. Supimos entonces que Narcissa pretendía asesinar a su hijo y su marido. No fue hasta que el veneno estuvo repartido cuando descubrimos la verdadera lealtad de Draco. De hecho, lo que descubrimos fue que todos nosotros sentimos lealtad hacia usted, señor Potter.

Harry suspiró.

—¿Y qué pasó entonces?

—Bueno, Lucius se puso hecho un basilisco e intentó estrangularme; Draco lo sujetó hasta que el veneno hizo efecto. Antes de que todos perdieran la consciencia, Draco me pidió que te dijera lo que sentía. Entonces, Arianna sacó dos frascos del antídoto al veneno. Le dije que no, que Draco no quería seguir viviendo como un lobo. Fue entonces cuando me habló de la poción en la que Severus llevaba seis meses trabajando. Estaba en su tienda.

—Os dais cuenta de que estáis todos locos, ¿verdad? —dejó escapar Harry—. Todo esto podría haberse resuelto si hubierais hablado antes.

Severus contestó fríamente.

—Señor Potter, no habríamos podido saber quién decía la verdad. Todos sospechábamos de todos los demás. Todos queríamos protegerlo a usted.

—¡Por el amor de Dios! Podríais haber venido a hablar conmigo. Yo confiaba en los tres, podría haberos dicho que todos erais unos magos y bruja increíbles. Joder, ¡casi os matasteis!

—Bueno, tú tenías dudas sobre mí, Harry —dijo Draco con una sonrisa. Harry le devolvió una mirada de odio.

—Sí, pero tú y yo no tuvimos muchas oportunidades de hablar. Además, no duró mucho. —Harry tragó saliva cuando la mano de Draco volvió a tomar posición bajo las mantas, esta vez bastante más arriba—. ¿Y dónde está Minnie?

—Está en mi tienda. Ella y nuestro maravilloso perro, Sanson, se llevan bastante bien. Cuidaré de ella cuando vuelva a casa, pronto.

—Esa bestia es mitad gárgola, Arianna —mencionó Severus con desdén.

—Esperad, ¿por qué se queda Severus aquí y no contigo? —preguntó Harry. Narcissa rió.

—Su certificado matrimonial está en los archivos y el Ministerio está cerrado por vacaciones, aparte de las emergencias. Tonks consideró que vuestro certificado era más urgente.

—Lo es —añadió Draco con una sonrisa casi pecaminosa—. No estoy seguro de cuánta plastilina de Potter puedo aguantar.

Harry saltó del regazo de Draco, se cubrió rápidamente con la bata, y Dorada bajó al suelo de un salto.

—Pagarás por ese comentario, Draco. Y ahora, ¿por qué no os dais todos una ducha y dormís un poco? Yo limpiaré la cocina y hablaré con Dobby de la cena. No creo que vayamos a cenar con los Weasley... Ay, mierda, a Remus le va a dar un ataque por vivir aquí con tanto Slytherin.

Severus se levantó despacio; Harry se dio cuenta de que los últimos seis meses se habían llevado mucho de él. Sabía que habría más conversaciones sobre Lucius.

—Sobrevivirá, por mucho que me pese. Creo que voy a darme una ducha y una larga siesta. Arianna, ¿vienes?

—Severus —dijo Harry con suavidad—. Bienvenido a casa.

—Es bueno estar en casa, Harry —contestó el ex-profesor con un ligero asentimiento.

Narcissa se desenroscó del sofá y se puso en pie muy lentamente. Lucius debía de haberle hecho bastante daño anoche, según deducía Harry de sus gestos pausados.

—Narcissa —la llamó cuando ya llegaba a la puerta—, eres una bruja increíble.

Ella se giró para guiñarle un ojo.

—Una bruja Black, cariño. Feliz Navidad, Harry, Draco.

—Feliz Navidad, madre.

—Feliz Navidad, Narcissa.

Draco tiró de la mano de Harry para hacer que volviera a sentarse en su regazo. Él se dejó caer felizmente, y los brazos de Draco volvieron a rodearlo. Descansó la cabeza sobre su hombro y se quedaron en silencio. La mirada de Harry pasaba del anillo en su mano al rincón bajo el árbol donde Dorada dormía. Sólo habían pasado unos minutos cuando oyó la respiración de Draco hacerse más lenta y profunda. Harry lo miró y sonrió al ver la cabeza de su prometido echada hacia un lado, y su boca ligeramente abierta. Pronto empezaron los suaves ronquidos.

Harry los apareció a su cama. Sabía que Draco habría preferido ducharse antes, pero eso podía esperar. Tenían tiempo, tiempo para aplazar las cosas. Desvistió al otro mago con cuidado y le puso las mantas por encima. Se tumbó a su lado y se quedó mirando su rostro relajado. Le golpeó entonces la idea de que ése sería el rostro con el que se iría a la cama cada noche y junto al que se despertaría cada mañana. Besó la frente de Draco antes de salir de la cama para darse su propia ducha. Se detuvo junto a la mesita para buscar ropa limpia y vio la vela morada. Se la quedó mirando un momento antes de susurrarlo: Lumos.

 

~*~


Era casi de noche cuando Harry volvió a Grimmauld Place para la cena de Navidad. Los Weasley entendían que tenía una casa llena de invitados de los que cuidar. Era el tema de conversación más comentado dEe la tarde cuando Harry, Remus y Tonks llegaron con los regalos. Harry sólo había tenido unos momentos para hablar con Remus, pero Tonks le había dejado las bases preparadas. Aún parecía un poco cansada. Ambos le felicitaron por su compromiso, y supo que ambos lo sentían de veras.

Harry procuró ver a Ron a solas y contarle toda la historia. No creía ser capaz de olvidar la mirada en los ojos de su mejor amigo cuando le enseñó el anillo: era una mirada de pura aceptación y alegría. A Ron le faltaron las palabras, pero sabía que el pelirrojo entendía que Harry había encontrado algo de paz en el mundo, y eso era muy valioso.

Narcissa había olvidado mencionar antes que se había traído a Grimmauld Place a Kiezy, su elfina doméstica favorita en la Mansión. Entre ella y Dobby, la casa estaba reluciente cuando Harry llegó, y el ganso estaba cocinándose con todos sus complementos. El olor a humo había desaparecido, reemplazado por los aromas típicos de la Navidad.

La casa estaba silenciosa, y Harry se rió para sí pensando que todos los Slytherin estaban metidos en sus camas. Pronto los despertaría para cenar y abrir regalos. No podía evitar sentirse decepcionado por no tener regalos para la mayoría de ellos. Molly lo había mandado a casa con un pastel de crema de chocolate y tarta de melaza para el postre. Sabía cuál de los dos sería la elección de Draco.

Entró en su habitación, que estaba oscura y fría. La única luz era la de la vela. Soltó los regalos de los Weasley y encendió el fuego. Vio que en algún momento del día, Draco se había duchado y había cambiado las sábanas, o tal vez le había pedido a uno de los elfos que lo hiciera. No pudo resistirlo; se quitó los zapatos y calcetines y se tumbó en la cama junto a Draco. Se encontró mirándolo embobado una vez más. Siempre había pensado que la nariz de Draco era perfectamente recta, pero ahora sabía que tenía una ligera inclinación hacia la izquierda. Los pómulos altos y las largas pestañas que descansaban sobre ellos eran pura herencia aristocrática. Harry se sobresaltó cuando los párpados se abrieron de golpe, dejando entrever unas pupilas completamente dilatadas que le devolvieron la mirada.

—Únete a mí —susurró Draco. Harry sonrió.

—¿Eso es una orden o una petición?

Draco levantó un brazo y, poniendo la mano tras la nuca de Harry, tiró de él hacia sí.

—Ambos —contestó, antes de unir sus labios. La suavidad del corto beso lo dejó necesitado de más—. Tenemos que hablar —dijo Draco, con tono serio.

El estómago de Harry dio un vuelco; su escasa experiencia previa con las relaciones le había permitido aprender que tener que hablar nunca era buena señal.

—¿Sobre qué? —preguntó, vacilante.

La expresión de Draco era sombría.

—De la boda. Sabes que nunca te obligaría a ello. No creí que viviría para ver este día. —Harry se mordió el labio inferior. No estaba seguro de querer oír más, pero Draco continuó.

»Apenas nos conocemos, Harry. Ni siquiera sé cuál es tu color favorito, o tu postre.

Harry no podía soportar el terror. Sólo había una cosa importante en ese momento.

—Draco, ¿amas a la parte de mí que conoces?

Draco sonrió, adelantando una mano y apartando el pelo oscuro que había caído frente a los ojos de Harry.

—Sí, pero... —Harry lo detuvo presionando dos dedos contra sus labios.

—Calla, nada de peros. Estoy cansado de la ansiedad, cansado de no saber cómo van a salir las cosas, y de temer lo que está por venir. Draco, ¿no lo ves? Tenemos el final que los dos queremos, y ahora tenemos el resto de nuestras vidas para rellenar el interior.

Draco besó los dedos de Harry antes de retirarlos de su boca.

—Sabes que la gente pensará que te he hecho algo para obligarte a que te cases conmigo.

Harry resopló.

—Como si me importara una mierda lo que piensen. Tú y yo sabemos la verdad y, dentro de unos años, otros también la sabrán.

La cara de Draco se relajó. Sus ojos plateados se iluminaron.

—Entonces, ¿estás seguro de que quieres esto? —Harry asintió.

—Completamente.

Una sonrisa traviesa se extendió por el rostro de Draco.

—¿Y eso de rellenar el interior incluye que yo me corra dentro de ti?

Harry se rió.

—Sí, pero de vez en cuando me parece que habría que invertir eso. —Draco alzó una ceja.

—Creo que eso puede arreglarse. Tal vez podríamos reservarlo para la noche de bodas.

—Bien, porque querré tomarme mi tiempo, y ahora mismo tenemos que prepararnos para la cena.

Draco sonrió.

—Pueden esperar —contestó, y empezó a abrir el cinturón de Harry.

Harry se metió bajo las mantas una vez desnudo. El largo cuerpo que lo cubría hacía que todo el dolor de otros tiempos se redujese. Miró fijamente los ojos plateados con motas doradas; ya nunca tendría que volver a apartar la vista. Éstos eran sentimientos que los amantes compartían con los ojos abiertos.

 

~*~

 

Harry no recordaba una cena de Navidad más interesante. En la Madriguera, la cena era ruidosa y estaba llena de risas y travesuras estúpidas. En Grimmauld Place, con todo lleno de Slytherins, era sencillamente raro. Eran demasiado silenciosos, demasiado formales, y las conversaciones quedaban demasiado forzadas. Tendría que cambiar, y Harry insistiría para que cambiara. Sin embargo, ésta era su familia, y los quería muchísimo a todos.

Se sentían llenos con la cena y estaban descansando en la sala de estar mientras abrían los regalos. Harry les prometió que les conseguiría más regalos para el día de San Esteban (1). Todos le dijeron que no importaba y que se callara la boca.

Los envoltorios y lazos desaparecieron después de que Dorada destrozase todo lo que pudo. Harry se ajustó la bufanda tejida en dorado que Arianna le había dado. Tendría que recordar decirle a Draco que su color favorito era el dorado.

Los elfos domésticos trajeron el pastel de chocolate y la tarta de melaza con platos y tenedores para todos. Narcissa se levantó del sofá y salió con prisas, para pronto regresar con su tronco de Navidad en una bandeja de plata. Lo dejó en la mesa junto a otros postres; Draco, Severus y Arianna se la quedaron mirando horrorizados cuando empezó a cortar porciones.

Draco y Severus eligieron el pastel de chocolate, y Arianna y Narcissa la tarta; sólo Harry cogió un trocito del tronco de Navidad. Se llevó el tenedor a la boca, y entonces se dio cuenta de que todos los ojos estaban sobre él.

—¿Qué?

 

Fin

 



 

Capítulo 14

¿Alguna pregunta? intruderszine@yahoo.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) Día de San Esteban o Boxing Day, el 26 de diciembre. Wikipedia. Vuelve.