Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 13 - Capítulo 15 - Ubicación original

 

El SLYTHERIN SUPREMO (II)

 

Mientras tejía una bufanda dorada, miró desde su silla hacia la ventana delantera para ver a madre e hijo llegar de la nada al punto de aparición, algo apartado de la mansión. Sabía que el señor Malfoy no estaba contento con su familia. Casi se rió en voz alta cuando vio a la ligresa, Minnie, salir de entre los arbustos y seguir a su dueña hacia la puerta. El señor Malfoy se irritaría aún más cuando lo viera. Se preguntó si lo sorprendería que su hijo tuviese un aspecto muy humano en aquel momento. Ella no se sorprendió; no, en absoluto. Dejó las agujas insertas en filas perfectas de puntos y se dirigió al espejo para examinar su apariencia; los falsos mechones grises habían desaparecido de su pelo marrón miel, y por fin aparentaba su edad. Se estiró la túnica lavanda y ajustó por última vez el sombrero. La ramita de acebo blanco que su Severus le había dado era un aporte alegre al color pastel del sombrero.

Se acercó a la puerta principal, que estaba entreabierta. Arianna Prince quería ver y oír las expresiones en los rostros de cada miembro de la familia Malfoy. Oh, sabía que ahora Narcissa había adoptado el nombre de Black, pero el señor jamás reconocería ese hecho. Su conexión con ella sería fuerte hasta que alguno de los dos muriera. Según Severus, probablemente eso ocurriría esta noche. Arianna se preguntó si Narcissa era capaz de ello, si era lo suficientemente Slytherin para llegar hasta el final, o si una vez más fracasaría ante los encantos de su anteriormente amado marido, Lucius Malfoy.

—Arianna, escuchar a hurtadillas no es digno de ti —dijo detrás de ella una voz, fría y tranquila. Se sobresaltó.

—No, ése es tu territorio, ¿verdad, Severus? —respondió con sarcasmo, girándose para enfrentarse al mago. Snape frunció la boca.

—Bueno, ¿vas a obligarme a preguntar?

—Acaban de entrar por la puerta exterior. El señor Malfoy no los ha visto aún, está en el estudio. Estoy seguro de que acabarás en la alfombra cuando descubra que lo sabías.

—Sí —dijo Severus secamente—. No dudo que lo haré.


*****


Draco le dio a la elfina, Kiezy, su abrigo, y luego ayudó a su madre a quitarse la chaqueta. Minnie paseó tranquilamente hasta la chimenea de flu, y se recostó. Habían pasado más de dos años desde la última vez que Draco estuvo en la mansión. Iba mirando los muebles y candelabros de pared que faltaban. Imaginó que estarían en la tienda de su madre. Le echó a Narcissa un breve vistazo; su rostro era inescrutable, y sabía que el suyo propio también lo era.

Se pasó la punta de la lengua sobre uno de los caninos alargados cuando vio abierta la puerta que daba al estudio de su padre. Lo vio pasar al vestíbulo, y sus fríos ojos grises parpadearon una sola vez. Aquella respuesta fue suficiente para satisfacer a Draco. Su padre parecía un poco más viejo; Azkaban no le había sentado bien. Tenía la misma estatura, pero Draco se dio cuenta de que su rostro parecía algo más amarillento. Tenía su bastón en la mano, como esperaba, y estaba impecablemente vestido con su túnica negra formal. Nadie habría adivinado a raíz de su apariencia que era la noche de Navidad.

El sonido de las botas de Lucius resonó sobre el suelo de pizarra mientras se acercaba a Draco y Narcissa. Se detuvo justo en frente de Draco que, para su gran satisfacción, se vio capaz de mirarlo directamente a los ojos.

—Draco, esto es una sorpresa. Esperaba al lobo, y por tanto había encargado cordero crudo —dijo Lucius, y las comisuras de su boca se curvaron ligeramente hacia arriba.

—Estoy seguro de que el lobo lo habría disfrutado, padre, pero yo no participaré. Sin embargo, creo que la ligresa de madre mostrará interés en la oferta.

Los ojos de Lucius pasaron más allá de Narcissa sin reconocer su presencia y se detuvieron en la alfombra junto a la chimenea.

—Me aseguraré de que se hacen los preparativos adecuados —su mirada fija volvió rápidamente a Draco—. ¿Puedo preguntar cuándo ha sido tu cambio?

—Sí, padre, hace unas dos horas, cuando ha salido la luna llena.

Lucius asintió.

—Ah, ya veo. ¿Esto era un secreto del Señor Oscuro? —preguntó.

—Sí, padre, sólo él y Severus lo sabían.

La ceja izquierda de Lucius se alzó rápidamente.

—¿Severus, dices? Vaya, eso es interesante. Me imagino que, ya que has estado alojado en propiedades con marca Potter, él conoce también tu afección, ¿es así?

—Por supuesto, padre, y ahora algunos más. ¿Le inspira preocupación que más personas lo sepan?

Lucius resopló.

—La verdad, Draco, es que tener a un lobo como heredero no es algo de lo que desee alardear.

Draco asintió.

—Sí, comprendo tu posición —Lucius sonrió.

—No, Draco, no creo que comprendas la gravedad de la situación. Lo seguiremos discutiendo durante la cena. Ahora, me parece que es hora de dirigirme a tu madre —se volvió hacia Narcissa, que no había movido un músculo desde que su ex-marido entrara.

»Narcissa, tienes buen aspecto —dijo él, recorriéndola brevemente con los ojos de la cabeza a los pies.

—Como tú, mi señor —contestó ella, sin apartar la vista. Lucius resopló.

—Ya no soy tu señor, ¿no es así? El decreto de divorcio es irrevocable, si no me equivoco —respondió, con expresión de haber mordido una manzana podrida. El rostro de Narcissa se iluminó.

—Ah, Lucius, siempre serás mi señor. Tienes mi corazón y lo sabes; no juguemos a esto delante de nuestro hijo.

La comisura de la boca de Lucius se elevó, junto con una ceja.

—Creo entonces que un beso será acorde a las circunstancias, antes de las explicaciones.

—Sí, mi señor, tengo mucho que explicar, pero creo que estarás complacido.

El hombre abrió los brazos y Narcissa se lanzó a ellos. Draco cerró los ojos y dejó a sus padres disfrutar de la reunión.

La sonrisa fría que Draco conocía tan bien llegó a la cara de su padre cuando se separaron los labios. Significaba que estaba satisfecho, pero que no todo iba bien en el mundo.

—Vayamos al comedor y disfrutemos de la cena en este notable día —dijo Lucius, y se desapareció. Draco y Narcissa lo siguieron rápidamente.

Las cuatro paredes de la sala no contaban con ninguna puerta. Esta estancia estaba en el centro de la mansión, y nadie entraba sin invitación específica de Lucius. Para sorpresa de Draco, estaba decorada por Navidad. Largas columnas verdes con ramitas de cristal cubrían las paredes normalmente desnudas. El gran candelabro de cristal proveía la única luz. La mesa decorada, que Draco había visto preparada docenas de veces, había sido reducida para cinco. Sus padres se sentaron en ambos extremos; él se sentó en el lateral que tenía una sola silla y se quedó mirando los dos asientos vacíos.

—Sí, espero que no os importe: tengo invitados —dijo Lucius con un matiz de satisfacción.

—Qué encantador, ha sido muy considerado por tu parte —comentó Narcissa. Draco sabía que su madre era lo suficientemente inteligente como para no preguntar de quiénes se trataban.

—¡Kiezy! —bramó Lucius.

Pop.

—¿Sí? ¿El amo necesita algo?

—Comunica a nuestros invitados que estamos listos y la cena está a punto de servirse.

—Sí, amo.

Pop.

La curiosidad de Draco estaba encendida, pero su expresión se revelaba casi aburrida. Llegó el sonido de la aparición cuando un mago con túnica formal oscura y una bruja vestida de lavanda llegaron. Se maldijo a sí mismo en silencio por aclararse la garganta audiblemente al reconocerlos.

—Severus, Arianna, por favor, tomad asiento y uníos a mi familia en la celebración de Nochebuena —dijo Lucius fríamente, toda su atención dirigida a su hijo. Lentamente, se volvió hacia Narcissa.

—Narcissa, creo que ya conoces a Arianna.

—Sí, mi señor, y nos hemos visto bastante a menudo durante los últimos meses. —Lucius puso cara de desagrado.

—Sí, ya me imagino que lo habéis hecho, puesto que vuestros establecimientos están tan cerca. De verdad, Narcissa, ¿tenías que hacer algo tan ordinario?

Draco vio a la mujer que tenía delante parpadear rápidamente, consciente de haber sido insultada.

—Sí, mi señor, todo se ha realizado con un propósito último.

Lucius alzó una ceja; Narcissa había captado su atención.

—Draco, ésta es Arianna Prince, la esposa de Severus. —Fue el turno de Narcissa de aclararse la garganta—. ¿No sabías eso, Cissa? Dime que no los has creído primos todos estos años. Me encuentro muy decepcionado contigo.

—Yo, sin embargo, estoy muy orgulloso de que Arianna haya guardado tal secreto —intervino Severus, casi con un tinte de satisfacción. Draco quería coger la copa de vino que tenía delante, pero no lo haría hasta que su padre diera el primer sorbo de la suya.

—No hemos sido formalmente presentados, pero sí nos cruzamos el mes pasado —dijo Draco—. Es un placer conocerla. Disculpe, ¿cómo desea que me dirija a usted?

—Es mi mujer, Draco. La llamarás señora Snape.

Draco asintió.

—Es un placer, señora Snape.

La bruja sonrió, y Draco comprendió la atracción que Severus podría haber sentido hacia ella. Era pequeña, pero aparentaba fuerza y, especialmente, digna de confianza. No es que Draco confiara en ella ni por un momento.

—Draco, te has convertido en un hombre bastante apuesto, ¿no es así, Severus?

El profesor puso una mano sobre la de Arianna.

—Sí, Draco, tienes mucho mejor aspecto que la última vez que te vi —dijo, con aire despectivo. Lucius soltó una carcajada.

—Draco, ¿qué demonios te ha poseído para obligarte a venir esta noche? ¿Creías que tenía sitio para ti entre mis filas? Yo, a diferencia de tu antiguo maestro, no tengo necesidad de compañía.

—Eso es cierto, Lucius —intervino educadamente Narcissa—. Yo siempre he estado a tu lado.

La actitud de Lucius cambió en un segundo, y de pronto miró a Narcissa duramente.

—Sin embargo, mi querida esposa, yo no comparto con calaña como Kingsley Shacklebolt. —Unos cuencos de cerámica verde con sopa de calabaza aparecieron, con una generosa porción de crema por encima.

»Feliz Navidad, amigos y familia; creo que esta Nochebuena será una noche difícil de olvidar. —Los demás alzaron las copas y brindaron. Draco bebió con agradecimiento el primer sorbo del burdeos.

»Hay tantas cosas que discutir... —siguió Lucius, sarcástico—. ¿Por dónde empezamos? Ya sé: Severus, ¿por qué no me hablaste de la transformación de mi hijo? Hemos pasado juntos los últimos seis meses, y no llegaste a proveerme de esta información. Sigo pensando en cuáles deben ser las repercusiones de tal insolencia.

Severus bajó su copa.

—Mi señor, sabes que estoy bajo un Juramento Inquebrantable con Narcissa.

—Sí, sí, pero eso terminó cuando nos liberaste del viejo.

—No, no lo hizo. —Severus suspiró pesadamente—. Verás, Narcissa se comportó de forma tan astuta como suele e introdujo el término de que no debía permitir que Draco sufriera daño alguno. Opino, y corrígeme si me equivoco, que habrías matado al lobo de haberlo sabido. Creo que era, y es, una humillación para ti. Si hubiese permitido que eso sucediese, yo también habría muerto.

Lucius bajó la copa y le dirigió una pequeña sonrisa pícara.

—Ya veo. Así que, una vez más, estabas sólo cuidando de ti mismo.

—¿Y eso te sorprende, mi señor? —Lucius negó con la cabeza.

—No, Severus, no lo hace. Es lo que esperaba de ti. Sin embargo, Draco, ¿por qué estás en el hogar de Harry Potter?

—Yo también puedo contestar a eso, mi señor —intervino Severus antes de que Draco pudiese responder—. Le envié una nota al señor Potter pidiéndole que rescatara al lobo. Sabía que Narcissa estaba con él, y que Potter haría lo posible para conseguirlo. No se me ocurrió una protección mejor que estar con el señor Potter y con su madre, lo que significaba que mi vida ya no consistía en tiempo prestado. Había cumplido mi promesa.

Todos se concentraron en comer en silencio. Cuando los platos desaparecieron, Lucius se volvió hacia Narcissa.

—Y tú, Narcissa, ¿qué haces en Grimmauld Place? No te sorprendas, sé que has estado allí.

—No me sorprendo, mi señor. He estado ahí con el objetivo de salvar mi propia vida, como haría todo buen Slytherin. Me ofreció santuario. Draco había fracasado en su tarea, y yo temía que el Señor Oscuro hiciera honor a su amenaza.

De la nada apareció una pequeña ensalada con langosta y vinagreta de frambuesas. Lucius resopló.

—Sí, eso está muy bien, pero no explica tu comportamiento reciente. ¿El divorcio, Narcissa? Eso ha estado completamente fuera de lugar.

Draco vio fuego en los ojos de su padre. Observó su mano diestra atentamente; sentía los instintos protectores del lobo hacia su madre inundarlo. Echó un vistazo sobre la mesa hacia Severus; el otro mago evitó mirarlo a los ojos.

—Mi señor, te conozco bien, y si estoy en lo cierto, entonces mi sacrificio habrá merecido la pena.

—¿Tu sacrificio? —escupió Lucius—. Tu sacrificio te ha dejado en la portada de El Profeta con ese traidor a la sangre de Shacklebolt.

—Padre, permite que hable. Su razonamiento es sólido —gruñó Draco.

—Draco —Lucius se rió—, tu preocupación queda grabada, pero tu sola presencia me hace perder los nervios. No me provoques.

—Mi señor, sabía que Severus tenía una misión de la Orden del Fénix para encontrarte. Eso sólo significaba para mí que estabas desaparecido, y probablemente tenías razones para creer que el Señor Oscuro probablemente fracasaría. Di por hecho que querrías volver y ser el próximo Señor, el siguiente líder en la batalla por librar a nuestra comunidad de los sucios sangres sucia y su calaña. Vi un fallo en tu plan, sin embargo: ningún lado confía en ti. Necesitas que tus bienes vuelvan a la comunidad.

—Narcissa, ¿todo este cotorreo nos lleva a algún sitio?

—Sí, mi señor. Yo soy tu camino hacia el lugar que te corresponde. Me he ganado un nombre, la gente me quiere y confía en mí; me he integrado en su sociedad. Los he manejado como a un arpa, especialmente a Potter y Shacklebolt, quien, como sabrás, probablemente sea nuestro próximo ministro de Magia. Y ahora dime, Lucius, ¿no te vendría bien que yo estuviera a su lado, pasándole información sobre los cambios en tu persona? La comunidad escucha tanto a Harry Potter como a Kingsley Shacklebolt, y debería añadir que ninguno de los dos puede comprarse con dinero. Puede interesarte el hecho de que ha sido a través de él y la Orden que hayamos sido capaces de reunirnos esta noche. Estaba pensando en empezar mañana a indicar sutilmente el cambio que he visto en ti.

Lucius dio un largo sorbo de vino.

—Muy bien, Narcissa, debo admitir que estoy impresionado, pero no me gusta la idea de que te vendas a ese hombre, ministro o no.

—Mi señor, sigues siendo el único hombre que me ha tomado. Es la promesa lo que hace a los hombres complacer a las mujeres, ¿no es así? —dijo ella con una sonrisa traviesa. Los hombros de Arianna empezaron a temblar; se tapó la boca con una servilleta roja.

—Sin embargo —siguió Lucius—, seguimos divorciados.

—Lo reconozco, mi señor, pero eso también significa que puedes volver a casarte y tener un heredero, pues nuestro hijo no cumplirá ese papel. Seguiré a tu lado, y compartiré tus sábanas.

Los platos de ensalada desaparecieron, y llegó el plato principal: carne de venado, patatas nuevas, y pequeñas hortalizas.

—Entonces, cuéntame, Severus, ¿qué opinas de lo que ha hecho Narcissa? ¿Debo permitirle conservar su vida? ¿Debo permitir que vuelva a entrar en mi cama?

Severus sonrió y alzó la vista.

—Mi señor, opino que ha demostrado ser una digna Slytherin. Estoy ciertamente impresionado. Como discutíamos, la caída del Señor Oscuro fue su arrogancia. La gente te seguirá. Tienes su atención, y necesitarán una alternativa en el Ministerio cuando los vuelva a decepcionar. Kingsley Shacklebolt puede ser un ministro formidable, pero no es inmune a la seducción del poder; nadie lo es. Narcissa tiene razón: en este momento, la comunidad no sabe qué pensar de ti. Creen que dejaste al Señor Oscuro, pero no conocen tu razonamiento. El plan de Narcissa te ayudará a lograr tus objetivos. No comentaré sobre la última pregunta; ése no es asunto mío.

—El gato no es bienvenido aquí, Narcissa —dijo Lucius, con tono neutral.

Draco sabía que su madre estaba ahora en buena posición respecto a su padre. Se llenó la copa con más vino.

—Padre, ¿puedo preguntar qué tienes en mente para tus seguidores?

Lucius suspiró.

—No es asunto tuyo, Draco, pero se lo contaré a los demás. Severus, por supuesto, ya lo sabe. He reclutado a docenas de seguidores en el continente. Están en lo que podrían llamarse células durmientes; también hay en torno a una docena aquí. Bajo mis órdenes, atacarán de manera aleatoria para librar a la comunidad, en primer lugar, de los traidores a la sangre. Una vez ellos no estén, los sangre-sucia serán los siguientes. Por el miedo, y sin la protección de Dumbledore, no volverán a entrar en la comunidad.

—¿Y qué hay del señor Potter, mi señor? —preguntó Arianna—. Puede no tener la sabiduría de Dumbledore, ni tanto poder, pero es querido por la comunidad. Será una fuerza a considerar una vez descubra que ha sido traicionado.

—Veo que has enseñado bien a tu esposa, Severus.

—No le he enseñado nada, señor.

El resto del plato principal pasó en silencio. Una vez los platos desaparecieron, Lucius volvió a hablar.

—Veo el problema con el señor Potter; es una carta impredecible en esta partida. Severus, tú llegaste a llevarte bien con el mocoso, ¿qué opinas? ¿Nos causará problemas?

—Esta vez no hay profecía que lo arrastre a una confrontación, esto es, si descubre que tú estás detrás de todo. Aunque sea fácil engañarlo, por eso de que le gusta confiar en lo mejor de la gente, se volverá contra ti si se siente traicionado. Es tan probable que te ataque personalmente o que lo haga a través de los medios.

—¿Y tú, Narcissa? ¿Qué opinas?

Llegó el queso stilton con trozos de pera, con nueces troceadas esparcidas por encima.

—Harry Potter no será un problema, mi señor. Sé que hemos diferido en opinión sobre nuestro hijo, pero él solo ha hecho ahora el doble de lo que ningún otro podría hacer. No sería inteligente dejar tal punto muerto al azar. Draco lidiará con Harry Potter.

Draco, que mordisqueaba el queso ácido y la pera, fue repentinamente consciente de que todos los ojos estaban sobre él. Una parte de él sonrió de satisfacción. Era tan poderoso como lo que sintió cuando logró restaurar el armario evanescente.

—Draco —dijo Lucius, arrastrando las palabras—, ¿querrías ilustrarnos en el asunto al que se refiere tu madre?

—Severus está en lo cierto: la debilidad de Harry Potter es la misma que la de Dumbledore, ve lo bueno de casi todo el mundo. Llega mucho más lejos que el viejo, sin embargo; cree que si hay bien, puede haber amor, y que el amor y el odio no pueden coexistir.

—Draco, ¿qué has hecho? —preguntó Severus, en voz baja. Draco echó un vistazo rápido al hombre que una vez esperó pudiera ayudarle. Era la primera vez que sus ojos se encontraban. Los ojos oscuros no reconocieron emoción alguna, pero fue la ausencia de parpadeos lo que Draco reconocíó como preocupación.

Las palabras salieron de la boca de Draco sin trazas de arrogancia ni orgullo.

—Me he emparejado con él.

Fue el único momento de su vida en que dejó simultáneamente anonadados a los dos magos que habían controlado tanto de su vida anterior. Veía a su padre combinando dos ideas en la cabeza: la primera, que su hijo era gay; y la segunda, que un licántropo podía influenciar, si no controlar, a su pareja.

Draco recogió la copa.

—El vínculo es fuerte, incluso he tenido que sedarlo antes de venir aquí hoy. Potter me es leal. —Dio un largo sorbo del vino tinto y esperó con paciencia alguna respuesta. No hubo ninguna, así que continuó:

»Tanto el Ministerio como el Señor Oscuro intentaron controlarlo, pero fracasaron y, si me permitís añadirlo, miserablemente. A Harry Potter le importa bien poco el poder, pero se pone las gafas color rosa cuando se trata de aquellos a quienes ama. Sería más fácil, obviamente, controlar mi posición si se me curara. Siento curiosidad, Severus, ¿has encontrado esa poción?

Las comisuras de los labios de Severus se curvaron.

—No, Draco, dejé de investigar el asunto una vez supe que estabas a salvo. El juramento no me obliga a llegar más allá de ciertos límites.

—Lástima —contestó Draco—. Pensé que tú en particular habrías podido predecir este resultado. —El comentario alivió la mirada penetrante que le estaba lanzando su padre, pues el descontento se dirigió a Severus.

—Severus, ¿sabías que tanto mi hijo como Harry Potter eran homosexuales, y enviaste a mi hijo a vivir con él? —escupió Lucius, perdiendo cualquier pretensión de mantener sus emociones en orden.

Snape dirigió una mirada de reproche a Draco, que le devolvió una sonrisa; la satisfacción de ver tanto a su padre como a Severus perder su tan reconocida compostura merecía sufrir la degradación por la que su padre le había hecho pasar.

—Sí, Lucius, sabía que tu hijo era gay, pero nunca imaginé que él y el señor Potter pudieran atraerse el uno al otro. El desprecio que sentían en sus días de Hogwarts debía compensar la situación. Después de todo, el hecho de que ambos prefieran el mismo sexo no significa que tengan que sentirse atraídos.

—Severus, ten cuidado con la manera en que te diriges a mí —advirtió Lucius—. Puedo comprender tu insensatez, pero eso no es de mi interés. Pero cuéntame, ¿hasta dónde llegaste en la cura de mi hijo?

—No hay cura —contestó Severus con satisfacción. Draco respiró hondo—. Sin embargo, podría haber un tratamiento. Creo que podría llegar a invertir la condición, con el tiempo: sería un lobo durante la luna llena, y humano el resto de los días.

Draco agradeció la gruesa alfombra bajo la mesa; el taconeo de sus pies no se oía.

—Eso sería aceptable —dijo, lentamente y sin una traza de la emoción que sentía.

—No creo que la decisión te corresponda a ti, Draco —dijo Severus con un toque burlón—. No estoy seguro de que el señor Malfoy lo pueda encontrar aceptable, dado que podría llevar años.

Draco esperó la respuesta de su padre, que examinaba los ojos de todos los presentes.

—Sería aceptable; podemos mantener escondido al lobo hasta ese momento. Sin embargo, ya no será mi heredero. Creo que me gusta bastante la idea de hacerme uno nuevo.

Draco se llevó rápidamente la copa a los labios.

—No, no es aceptable —susurró por lo bajo. Su madre le dirigió una mirada dura por el rabillo del ojo. Sabía que a Draco no le importaba ser el heredero tanto como el hecho de permanecer escondido. Él le devolvió una mueca de asco.

Lucius empezó a reírse, sinceramente. Era una visión poco común para los asistentes.

—Vaya, debo decir que esta noche ha resultado ser mucho mejor de lo que esperaba. Narcissa, te quedarás aquí esta noche, y Draco, tú puedes volver a Grimmauld Place. Pensaré larga y profundamente sobre tu situación, pero mientras tanto, es mejor que mantengas a Harry Potter junto a ti.

—Sí, padre. Gracias, padre. Espero ansiosamente el momento de unirme a ti.

Los platos de fruta y queso desaparecieron. Una botella de champán tomó el lugar de las botellas de vino junto a Lucius. Las copas se intercambiaron por vasos alargados. Lucius abrió con cuidado la botella, dejando salir el corcho sin apenas un gemido de aire huyendo. Fue metódico al poner cada vaso a un lado y echar el líquido burbujeante. El hecho de que fuera Lucius quien les sirviera no se perdió: él, el nuevo Señor, les daba la bienvenida a su reino.

—Arianna, ¿te encuentras bien? Pareces un poco pálida —dijo Narcissa, mirando a la bruja de su derecha.

El movimiento de la mano de Severus hacia la de su esposa no le pasó desapercibido a Draco; vio el tierno apretón y un sutil asentimiento.

—Me avergüenza decir que mi estómago está algo revuelto. —Arianna se volvió hacia Lucius—. Mi señor, no pretendo ofender, pues la cena de la que nos ha provisto ha sido exquisita, pero suelo comer de manera sencilla. Mis disculpas, pero la riqueza de estos manjares...

Lucius asintió.

—Lo comprendo, Arianna. Cuando volví tras mi estancia en Azkaban, me llevó un tiempo reajustarme.

—Lucius, ¿puedo pedirle a Kiezy que le traiga un poco de té de especias? —Lucius asintió.

Draco observó a los comensales atentamente mientras daba sorbos al alcohol carbonatado y esperaba que la elfina volviera con el té. El centro de mesa floral se vio reemplazado por una larga bandeja plateada con los postres de la noche. El tronco de Navidad (1) estaba magistralmente decorado. Las setas con merengue y hojas verdes con arándanos, colocadas expertamente. Era, con diferencia, lo mejor que Narcissa había hecho, y según conocimiento de Draco, el único plato que horneaba ella misma. Era una tradición que había aprendido en el regazo de su madre. Draco olía la tarta de chocolate desde el asiento, y el relleno de crema mocha sólo se sumaba a su anticipación por lo que estaba a punto de probar.

Narcissa cortó un trozo para cada uno, dándole a Draco el más grande. Lucius alzó una ceja, y ella se encogió de hombros.

—Tu hijo ansía el chocolate en su forma humana.

Lucius asintió. Los tenedores cortaron el pastel enrollado y su relleno, y se acercaron a las bocas. Un repentino chillido de dolor vino de la boca de Arianna. Narcissa se levantó de un salto y se acercó a ella. El ardiente té derramado le había quemado el brazo. Severus la miró con gran preocupación.

—¿Estás bien, cariño?

—Sí, es sólo una pequeña quemadura, mis manos no están muy estables. Mis disculpas a todos.

—Nada de eso —contestó Narcissa—, esto te lo curo en un segundo. —Narcissa sacó la varita de su túnica roja y la pasó sobre la ampolla—. Ahí tienes, amiga —dijo, tomando asiento y cogiendo el vaso alargado.

Severus empezó a reírse. Lucius y Draco lo miraron, curiosos. El profesor de Pociones no era precisamente conocido por su jovialidad. Tomó otro trozo de pastel, y se lo comió lentamente antes de hablar.

—¿Cuál es la otra poción, Narcissa?

La aludida terminó su champán y dejó el recipiente vacío sobre la mesa antes de contestar.

—Es una poción que inventó mi madre; la usaba en las tres hijas cuando nos portábamos mal. Bella solía ser el objetivo. Se llama Bloqueo de magia negra. Impide el uso de la magia durante un breve periodo de tiempo.

Severus volvió a reírse.

—Me parece que los diez minutos que tenemos encajarán perfectamente en ese espacio de tiempo.

Narcissa asintió.

—No logro captar el chiste, Severus, ni por qué ibas a añadir una poción así, Narcissa —dijo Lucius, con una mirada fulminante a su mujer.

—Ha envenenado el pastel, Lucius. Tenemos unos diez minutos hasta que tú, Draco y yo estemos muertos —dijo Severus, llevándose la servilleta a la boca para limpiarse los restos—. Debo admitir que no creí que fueras a hacerlo realmente. ¿Lo has planeado tú misma?

—No, Severus, ha sido idea de Draco. Tú no eras el objetivo; era su padre a quien deseaba matar.

En un momento, Lucius saltó de la silla, sobre la mesa, avanzó sobre ella y aterrizó sobre Narcissa, lanzando a ambos al suelo. Sus manos se colocaron sobre el cuello de su ex-mujer.

—¡No! —chilló Draco, echándose encima de su padre y tirando de los brazos de Lucius hasta mantenerlo sujeto—. ¡No te atrevas a volver a tocarla, cabrón! —escupió—. Me has subestimado, pero ya no más, padre, nunca más. Vas a morir conmigo, y piensa en cómo nos dará la bienvenida el infierno a los tres. Aunque me parece que tu llegada será la más celebrada.

—¿Por qué, Draco? ¡Está todo en nuestras manos! ¿Tan estúpido eres? —Lucius se enfurecía mientras luchaba por liberarse. La fuerza de Draco le daba poca tregua.

—No, no soy ningún estúpido, padre; estoy cumpliendo tu sueño de hacer que el apellido Malfoy sea uno del que estar orgulloso. Tú ibas a llevarlo al lodo una vez más. —Draco sacó los dientes—. Odio ser un lobo, y Harry estaba equivocado, se puede amar y odiar al mismo tiempo, porque eso es lo que siento por ti.

—Narcissa —jadeó Lucius, más débil—. Para, para esto ahora mismo. Sabes que te quiero, sabes que me quieres.

Narcissa se echó hacia atrás en la silla y se rió.

—Oh, Lucius, el estúpido eres tú. No me has amado desde hace años. Yo, por otra parte, creí que te amaba, y, ¿sabes por qué? Porque nos arrastraste a mí y a esta familia tan bajo que pensé que debía quererte si me permitía a mí misma llegar hasta ahí. Pero aprendí, mi querido esposo, que no te amaba; sólo era una bruja estúpida sin respeto propio. Mi amor, has jodido a una bruja Black. Deberías habértelo pensado mejor.

—¿Severus? —susurró Lucius—. Te lo has tomado de todas formas, ya lo sabías.

Severus negó con la cabeza y sujetó con fuerza a Arianna, que sollozaba sobre su hombro.

—No, Lucius, lo sospechaba, pero ya no importa, porque habría muerto en cualquier caso, de no seguir mis sospechas y no impedir que Draco comiera. El Juramento Inquebrantable habría reinado.

—¿Por qué? —preguntó Lucius, luchando por respirar.

—Nunca lo entenderías —susurró Severus, con voz ronca.

—Madre —dijo Draco, girando la cabeza para mirarla; su voz se debilitaba, y sus ojos se llenaban de lágrimas—. Díselo.

Narcissa se mordió el labio inferior; sus lágrimas se juntaron con las de su hijo.

—Ya lo sabe, amor mío. Lo sabe —dijo suavemente.

Draco debilitó el agarre sobre su padre, y ambos se derrumbaron sobre el suelo. Severus se acercó a su mujer y cerró los ojos.

—Narcissa —susurró Arianna—. ¿A quién quiere tu hijo decirle algo? ¿Y qué es lo que sabe?

Narcissa sonrió amargamente.

—Es Harry Potter, y sabe que mi hijo lo ama. Éste es el regalo de Draco para él, para que Harry nunca tenga que volver a enfrentarse a otro mago oscuro.

Arianna sollozó mientras besaba a su marido, cuya cabeza caía en su regazo. Extendió la mano hacia la túnica negra, buscó el bolsillo, y cogió dos frasquitos. El líquido era dorado.

—El antídoto al veneno —dijo suavemente—. No sabía qué planeaba Draco; él también quería proteger a Harry Potter. Ha estado con Lucius, observando sus planes y a sus seguidores. Lo habría matado, llegado el momento.

—Arianna, lo siento. No puedo darle a Draco el antídoto —sollozó Narcissa—. Mi hijo deseaba morir. Debo respetar sus deseos.



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(1) Tronco de Navidad: El tronco de Navidad, tronco navideño o (en francés) bûche de Noël es un postre tradicional servido durante las navidades en diversos países europeos. Es oriundo de Francia, gozando de especial popularidad en éste y otros países de influencia francófona. Como indica su nombre, el postre suele prepararse, presentarse y decorarse de forma que parezca un tronco listo para la chimenea. Fuente: Wikipedia. Vuelve.