Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 10 - Ubicación original

 

EL GIRATIEMPO (II)

 


La Taberna del Giratiempo

Las patronas se giraron cuando la puerta del Giratiempo se abrió y dos viajeros cubiertos por capas entraron a la sala: una era obviamente una mujer noble, por el aire de elegancia con que se movía, y de su brazo iba un joven caballero más alto que ella.

La mujer echó un vistazo al interior de la taberna con sólo un indicio de desprecio; parecía encontrar ligeramente divertida la situación, la reunión de gente que observaba a las figuras que luchaban sobre el ring de barro en medio del escenario de madera.

—Merlín, madre, ¿dónde demonios estamos? ¿Quién es toda esta gente? —susurró Draco al oído de su madre. Ella elevó la mano, como desechando su curiosidad.

—Ya te lo he dicho, son las dueñas de los establecimientos. Acuden aquí para viajar a distintas épocas. Me imagino que esto es Norteamérica a finales del siglo XVII.

—Madre, hay hombres semidesnudos luchando en el barro. Joder, están semidesnudos. Por favor, dime que tú no participas en estas aventuras.

Narcisa alzó la mirada hacia su hijo.

—Draco, soy una bruja adulta, no toleraré que me digas qué puedo o no puedo hacer. —Narcissa se acercó a la barra, dejó el dinero en el lugar indicado, y recogió el giratiempo cuando apareció junto a su mano.

Incluso bajo la capucha en sombras, se la podía ver bien concentrada, con los ojos cerrados.

Los árboles desaparecieron lentamente, las luces se atenuaron como si el sol acabara de decidir que se iba a poner y a colocarse en el perfecto ángulo del crepúsculo. Los gruñidos y gritos de la lucha se vieron reemplazados por los suaves sonidos de la música: teclas de piano apaciblemente pulsadas y los tonos bajos de un saxofón.

Empezaron a levantarse unas paredes a su alrededor: eran de un verde bosque oscuro, y la barra estaba adornada con latón.

Todos los ojos se clavaron en la misteriosa pareja de la entrada, y su transformación se hizo evidente antes de que los propios habitantes del Giratiempo se dieran cuenta de los cambios en su propia apariencia. La capa y la capucha de la mujer desaparecieron, para ser sustituidos por un elegante vestido largo. Una gruesa capa sencilla cubría sus hombros y llegaba hasta el suelo, donde se arremolinaba a sus pies. Su pelo color platino estaba apretadamente recogido en docenas de elegantes tirabuzones que enmarcaba su pálido rostro, que sólo estaba decorado por un toque de colorete y los labios ligeramente rosados. Su edad era difícil de adivinar, pero sin la cabeza cubierta, quedaba claro que era probablemente la madre del chico que llevaba al brazo.

La apariencia de éste, por supuesto, también cambió, aunque la transformación no parecía tan drástica. Su capa se esfumó, dejando ver la melena plateada que había estado ocultando. Los pantalones oscuros que se vislumbraban bajo ella seguían ahí, pero ahora llevaba también una chaqueta de traje oscura con amplias solapas, abierta para enseñar unos tirantes sobre la camisa blanca. Una ligera sonrisa adornaba su cara, iluminando la sala mientras él se inclinaba para decir algo al oído de su madre y la besaba suavemente en la mejilla.

Ella lo miró mientras se abría paso por la estancia, igual que hizo el resto de presentes. Era obvio que le dolía la cadera; también era obvio que era demasiado orgulloso como para mostrarlo. Se detuvo y habló con los músicos un momento antes de seguir avanzando hacia la barra. El jazz clásico llenó el aire con sus sonidos suaves y embriagadores.

Su madre se lo quedó mirando sólo un momento antes de empezar a echar vistazos preocupados hacia la puerta. Parecía bastante impaciente. Miró la mesa de clientes y dio un paso adelante con vacilación, como preguntándose si debería unirse a ellos. La pregunta quedó respondida cuando la puerta se abrió para dejar entrar una fría ráfaga de viento y señalar el contorno de un hombre, de pie en el marco. Cuando los ojos de las patronas se ajustaron a la luz exterior, vieron a un joven entrar a la sala, la túnica que llevaba transformándose en una larga gabardina. Se rió suavemente mientras se la quitaba, y la dobló sobre el brazo para dejar ver un traje color burdeos parecido al del otro caballero. Se pasó una mano por el cabello oscuro, despeinándolo aún más de lo que estaba, antes de inclinarse para besar a la mujer en la mejilla.

—Bonito toque, Narcissa. ¿Qué época es ésta?

Narcissa le devolvió el gesto.

—Los sesenta, es un pub de jazz. Deberías haber visto la expresión de Draco antes del cambio. Las brujas estaban luchando con colonos e indios americanos en el siglo XVII estadounidense.

Harry se rió con ganas; era un contraste respecto a la música que sonaba. Se volvió y le guiñó un ojo a Narcissa antes de avanzar hacia la barra donde esperaba Draco. Rodeó con cuidado un charco de barro; al parecer, la taberna aún tenía algunas deficiencias que superar.

Harry se sentó en el taburete recubierto de cuero que Draco tenía al lado, y éste le pasó un poco de whiskey. Las patronas no se dieron cuenta de que sus dedos se rozaban un segundo.

Una bruja se acercó a la barra, llevando un vestido corto que alternaba blanco, morado y negro. Estaba tirando de él como si intentara cubrirse los muslos. Draco echó un vistazo a las pequeñas botas de gogó y se giró para mirar a Harry; ambos sonrieron y sacudieron la cabeza.

—¡Camarero! ¡Tequila, por favor! —dijo la bruja, tirándose otra vez del vestido—. Hmmm. Al parecer, el Giratiempo ha decidido que no soy tan sofisticada como otros —dijo, asintiendo hacia Harry y Draco. Ambos le dedicaron una sonrisa.

—Es la dueña de la tienda donde compramos tu collar y correa —susurró Harry al oído de Draco cuando ella se alejó—. Creo que no están hechos para perros.

—¿En serio? —Draco parpadeó—. Bueno, al menos es cuero de verdad, y no imitación, como esas botas.

Harry asintió y ambos compartieron una sonrisa cómplice.

Las brujas estaban reunidas en torno a una gran mesa semicircular, sentadas en sillones rojos. Una gran bolsa de palomitas pasaba de unas manos a otras.

—Nos están mirando, Harry —dijo Draco en un susurro, removiendo su escocés con la pequeña pajita.

—¿Ves a la chica joven que te está echando el ojo? Es la dueña de la librería. Ah, y la de las armas es la promotora. Narcissa dijo que tuviéramos cuidado con ella.

—Hmm, ¿cuál de ellas tiene al gatito en miniatura?

—La de las botas.

Draco se lamió los labios lentamente.

—Plata cree que sería un buen aperitivo.

Harry dejó la bebida en la barra para no tirarla y empezó a reír. Justo entonces, la bruja de las botas abrió el bolso y pareció acariciar algo dentro.

De repente, Draco se vio lanzado hacia el charco de barro, arrastrado por una fuerza mágica; se agarró a Harry buscando recuperar el equilibrio y lo tiró con él.

—Al menos ahora hay una razón para que os los quedéis mirando —dijo una pequeña bruja, mirando a sus compañeras. Salió del bar con un giro de las caderas, pues la minifalda rosa y morada no surtía el mismo efecto que habría tenido una túnica.

—¡Hostia puta! ¿A qué ha venido eso? —escupió Draco. Se levantó rápidamente y fue hacia la puerta con intención de seguirla, pero Harry lo agarró por la manga y tiró de él.

—No, Draco, es ella quien nos va a dar la poción —susurró Harry a través de los dientes apretados.

Volvieron a los taburetes; ninguno estaba muy contento. Una bruja con vestido largo y cubierta de joyas se acercó a la barra. Le susurró algo al camarero y dos bebidas color magenta aparecieron ante ellos.

—Relajaos —dijo la bruja, con un guiño—, divertíos.

—Bueno, ¿qué opinas? —Draco bajó la vista hacia su ropa mugrienta.

—En comparación, esto parece casi inofensivo.

—Entonces, ¿crees que deberíamos beber?

Draco le dirigió una sonrisa despreocupada.

—Sólo se vive una vez —levantó el vaso y se lo bebió de un trago. Harry lo imitó.

La mujer de las botas se acercó a ellos de nuevo.

—Disculpad lo de nuestra amiga —dijo, inclinándose—, me parece que le gustaba nuestra ubicación anterior. Sé que todos aquí conocemos el Evanesco, pero sé que a veces, después de un hechizo como ése, yo sencillamente me cambiaría de ropa. Hay algunos cambiadores por allí. Si quieres, estoy segura de que el Giratiempo te ofrecerá ropa de repuesto. —Bajó la vista hacia su horroroso atuendo antes de añadir—: No puedo asegurar el nivel de elegancia, sin embargo. El bar de Scully tiene un sentido del humor muy particular, especialmente cuando se trata de mí, al parecer. —La bruja echó un vistazo a la mesa y se quedó mirando a alguien.

Morrighan, la promotora del Mercado, se levantó. Llevaba un atuendo de estilo hippie, pero el número de armas que se dejaban ver era impresionante. Examinó a Harry y Draco con ojos entrecerrados, y luego miró a su propia ropa.

—No hace más que empeorar —dijo, y salió del establecimiento.

Draco puso los ojos en blanco; Harry se encogió de hombros.

—Bueno, ¿vamos a cambiarnos? —dijo—. Ya no me gusta este atuendo.

—A mí no me ha gustado nunca. Sólo espero que no salgamos con sandalias y camisetas con corbatas pintadas.

Harry siguió a Draco a los probadores. Se dio cuenta de que el cojeo era más pronunciado que antes.

—¿Te has hecho daño al caer? —preguntó, al cerrar la puerta. Ambos estaban atrapados en un espacio pequeño, con un espejo y un diván rojo y elegante. Draco le dirigió una sonrisa.

—No, Potter, eso es de esta tarde. Madre me ha dado una poción; debería empezar a tener efecto pronto. Bueno, ¿cómo crees que funciona este sitio? ¿nos quitamos la ropa?

Harry se mordió el labio inferior antes de responder.

—No estoy seguro, pero en cualquier caso, ésa me parece una idea genial.

La expresión de Draco se cerró un momento.

—No creo que pueda hacer eso ahora mismo.

—Sólo quítate la ropa, Draco. Tengo otros planes —contestó Harry, quitándose la chaqueta empapada de barro y tirándola a un rincón, donde se desintegró delante de sus ojos. Pronto se le sumaron otras prendas—. Vaya, el espejo añade otra dimensión —dijo Harry, admirando el reflejo de la espalda de Draco.

—¿Y entonces qué...? oh, Merlín —jadeó Draco cuando Harry se arrodilló y empezó a darle pequeños mordiscos y besos a sus muslos. Sus manos bajaron y se agarraron a los hombros de Harry cuando los besos se fueron acercando a su polla, que se endurecía por segundos—. Oh, dulce Morgana —murmuró Draco, cuando una mano acercó sus testículos a la boca de Harry. Éste tuvo que esforzarse para no reírse ante la respuesta; en lugar de eso, bautizó meticulosamente cada una de sus pelotas con la punta de la lengua. Con cuidado, se metió cada una en la boca, jugando con la superficie—. Dios mío —dijo Draco, y buscó detrás de él para equilibrarse sobre el espejo. El dulce tormento avanzó hasta la base de su polla. Draco sólo podía imaginar los labios de Harry sobre ella, cómo se sentiría cuando llegara al glande...—. Que me follen —juró Draco, y sus rodillas temblaron cuando Harry subió con la lengua por su polla.

Harry paró cuando tuvo la cabeza sobre la lengua. Retrocedió hacia la base, para mantenerla en su sitio, y dejó que sus ojos recorrieran el delgado cuerpo de Draco hasta llegar a los ahora salvajes ojos dorados.

—Chúpamela, Harry —llegó la orden. Harry asintió y devolvió los ojos al premio que lo esperaba. Aunque había tenido intención de hacer lo que se le pedía, la voz lo penetró, y sabía que obedecería.

Sus propias necesidades quedaron a un lado: toda su concentración estaba en la polla que manipulaba con la boca. El ansia por proporcionarle placer a Draco era abrumador. Escuchó atentamente cada jadeo, cada gemido, y especialmente cada palabra que pudiera servir como guía. Harry aprendió rápidamente que a Draco le gustaba la humedad, así que empapó su polla de saliva con lametones generosos antes de atraparla entre los labios. El giro de su lengua provocaba un gemido salvaje y el cambio en la presión de su boca hacía que Draco soltara puñetazos al espejo. No había forma de que toda la polla de Draco le cupiera en la boca, así que su mano cubrió lo que faltaba. Entre mano y boca llevaron a Draco a jadear cada vez más rápido, hasta que llegó el aullido ahogado. El semen se disparó por la garganta de Harry, y el suyo propio cayó sobre los pies de Draco; ni siquiera recordaba haber estado tocándose.

Draco se deslizó por el espejo, estrechando a Harry entre sus brazos. Éste no sabía si tenía frío o si la experiencia había sido demasiado, pero su cuerpo estaba temblando. Draco le frotó la espalda con las manos cálidas y se quedaron sentados en el suelo, recuperando la respiración y oyendo cómo la música subía de volumen.

—Necesitamos algo de ropa —murmuró Harry.

—Sí, el cartel dice que sólo necesitamos pedirla —contestó Draco, señalando una señal en la pared detrás del moreno.

—Genial —dijo Harry, leyendo la lista de hechizos sin varita disponibles. En unos minutos, estaban limpios y vestidos. Ambos se sorprendieron cuando los trajes formales aparecieron.

Salieron de la cabina y se dirigieron a una mesa pequeña para dos. Cuando se sentaron, una pared en la parte trasera del bar se abrió y las patronas vieron un gran escenario. Una mujer con un vestido largo de lentejuelas se subió nerviosamente a la superficie y empezó a cantar con voz ronca. Tras ella aparecieron tres hombres en traje y, detrás de ellos, una línea de altas bailarinas con atuendos que enseñaban más de lo que ocultaban. El escenario estaba pobremente iluminado, pero las luces del suelo se extendían hacia la zona del público, dirigiéndose directamente a la mesa que ocupaban Harry y Draco.

La mujer se abrió camino a través de las luces, parándose aquí y allá para cantarle a alguna mesa, hasta llegar a los magos. Se colocó delante de ellos y les dedicó una canción antes de entregarles un micrófono.

Draco se lo quedó mirando.

—¿Qué es esto?

—Es un micrófono —Harry lo cogió, con expresión confusa—, aumenta la potencia de tu voz.

—¿Qué se supone que tengo que hacer con él?

—No lo sé.

La mujer los cogió a ambos de la mano y los levantó. Aparentemente sin voluntad propia, ambos se unieron a ella en la canción que estaba empezando. Parecían conocer perfectamente la letra y los movimientos. Draco miró a Harry cuando las palabras empezaron a salir, e intentó no reírse.

 

How glad the many millions of annabelles and lillians
Would be to capture me
But you had such persistence, you wore down my resistance
I fell and it was swell

I'm your big and brave and handsome Romeo
How I won you I shall never never know
Its not that you're attractive
But, oh, my heart grew active
When you came into view

I've got a crush on you, sweetie pie
All the day and night-time give me sigh
I never had the least notion that
I could fall with so much emotion

Could you coo, could you care
For a cunning cottage we could share
The world will pardon my mush
cause I have got a crush on you

Could you coo, could you care
For a cunning cottage
That we could share
The world will pardon my mush
cause I have got a crush, my baby, on you
(1)

 

Las patronas se quedaron con la boca abierta. Ambos se sentaron, increíblemente avergonzados. Harry se giró hacia Draco.

—Bueno, eso debería dejárselo claro.

—Más vale —contestó Draco—. Hablando de cuelgues, esas cabinas vuelven a parecer bastante atractivas.

Se sorprendieron cuando lo que habían pensado que era una bruja, de pie en la barra cerca de ellos, escupió la bebida por la nariz. Debía de tener sangre de dragón en el interior, pues la bebida se encendió al salir por sus fosas nasales. El camarero se echó atrás cuando la barra ardió en llamas.

—Ups, disculpad esto. Esta música tan mala me pone el estómago del revés. —La mujer cogió prestada una capa de una de las patronas y apagó las llamas con aire experto.

Los dos sacudieron la cabeza, preguntándose si la noche podía ponerse aún más extraña, cuando un joven mago entró al bar con una caja en las manos. La camarera se acercó al chico y abrió la caja. Él sacó una botella y la acercó a la mesa de Harry y Draco, junto con dos vasos en forma de flauta.

—¿Champán, chicos?

Draco miró a Harry.

—¿Quién lo envía? —preguntó Harry al camarero, sospechando.

—Bueno, no lo sé exactamente. Está encargado. Dice aquí que viene de Wiltshire.

—Mierda —soltó Draco—. ¿Crees que sabe que estamos aquí?

—Lo siento, Draco, pero no podemos arriesgarnos. Creo que tenemos que irnos ya. Sólo lamento no poder aprovechar el Giratiempo.

Draco se levantó y echó un vistazo alrededor del bar. La comisura de su boca se levantó un poco.

—Dámelo, Harry. Creo que sé cuál es el lugar perfecto para estas, er... señoritas, ya que tanto les gusta el contacto físico.

Harry se levantó y le pasó a Draco el giratiempo. Draco lo colocó en la barra y le susurró algo al camarero, que echó la cabeza atrás en una carcajada y asintió.

—No te preocupes, hijo, sé qué hacer.

Draco se despidió con la mano. Harry y él hicieron un gesto con la cabeza hacia las brujas y se dirigieron a la salida, pero antes miraron atrás.

El camarero cogió el giratiempo y dio algunas vueltas.

El bar empezó a temblar y luego a girar. Se oían ruidos cada vez más fuertes. Aplausos y abucheos reverberaron en los oídos de todo el mundo. El bar se expandió en una gran sala, en el centro de la cual había una plataforma cuadrada con cuerdas alrededor. Todo quedó en silencio, y luego llegó una voz rugiendo desde ninguna parte:

—DAMAS y CABALLEROS, ¡¡¡HA LLEGADO LA HORA DE LUCHAR!!!

Harry le dio a Draco una palmada en la espalda.

—Perfecto, Draco, perfecto.

Salieron de la Taberna al callejón de El Camino del Mago, desde donde rápidamente se aparecieron a la habitación de Harry en Grimmauld's Place.


*****

—Gracias a Merlín que estamos en casa —dejó escapar Draco. El comentario marcó profundamente a Harry: acababa de llamar casa a Grimmauld Place—. Creo que mi madre tenía buenas intenciones, pero su elección de amistades es cuestionable.

—Sólo se lo está pasando bien. Ya sabes que se toma un café con ellas por las mañanas, y frecuenta el bar bastante a menudo.

Draco sacudió la cabeza.

—Mi padre debe de estar al borde de un ataque. ¿Crees que ese champán era su intento de envenenarnos? —Harry negó.

—No lo creo, pero me acabo de dar cuenta de que, en caso de que lo fuera, hemos dejado a esas pobres brujas con él.

Draco le dirigió una mirada de odio.

—¿Pobres brujas? Me han hechizado, nos han mirado mal, de alguna forma nos han obligado a cantar esa horrible canción, y han escupido fuego.

Harry se rió.

—Tienes razón. Entonces, ¿quieres un poco de brandy y chocolate? —preguntó, abriendo la vieja botella.

—Dios, sí. Sin embargo, ¿te importa si hablamos un poco? Tengo algunas preguntas.

—Claro —contestó Harry, pasándole la botella. Se sentó en la cama, se quitó los zapatos y colocó algunas almohadas detrás de su espalda. Draco se le unió. Harry cogió la caja de bombones y la dejó sobre las piernas de Draco—. Al ataque.

Draco cogió una bola de chocolate, oscura y brillante, y olisqueó.

—Mmmm, frambuesas. —Dio un mordisco, y Harry vio el relleno rosa—. Joder, esto está buenísimo —dijo Draco, antes de meterse el resto en la boca.

Harry dio un largo trago de brandy. Pensó que si a Draco le daba alguna vez por intentar darle órdenes, lo único que tendría que hacer sería ponerle chocolate delante.

—Bueno, ¿hay algo en particular de lo que quieras hablar, Draco?

—Ron —contestó Draco—. Quiero que me hables de ti y de Ron.

Harry le dirigió una mirada interrogante.

—¿Qué pasa con él? Ha sido mi mejor amigo desde que nos conocimos en el tren a Hogwarts.

Draco dejó la caja en el centro de la cama y se puso de lado.

—Harry, hay algo más profundo, Plata lo ha visto. Es como si fuerais hermanos. Granger se registra como una amiga; sé que te importa mucho, pero con Weasley es otra cosa.

Harry apartó la vista de los ojos de Draco.

—Plata está en lo cierto. No quiero ser abstruso, pero está relacionado con el momento en que derroté a Voldemort. Te lo contaré más tarde. Lo que puedo decir por ahora es que Ron me conoce y yo lo conozco mejor que a cualquier otra persona. Podrías haber pensado que intentaría poner obstáculos a lo nuestro, pero no es así como funcionamos. Él me entiende, y no tengo que explicarme ante él. No como lo hago con Hermione.

Draco se llevó el brandy a los labios y dio un sorbo.

—No pretendo presionarte, y creo que se lo contarás a Plata, pero, ¿por qué usas la palabra derrotar en lugar de matar?

Harry se giró para enfrentarse a Draco y examinó la expresión en su rostro. Parecía genuinamente curioso.

—No lo maté, Draco. No como tú y los otros pensáis. No hubo luz verde, ni Avada Kedavra. No podía hacer una imperdonable. —Se detuvo y eligió una bolita de chocolate con un grano de café encima. Dio un pequeño mordisco, dejando que la crema de moka le cubriera la lengua. Draco cogió otra cubierta de polvo blanco; Harry olía el coco.

—Draco, ¿por qué no se te vio el pelo durante los últimos meses? —preguntó Harry.

—Ah, fue un castigo. Plata desobedeció al Señor Oscuro.

—¿Qué hizo plata?

Draco se rió por lo bajo.

—Atacó a Dolohov. —Harry se rió.

—Venga, cuéntamelo.

—Bueno, no es una historia muy bonita. Greg, Greg Goyle, había metido la pata en una pequeña misión. Dolohov pensó que sería muy divertido hacer que Crabbe lo castigara. Todo esto pasó en la cámara privada del Señor Oscuro. Crabbe no era capaz de echarle una Cruciatus a su mejor amigo, así que Anton se la echó a Vincent. Plata lo atacó y le mordió el brazo. Su varita salió volando. El Señor Oscuro se ensañó bastante con Plata, y lo volvió a encerrar en la jaula.

—Mierda, no sabía que Crabbe y Goyle estaban tan metidos. Encontraron sus cuerpos en el callejón Diagon el último día, pero no llevaban ropa de mortífagos.

Draco negó con la cabeza y se rió un poco.

—Fueron degradados. ¿Sabes?, tu bando estaba cargándose a muchos de los mejores. Ésa era otra de las razones por las que el Señor Oscuro quería a mi padre de vuelta. Lo necesitaba.

—Vaya, eso es interesante. Desde nuestro lado se veía igual: estábamos perdiendo a los mejores. —Harry se terminó el chocolate y dio un sorbo. Sabía que era el mejor alcohol que iba a probar—. ¿Algo más de lo que quieras hablar?

Draco suspiró.

—Sé que esto puede sonar extraño, pero, ¿qué ha dicho Lupin sobre Severus? ¿confía en él?

Harry sonrió.

—No, la verdad es que no. ¿Por qué lo preguntas?

—Quería saber qué le dicen sus instintos de licántropo.

Harry levantó una ceja.

—Dijo que no podía leerlo. Cuando Snape estaba con Dumbledore, se registraba como aliado, pero cuando estaba con Voldemort, lo veía como enemigo. Estuvimos discutiendo sobre eso.

Draco inhaló profundamente y luego exhaló.

—Lo mismo me pasa, Harry, se registraba de ambas formas.

Harry abrió los ojos y se giró para mirar mejor a Draco.

—¿Qué quieres decir? O, más bien, ¿qué significa eso?

—Lo que significa, Potter, es que no sólo puede ocultar su mente, sino también sus emociones. El espía perfecto. Greyback llegó a decirme que tuviera un ojo abierto con él a principios del sexto curso. Sé que mi tía no confió en él hasta que hizo un Juramento Inquebrantable con mi madre, pero yo no me enteré del juramento hasta después de que matara a Dumbledore.

Harry tosió.

—Tu tía, diría yo, no era la mejor a la hora de juzgar un carácter. —Draco se rió.

—Sí, eso es verdad. Tía Bella era una fanática. No creo que llegara a creer en la causa, pero idolatraba al Señor Oscuro.

—Entonces, ¿no confías en Severus? —preguntó Harry, a su pesar.

Draco tomó otro gran sorbo.

—Oh, confío en él; tomó juramento con mi madre de no permitir que nada me dañara.

—¿Pero no lo harías de otra forma? Quiero decir, Severus y yo tuvimos muchas conversaciones durante la guerra. Llegué a admirarlo, ampliamente, en realidad.

—Apuesto que a Lupin no le gusta eso. —Harry hizo una mueca.

—No, no le gusta. Esa noche, cuando le hablé de ti y de lo que pensabas hacer con Lucius, me dijo que Severus podría estar con tu padre, por lo que nosotros sabemos. ¿Sabes?, la última misión de Severus por parte de la Orden fue la misma que le dio Voldemort: encontrar a Lucius. Yo creo que tu padre lo encontró primero, y lo mató.

Harry vio un repentino temblor recorrer el cuerpo de Draco. El rubio cerró los ojos un momento, como concentrándose para llegar a una conclusión. Cuando los abrió, a Harry no le gustó lo que vio.

—Remus podría tener razón.

—No, ¡no tiene razón! —Harry levantó la voz—. Sé que el hombre con el que pasé tiempo era un buen hombre, un hombre honrado. Dumbledore creía en él.

Draco le dirigió a Harry esa sonrisa que siempre odiaba ver.

—La mayor debilidad de Dumbledore era creer que había bondad en casi todo el mundo, y que esa bondad terminaría ganando la batalla.

En un segundo, Harry había dejado el brandy en la mesa y estaba a milímetros de la cara de Draco, con el rostro contraído.

—¿No sabes que soy el hombre de Dumbledore, Draco? ¿No sabes que eso es lo que yo creo? —Su voz se elevó a un grito—: ¿Acaso no entiendes que ésa es la razón por la que estás en mi cama?

—Shhh, Harry —dijo Draco, susurrando—. Claro que lo entiendo. Ésa es la razón de que yo... que yo... Por eso eres el Gryffindor perfecto.

Harry tembló de ira. Draco apartó la caja a un lado. Se colocó sobre Harry y lo apretó con fuerza.

—Sí, Harry, eso es lo que yo también creo, y es por eso que estoy aquí. —Harry alzó la vista hacia los ojos plateados, brillantes. Draco le dedicó una media sonrisa y un beso en la nariz—. Es sólo que tú lo expresas mejor.

 



 

 

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(1). I've Got A Crush On You, compuesta por George e Ira Gershwin, interpretada por varios artistas. Versión de Frank Sinatra y Barbra Streissand. Traducción de la letra:

Qué felices serían los millones de anabeles y lirios
de poder capturarme
Pero tú eras tan persistente,
quebraste mi resistencia
Caí rendido, y fue maravilloso

Soy tu Romeo grande y valiente y hermoso
Cómo te gané nunca lo sabré
No es que seas tan bella
Pero, oh, mi corazón se puso en acción
Cuando entraste en mi campo de visión

Estoy colgado por ti, dulce pastel
Todo el día y toda la noche me haces suspirar
Nunca tuve la más remota idea de que
pudiera caer con tanta emoción

Podrías arrullarme, podrías preocuparte
Porque podríamos compartir una buena casita
Que el mundo me perdone ser tan pasteloso
porque estoy colgado por ti

Podrías arrullarme, podrías preocuparte
por una buena casita
que compartir
Que el mundo perdone mi atrevimiento
porque estoy colgado, cariño, por ti

Vuelve.

 

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