Intruders Slashzine - Portada - Índice - Capítulo 2 - Ubicación original

 

EL RESCATE

 

—Harry, ¡ven, rápido! Lo he encontrado, creo que estabas en lo cierto. ¡Tienes que venir antes de que lleguen los demás!

—Voy para allá, Remus. Deja que coja mi capa. ¿Te has encargado ya de las protecciones? —preguntó Harry a la cara en su chimenea.

—¡Sí! —dijo Remus, triunfante—. Deja que te dé las coordenadas exactas.

Harry corrió hacia su habitación en el segundo piso, ignorando los gritos ahogados que lo insultaban. Rápidamente sacó la capa de invisibilidad de su baúl y desapareció. Se apareció en un túnel oscuro delimitado con puertas de celdas. Con la luz de su varita, pudo ver a duras penas la silueta de Remus, que lo esperaba al final del túnel. El hedor casi lo hizo vomitar; el olor de carne putrefacta, heces y orina impregnaban el aire. Había tantas moscas zumbando entre ellos que el camino se hacía aún más oscuro.

—Por aquí, ¡date prisa! —susurró Remus a su lado. Harry corrió a través de la gruesa capa de insectos voladores hasta llegar a pararse en frente de la última celda—. Oh, ¡joder! Ese cabrón de Greyback lo ha hecho.

Las barras pintadas de verde eran, a diferencia de las demás, de hierro. La celda era tan pequeña que la criatura en su interior la llenaba con facilidad, pero aun así su espalda estaba lejos de las barras. La bestia temblaba y lloriqueaba en sueños, con la cabeza hacia la pared de piedra del fondo. Harry miró a Remus con aprensión.

—Sólo lo sabré con seguridad cuando lo mire a los ojos —murmuró Harry, mientras se acercaba para tener una mejor vista del lobo plateado, horriblemente maloliente y cubierto de mugre.

—Llámalo, Harry, tenemos que apresurarnos. Los aurores están en el piso de arriba buscando supervivientes.

—Draco. Draco, ¿eres tú? —murmuró Harry, mirando a la espalda del pobre lobo.

El lobo movió sus largas orejas y se quejó en voz alta mientras se encogía en una bola más apretada. Su pelaje tocó las barras y el lobo aulló de dolor. Lentamente, se levantó sobre sus patas y, aprensivo, giró la cabeza.

Harry dio un paso atrás cuando el lobo enseñó los dientes y mordió el aire en dirección a los intrusos. Aunque no estaba mirando a los dientes; estaba mirando los ojos del lobo. El halo de plata era a duras penas visible alrededor de las negras y dilatadas pupilas. Pero Harry supo que era él.

—Draco, soy Potter. No te voy a hacer daño. Ya ha terminado. Se han ido.

El lobo movió la cabeza mirando a los dos magos frente a él, y gimió.

—Sí, Draco, se han ido. Necesito sacarte de aquí antes de que los aurores te encuentren. Te llevaré a mi casa, con tu madre. Ahora vive conmigo. ¿Quieres ir a casa, Draco?

El lobo miró los ojos de Harry, sin romper el contacto, y luego se sentó sobre las patas traseras. Una pequeña parte de sus dientes quedó desnuda.

—Draco, te voy a lanzar un zapato viejo; es un traslador. Sólo muérdelo y saldrás de este círculo del infierno.

Harry lanzó la vieja zapatilla; el lobo la olió, echó un último vistazo a Harry, y luego la mordió.




 

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Capítulo 2

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