Draco abrió la puerta de un hechizo y se asomó, varita lista en mano. No se podía ser demasiado cuidadoso, aunque supiera que era Potter quien estaba en la puerta. El mismo Potter lo había instalado en este laboratorio secreto; nadie más sabía de su existencia.

Potter también tenía su varita en la mano, y su cabello estaba incluso más alborotado de lo que era normal. Sus ojos también. Draco frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

—¿Quién dice que pase algo? —Potter metió su varita en la vaina de la manga que se usaba en el Ministerio—. He venido porque he leído tu lechuza.

Draco también deslizó su varita dentro de la vaina, con un poco más de elegancia, preguntándose... esperando que tal vez fuese la proximidad a él lo que tenía a Potter tan nervioso. Draco, al igual que el resto del mundo mágico, lo había leído todo acerca de su complicado divorcio y los rumores de haber sido visto en burdeles gay, con manadas de hombres-lobo, y actuando en una producción artística del mundo muggle. Draco sabía que el segundo de los rumores era verdad; sólo podía guardar esperanzas respecto a los otros dos.

Tal vez las noticias de esta noche moverían la balanza a favor de Draco.

—El retrato de Snape que me hiciste ha funcionado. Bajo severas limitaciones, pero dentro de ciertos parámetros… tenemos la cura para la licantropía.

Los ojos de Potter se iluminaron al instante y, de repente, Draco se vio envuelto en un abrazo bien fuerte. Fue bastante fácil a partir de ahí convertirlo en un beso antes de que Potter se diera cuenta… Draco emitió un gemido de entrega al ver que Potter no sólo no se alejaba, sino que su lengua se volvía agresiva, tomando control del beso.

Pero el éxtasis fue corto. Potter regresó a sus cabales, alejándose para mirar a Draco, a quien había llevado contra una pared del laboratorio subterráneo de pociones. Un brazo mantenía a Draco donde estaba, pero Potter lo miró a los ojos.

—¿Has dicho severas limitaciones?

—Sí —Draco podía sentir el calor del cuerpo de Potter a través del tejido delgado de su camiseta y pantalones y las túnicas de auror de Potter—. La poción debe ser administrada antes del primer cambio. Una vez la víctima lo ha sufrido, no hay forma de curarlo. La poción activa algo parecido a un cambio falso en la víctima pero, una vez que pasa, está libre de la maldición. No estamos completamente seguros, pero incluso puede que trabaje como una inoculación mágica, haciendo a la persona resistente a la cepa…

Los ojos de Potter brillaron preocupados.

—¿Tienes un poco aquí, ahora?

—Sí, está listo para ser probado —Draco frunció el ceño.

Potter dio un paso atrás.

—Bien. Pruébalo en mí.

—¿De que estas habland...? —Draco se calló a media frase cuando Harry se retiró su túnica de auror para mostrar una manga destrozada, y luego la camisa, para mostrar un brazo recientemente mordido—. ¡Potter!

—¿Qué piensas? ¿Debería esperar otra semana para la luna llena, a ver si me transformo? ¿O me darás la poción?

—Merlín, Potter, ven aquí —Draco midió la cantidad apropiada del frasco, cerrándolo y pasando la copa al otro hombre—. Pero tienes que entender que, una vez la hayas tomado, no vas a ir a ningún sitio hasta mañana.

Potter la olfateó.

—¿Debería tomar también la Matalobos?

—Debes mantenerte lúcido durante la fase de cambio, aunque tu comportamiento puede ser extraño y no enteramente controlado —Draco se sentó en la silla en su estudio—. ¿Puedo sugerirte que me dejes encerrarte en la habitación? Hay mucho menos que romper allí.

Potter asintió y siguió a Draco a la pequeña habitación.

—¿Cuánto tarda la poción? En hacer efecto, quiero decir.

—Más o menos media hora, tal vez menos si tienes el estomago vacío. Te sugiero que te quites la ropa y te metas debajo de la manta para esperar.

La cabeza de Potter giró bruscamente cuando éste intentó mirar a Draco.

—¿Quitarme la ropa?

—Me imagino que no la querrás en tu estado animal, y que rasgarla en pedazos puede ser de algún modo perjudicial para la tela, por buenos que sean tus hechizos reparadores —Draco creía haber hecho un buen trabajo a la hora de quitarle importancia, pero se concentró en examinar sus uñas, por si acaso.

Potter cayó en la trampa, y hechizó las sábanas para que colgaran entre ellos como una cortina mientras él se desnudaba. Draco vio la última prenda, un par de bóxers, caer al suelo, y después Potter se arropó con la manta y se sentó en la cama para beberse la poción. Hizo un sonido de desagrado, casi como si tuviese arcadas.

—Ah, vamos. No está tan mal —dijo Draco, mientras Potter se doblaba por la mitad, pero cuando Potter lo miró había una expresión fiera en su cara—. ¿Estás de broma, o Severus estaba equivocado en cuanto al tiempo que tarda en hacer efecto?

La respuesta no vino en palabras. Vino en la forma de Harry levantándose con rapidez y elegancia, la manta cayendo al suelo y, más rápidamente aún, el crujido de la espalda de Draco contra la puerta, con un gruñido. De repente, Potter le lamía la boca y se restregaba contra su muslo. El pulso de Draco se aceleró de miedo y lujuria. Nadie sabía que estaba ahí, trabajando en una cura para la licantropía en secreto, a excepción de Potter. Si el otro hombre de verdad enloquecía y le desgarraba la garganta, nadie lo sabría nunca...

De alguna forma, la idea sólo hizo que la polla de Draco se pusiera dura aún más rápido. Cogió la varita y realizó un par de hechizos de precaución: uno para mantener la puerta cerrada con una contraseña, y otro que sólo podía ser resultado de sus esperanzas improbables.

Potter, sin embargo, conservaba el suficiente carácter de mago como para saber lo que estaba haciendo. Con otro gruñido, Potter tomó su varita y la blandió, haciendo que la ropa de Draco desapareciera. El pedazo de madera cayó al piso cuando Potter usó ambas manos para llevar la polla de Draco contra la propia.

El rubio gimió, y este sonido fue acompañado por otro gutural de parte de Potter. Draco desnudó su cuello, y le temblaron hasta los pulgares de los pies cuando el otro lamió y succionó la sensible piel de manera hambrienta. Tal vez tendría una o dos marcas, pero estaba seguro de que el otro no lo haría pedazos con los dientes.

Lo siguiente que Draco supo fue que Potter lo estaba levantando, una mano sobre cada una de sus nalgas, llevándolo contra la puerta y friccionando con presteza, tratando de enterrar su polla. Draco agradeció silenciosamente a su sobreexcitada imaginación por obligarle a esperar que tal cosa pasara, y al hechizo de lubricación que ya tenía. Lanzó un chillido cuando Potter enterró los dientes y la polla al mismo tiempo. Cualquier traza de ilusión sobre tomar el control de la situación desapareció de su cabeza.

Potter se lo estaba follando. Hubo gruñidos, mordiscos y una urgencia tal por su parte que nunca había sentido con otro amante. Draco lo atrapó con brazos y piernas, y el aire le fue extraído completamente cuando Potter lo tiró sobre la cama, con su polla todavía enterrada en él.

Después, Potter aulló, arremetiendo más rápido y, según le pareció a Draco, vaciando sus pelotas en el orgasmo. Unos segundos después, el otro hombre salió y el rubio sintió la sustancia pegajosa salir de su entrada. Potter lo sostuvo contra él, su cabeza enterrada en su cuello sudoroso, y Draco deslizó una mano para intentar prestarle atención a su propia erección.

Lo detuvo otro gruñido, y se quedó quieto mientras el vello de su cuello se erizaba. Potter se levantó para revelarle que todavía estaba duro, y su mirada feroz no había disminuido en lo más mínimo.

Draco llevo sus dedos fríos alrededor de la erección.

—Muy interesante, Potter. Me pregunto si todos los sujetos reaccionarán de la misma manera a la poción, o será sólo cosa tuya —vio una chispa de comprensión en los ojos de Potter—. Está bien. Estoy aquí.

Se movió lentamente, deslizando su mano libre por la hermosa polla y girándose para quedar a cuatro patas. Miró a Potter por encima del hombro.

—¿No es ésta la forma más tradicional para el sexo animal?

Estaba esperando que Potter se lanzara sobre él, y lo hizo, pero no esperaba lo rápido que lo penetró, ni la fuerza que parecía poner en cada estocada. Draco acarició su propia polla mientras la de Potter se enterraba en él, atrapado en un dilema. Si se corría, ¿seguiría disfrutando de que lo follaran de esa manera? ¿O debería aguantar su propio orgasmo un poco más, para ver si la lujuria de Potter aumentada por la poción se daba por satisfecha?

Pero en ese momento, Potter cambio de ángulo y ritmo, sólo un poco, y ya no hubo dudas acerca de si Draco podría aguantar o no. Su propio orgasmo se formó repentinamente; una ola fresca de sudor y calor recorrieron su piel mientras el placer lo atrapaba. En todo caso, el ser follado en bruto se sentía incluso mejor, manteniendo el placer recorriéndolo por más tiempo, hasta que Potter aulló de nuevo.

Esta vez, cuando colapsaron enredados, Potter se quedó quieto y Draco dejó salir un suspiro cuando sintió la erección disminuida del otro salir de su cuerpo. El moreno lo llevó a un abrazo protector, acariciándolo detrás de la oreja, y rápidamente se quedó dormido.

Draco no se atrevió a moverse y también se durmió rápidamente.

Despertaron unas cuantas horas más tarde, en lo que aún no era la mañana. Potter se separó sólo un poco para poder recoger la manta y sus varitas antes de volver junto al rubio.

—¿Ibas en serio? —preguntó.

—¿Qué quieres decir? —Draco volteó la cabeza, pero no podía ver al otro sin la luz de la lámpara o al menos de su varita.

—¿De verdad era eso lo que dijiste? ¿Una cura para la licantropía?

—¿Eres idiota? —Draco luchó para salir de los brazos de Potter, horrorizado, pero se encontró retenido—. Sí, por supuesto que lo era. ¿Por qué iba a mentir en algo así?

Potter olisqueó su cuello.

—Porque lo que querías era una buena y dura follada, y no sabías como pedírmelo.

Draco parpadeó, completamente sorprendido.

—¿Has mentido sobre lo de haber sido mordido por un hombre lobo?

—Teddy tiene una forma de cachorro, y se puso un poco brusco. Eso es todo. En realidad, no estaba en peligro. Pero la poción tiene algo, el cambio falso… —Se recostó en el hombro de Draco—. Perdí la habilidad de hablar durante un rato. Estaba… reducido a mis necesidades animales.

—Al parecer, a tus necesidades animales de follarme —dijo el rubio, sintiendo la urgencia de reír con locura, pero aguantando.

—O tal vez estaba respondiendo a tus feromonas —dijo el otro—. En el momento en que la poción hizo efecto, olías increíble. Y, bueno, en realidad aún lo haces.

Draco volvió a acurrucarse contra él.

—¿Eso significa que quieres otra ronda?

—Sí —dijo Potter, en un gruñido—. Si estás dispuesto a tenerme sin engaños, nada más que la verdad. Me deseas, Draco Malfoy.

—Sí. Te deseo, Harry Potter.

A veces, las verdades sencillas son lo mejor.

 

Fin



 

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