Ubicación original

Advertencia: esta historia contiene violencia, non-con y bestialismo.

 

Harry no quiere pensar en Sirius. No quiere regresar a la imagen mental de Sirius cayendo a través del velo una y otra y otra vez; la diversión tornándose en miedo cuando su padrino es lanzado hacia atrás por la maldición de Bellatrix. Sirius esta más allá del velo ahora, más allá del alcance del pequeño espejo roto al que Harry se aferra desesperadamente.

Los largos días de verano pasan lentamente. Sólo han sido tres semanas desde que los Dursley fueron obligados a aceptar a Harry una vez más, tres interminables semanas de hambre, aislamiento y remordimiento. Días llenos de culpa, sin nada que hacer aparte de imaginar todo lo que podría haber hecho de manera diferente. Harry reproduce estos escenarios con una sonrisa nostálgica. Un millón de '¿y si...?' que momentáneamente alivian su dolor... sólo para devolverlo de golpe a la realidad en el momento en que abre los ojos.

No escribe a sus amigos. Ron y Hermione piensan que entienden su pérdida, pero, ¿cómo podrían? Siempre han estado rodeados de parientes cariñosos. Nunca han perdido a nadie.

Harry sólo tenía a Sirius. Y ahora no tiene a nadie.

Por ello, Harry está debidamente asombrado cuando Remus Lupin, el último merodeador superviviente, aparece en Privet Drive un martes por la noche. Tío Vernon y tía Petunia han llevado a Dudley a un parque temático todo el día, así que Harry puede invitar a Lupin a pasar al interior de la casa y ofrecerle algo de las sobras de la cena.

—¿Cómo te sientes, Harry?

Harry se encoge de hombros. Debería ser obvio; después de todo, acaba de perder a la persona más importante de su vida, debido a un tremendo error de juicio por su parte.

Lupin frunce el ceño. Parece preocupado, pero Harry puede discernir fácilmente el resentimiento en la expresión de su antiguo profesor. Ambos saben que la muerte de Sirius fue culpa de Harry.

—Pensé que podría ayudar a aliviar el dolor si venía a verte. Yo también lo echo de menos.

Lupin se levanta y se inclina sobre la mesa de la cocina, clavando en su sitio a Harry con la mirada. Harry se hunde en su silla y sacude la cabeza. No quiere hablar. No hay manera de que Lupin pueda siquiera comprender la profundidad de su dolor. ¿Por qué no se limitan todos a dejarlo en paz?

De repente, la cara de Lupin está a sólo centímetros de la suya. Alcanza a ver un canino afilado cuando habla:

—Sirius era todo lo que tenía.

Harry se estremece con el tono suave, y Lupin pone una mano en su hombro. Harry sabe que el gesto tiene intención de ser consolador... pero resulta inquietante. Se inclina alejándose del toque, lejos de la cara tranquila de Lupin. No, tranquila no... controlada.

Lupin resopla con amargura ante el alejamiento de Harry.

—Él murió por ti.

Harry se tensa, reconociendo abruptamente la señal de peligro en el comportamiento de Lupin. Quiere levantarse, pero sabe sin necesidad de intentarlo que Lupin no lo dejará ir. Así que en vez de eso, Harry mira profundamente en los ojos ámbar, desesperado por la más mínima pizca de compasión, afecto o comprensión.

No hay ninguna.

Lupin se mueve demasiado rápido; Harry apenas es consciente de ser arrastrado fuera de su silla y lanzado contra la barra de la cocina, donde su cuerpo golpea la cornisa. Se retuerce con incredulidad, pero Lupin se encuentra delante de él, bloqueando cualquier posible vía de escape.

Harry no entiende la hostilidad de Lupin; aún no se da cuenta que el dolor y el resentimiento pueden convertir incluso al hombre más racional en un monstruo.

Una mano se cierra alrededor de la garganta de Harry y él se congela por la sorpresa. El agarre es tenso, implacable; Harry sabe que Lupin podría aplastar su tráquea en un santiamén.

Aliento cálido en su oído.

—Tú me lo quitaste.

Harry trata de mover la cabeza para negar, pero el agarre en su cuello es demasiado fuerte, demasiado aterrador. Inhala bocanadas superficiales que no llegan a satisfacer las necesidades de sus pulmones. La ida de la asfixia le aterroriza, y está a punto de abrir la boca para hacer entrar en razón a su antiguo profesor cuando es lanzado contra la mesa de la cocina.

Al tiempo que Harry se estrella contra la dura madera, Lupin lo agarra de nuevo, esta vez por el pelo. Tira de la cabeza de Harry hacia atrás, doblando su espina anormalmente. Harry lucha y se desuella, pero este hombre es más fuerte de lo que su frágil estructura sugiere. Lupin contiene la resistencia de Harry con patética facilidad, y una desconcertante sonrisa fría jugando en sus labios.

—¿No lo entiendes, Harry? Te amaban. Todos te amaban lo suficiente como para sacrificar su vida para salvarte de tu propia estupidez.

Sacude brutalmente a Harry por el pelo.

—Pero, maldita sea, ¡tú nunca aprendes! ¡Has matado a Sirius! ¡A mi Sirius!

Cada palabra queda enfatizada por un fuerte tirón en su cabello. Harry piensa que está a punto de caer por la presión. O tal vez su columna se quebrará. Está demasiado sorprendido para siquiera pensar en gritar

—Hay luna llena esta noche —continúa Lupin, su voz de repente más tranquila otra vez—. ¿Sabes lo que eso significa?

Harry niega con la cabeza, encogiéndose cuando la acción tironea su cabello. Se niega a entender lo que Lupin está diciendo. Tampoco se atreve a intentar escabullirse del agarre de Lupin. No hay duda sobre quién ganaría en una pelea. Y de todos modos, todo lo que Lupin dice es cierto. Harry lo ha sabido siempre; siempre lo ha creído. Siente las lágrimas hormigueando tras sus ojos y quiere decir lo arrepentido que está; quiere rogar perdón...

Lupin no le da la oportunidad.

Sólo suelta el pelo de Harry para golpear con fuerza al chico en la cara. El puñetazo deja a Harry extendido en el suelo con un grito de sorpresa. Quiere ponerse en pie, pero una pesada bota lo presiona hacia abajo por la espalda, aplastando sus costillas y haciéndole sentir extrañamente claustrofóbico. Cruza por su mente que Lupin debe de haber perdido la razón, pero la idea no hace que se sienta mejor. Sabe que debe preguntar lo que su atacante quiere de él, pero no está seguro de que le vaya a gustar la respuesta.

No tiene que esperar mucho, sin embargo. Lupin se agacha y los mismos dedos que hasta hace poco amenazaban con sofocarlo malabarean con la hebilla de su cinturón. Se abre fácilmente y Harry siente que la correa de cuero es liberada. Antes de que pueda comprender plenamente lo que le está pasando, Lupin une las muñecas de Harry a su espalda con el cinturón.

Después, los dedos de Lupin vuelven, esta vez desabrochando los botones de los vaqueros de Harry. Con el pánico aumentando rápidamente, intenta girarse como un pez para zafarse de su atacante. Lo único que consigue es un duro golpe en la parte posterior de la cabeza. Lupin se ríe un poco, y Harry no reconoce nada del hombre al que creía conocer.

Al tiempo que Lupin le desviste lentamente de cintura para abajo, Harry empieza a balbucear. Hay otro golpe que no consigue callarle, a pesar de que abre heridas en la piel sobre el pómulo contra las baldosas blancas del suelo de la cocina.

Al final, Lupin recurre a meter uno de los calcetines sucios de Harry en la boca del chico para acallar sus quejas. Cuando se inclina sobre él para asegurar la mordaza, su erección se presiona contra la cadera de Harry. Ambos tienen que esforzarse para sofocar un gemido, aunque por diferentes razones.

La presión sobre la espalda de Harry se va bruscamente, pero antes de que pueda siquiera pensar en levantarse, uñas como garras se entierran en el interior de los muslos, separando sus piernas a la fuerza. Harry sabe lo que vendrá después, pero aún así casi se ahoga con su calcetín cuando siente el primer dedo presionando en su culo. Cierra fuertemente los ojos y se concentra en su culpa. ¿Quién es él para juzgar a Lupin? Se trata de un hombre que ha perdido aún más que Harry, un hombre que ha perdido a todos y todo... incluyendo su mente.

Harry sabe que debería luchar todo lo que fuera capaz, hasta que Lupin lo deje fuera de combate. Pero no puede hacerlo. Él no vale lo suficiente y no puede hacer más que yacer en ese suelo frío, agitado por sollozos silenciosos y odiándose a sí mismo tan completamente que no le importa si vive o muere.

Al dedo en su trasero se le une inesperadamente otro, y una sacudida de dolor recorre su columna como una descarga eléctrica. Se concentra en su respiración. Dentro. Fuera... El ritmo coincide con el de los dedos de Lupin, los cuales frotan la sensible piel en su interior. Es seco y duele, y Harry no puede dejar de imaginar que una uña amarilla y dura se atora en su trasero y le desgarra. Sólo se da cuenta de que ha estado llorando cuando gira la cabeza hacia el otro lado y se percata de que está pegajoso por las lágrimas y la sangre de su herida en la mejilla.

Cuando los dedos de Lupin finalmente detienen su investigación, Harry sólo puede sentirse aliviado. ¿Tal vez Lupin le ha castigado lo suficiente y va a dejar que se vaya? Pero Harry rápidamente entiende que su antiguo profesor no tiene ninguna intención de parar ahora.

Una túnica andrajosa es desabotonada, y entonces Harry siente piel desnuda contra la suya. Se estremece y se retuerce intentando alejarse del calor de esa piel bestial, pero sus esfuerzos sólo hacen que Lupin emita esa risa escalofriante de nuevo.

—¿No estas disfrutando? —Harry gime en la mordaza—. Quizá necesitas más. Eres un héroe, después de todo. Un hombre grande.

Lupin se ríe y se agarra a los brazos atados de Harry mientras se posiciona detrás del muchacho. Harry se tensa; el extremo romo del pene de Lupin se siente enorme contra su agujero... y luego empujando en él, sólo un poco.

El dolor de la primera brecha es casi insoportable. Detrás de él, Lupin jadea, y el agarre sobre sus brazos se aprieta. Lento pero seguro, Lupin hunde su erección en el cuerpo delgado de Harry, gritando de dolor mientras lo hace. De hecho, la seca penetración no es más agradable para Lupin que para su víctima. Este masoquismo no confunde a Harry; él entiende que Lupin necesita este dolor físico para adormecer su angustia mental. Espera que Lupin le folle hasta que ambos estén en carne viva y sangrando. Sin embargo, Lupin no se mueve dentro de él. El hombre respira pesadamente, aliento contenido y sollozos fundiéndose en gemidos indistinguibles.

—Tú no eres un gran hombre. Eres un cobarde, un asesino. No puedes escapar de esta deuda.

La voz de Lupin puede estar quebrándose, pero su agarre sobre Harry nunca titubea. Sus lágrimas se estrellan, calientes, sobre Harry.

Harry está de acuerdo con las crueles palabras de Lupin. Mira un poco hacia arriba a través de la ventana de la cocina, hacia el cielo que se oscurece rápidamente. Las lágrimas siguen corriendo por su rostro y se acumulan en el suelo.

Se mantienen en esta posición perversa durante mucho tiempo, hasta que ninguno puede llorar más.

—Ya no falta mucho —promete Lupin.

Tiene razón, por supuesto.

Sólo unos minutos después, un círculo perfecto de luna plateada hace su aparición entre las nubes. La transformación tarda varios segundos, y entonces inmensas patas subyugan a Harry. El pene en su interior se entresaca y alarga. Comienza a embestir dentro de él a una velocidad increíble al tiempo que el hombre lobo entra en celo. Harry deja escapar un grito ahogado. No puede respirar. Piensa que va a morir. Siente el peso de los testículos ligeramente peludos aplastándose en su piel mientras es jodido; siente las largas patas forzándolo a mantenerse bien abierto, subyugándolo; huele las mandíbulas babeantes justo sobre él.

Increíblemente, las embestidas del hombre lobo se profundizan y aceleran aún más. Harry sabe que su ano está lubricado con sangre, pero lo único que nota es el fuego abrasador que corre por todo su cuerpo y mente. Merece su tortura. Espera ayudar a Lupin a sentirse mejor por haber perdido a Sirius.

El gran mazo desciende de forma inesperada; unos dientes afilados muerden el cuello de Harry, la nariz húmeda hundiéndose en su cuello y lamiendo el sudor de sus hombros. Harry siente la pegajosa explosión en su interior al mismo tiempo que el intenso dolor de la mordedura en la base de su cuello. Grita y se revuelve de forma automática, pero es demasiado tarde para eso.

La retirada del hombre lobo es inesperada y rasga la piel en carne viva. Harry no quiere moverse. Si se mueve, va a vomitar. Hay sangre por todas partes, salpicada en gotas de color carmesí contra las baldosas y contra los modernos muebles de cocina de los Durlsey.

Con un ladrido satisfecho, el saciado hombre lobo retira gentilmente la mordaza de la boca de Harry. Después comienza a lamer sangre, las lágrimas y el semen de su nuevo compañero...

 


Fin



 

Coméntalo en Planeta Slash

¿Alguna pregunta? intruderszine@yahoo.es

Intruders Slashzine