No soy un hombre de demasiadas caras
la máscara que llevo es una.

Sting

 


Cuando me propusieron escribir este artículo pensé que sería algo sencillo. Explicar el porqué de un chico que escribe slash, un género que normalmente es cosa de autoras, no de autores. Y ahora, frente a la hoja de papel en blanco, me he encontrado con que no es tan fácil. ¿Cómo se justifica que un chico escriba historias sobre relaciones entre chicos? De alguna parte tiene que surgir el impulso para crear una trama en la que los protagonistas sean sólo ellos. ¿Y cómo llevo yo las escenas de carga sexual? Porque como se suele decir, para escribir algo que excite a tus lectores tiene que excitarte a ti mismo... . Me alegro de que me hagan pensar en ello, puede que al intentar encontrar la respuesta me conozca mejor y sea yo el que se sorprenda.

 

***

 

Desde siempre escribir ha sido para mi explorar todo un mundo de sueños, fantasías y deseos. Recuerdo estar tumbado en la cama bajo las mantas y recordar escena por escena una película que acababa de ver, introduciéndome a mí mismo como protagonista. O imaginar nuevas aventuras para los héroes de mis libros de fantasía, las Crónicas de la Dragonlance, que me apasionaban. Supongo que esos fueron, sin saberlo, mis primeros fanfics. Pasaría un tiempo hasta que decidiese ponerlos en papel (en aquel entonces no tenía ordenador) pero el denominador común de todos estos relatos era que me servían para escapar de una realidad cotidiana que no me gustaba y descubrir mundos nuevos. En cierta forma podía sentirme aventurero, valiente, apasionado o enamorado en esas novelas. Hasta daba nombre a personajes que con el tiempo se acababan volviendo importantes y a los que cogía cariño en mi interior.

Sobre el sexo... no era ni de lejos lo que es ahora. Tenía un aura lejana y enigmática, por lo poco que podía llegar a leer del tema. Ya había caído en mis manos algún libro con escenas más o menos subidas de tono, pero no sabía lo que era el slash ni nada que se le pareciese. Ahora una búsqueda en internet me sacaría de dudas, pero todavía faltaban muchos años para que tuviese mi propio PC, y más todavía para poder tener conexión. Visto con la perspectiva de los años me parece increíble que pudiese vivir tan aislado sin los cientos de cosas que leo o descargo diariamente ahora. La biblioteca era mi refugio y de allí sacaba (o robaba y luego devolvía, yo era un ladrón atípico) novelas que para mí eran “prohibidas”. Las colecciones de La Sonrisa Vertical, obras de Sade, los thrillers eróticos de Harold Robbins, con poco contenido pero situaciones ardientes cada dos páginas. Siempre tuve interés, y la suerte de que nadie tratase de inculcarme ningún prejuicio. A fuerza de leer sin tapujos ni vergüenza creo que desarrollé una personalidad más abierta que muchos de mis amigos, para los que la homosexualidad era tabú. Hasta tal punto que nunca se hablaba de ella. Echo de menos haber perdido la oportunidad de conocer sus opiniones, esperadas o inesperadas.

Luego llegó el anime a televisión, aunque creo que en mi mente lo he vivido siempre, solo que no era consciente. Recuerdo todo, desde Candy Candy hasta Dragon Ball, infinidad de personajes que se salían de lo habitual en las series occidentales, al menos para mí. Tenían personalidades muy marcadas, relaciones entre ellos, una profundidad que yo no veía aquí. Por no hablar de la estética, sigo soñando con esos chicos altos y delgados, las chicas de melenas fluidas, los rasgos finos de los protagonistas de Capitán Harlock. Era difícil no caer en su embrujo.

Y luego llegó Los Caballeros del Zodiaco (ahora Saint Seiya, pero es que antes no teníamos manera de saberlo, ni éramos tan fans). Para mí resultó un punto clave en el descubrimiento de los corazones torturados, el sufrimiento, el morbo, la ambigüedad. Y no sólo por Andrómeda, tan tierno y que sigue siendo uno de mis personajes preferidos (aunque todo el mundo prefiera a Iki o Pegaso). Andrómeda era andrógino, delicado, femenino... pero era un chico, en contra de todo lo que se decía en el patio del instituto. Pero no era sólo por él, era por esos chicos “tan bien hechos” como dice una amiga, con sus cuerpos sudorosos y semidesnudos enfrentándose capítulo tras capítulo, peleando, sangrando... eran hermosos incluso agonizando. Con los regueros de sangre sobre ellos también se disfrutaba viéndolos. Fue entonces cuando las historias cambiaron para mí.

Cuando la serie terminó, o más bien dejó de emitirse por culpa de algún ejecutivo lumbrera de televisión, pensé en revivirla de alguna manera. No era la primera vez que usaba personajes de otros para mis relatos (tengo que tener por ahí en mis carpetas alguno de Sherlock Holmes) pero sí la primera que lo hice con afán de continuidad y de tener algo que mis amigos pudiesen leer. Poco o nada ha quedado de aquello, tan sólo el recuerdo de la primera vez que esperas una crítica, lo mal que llevas las negativas y lo bien que te dejan las positivas, o simplemente que te digan “a ver cuándo escribes lo siguiente”. En alguna parte leí que uno se convierte en escritor cuando al terminar una novela dice “yo también podría hacer eso”. Para mí te conviertes en escritor, además de por el simple hecho de escribir, cuando entregas algo tuyo a un público sin saber cómo va a reaccionar, con la incertidumbre, los nervios, las ganas de confiar en uno mismo, que tardan en llegar. Si algo me han dado los años es seguridad (después de muchos tropiezos).

Harry Potter sería algo muy posterior, cuando ya empecé a conocer a autoras y a ver las posibilidades que tenía ese microcosmos tan complejo creado por Rowling. Antes de llegar hasta él escribí muchos originales, de todo tipo, con y sin componentes de slash. Algunas veces dejaba el sexo de los protagonistas en el aire hasta el último momento y me divertía pensando en que los lectores verían a un chico y una chica donde perfectamente podrían encontrarse dos chicos. A pesar de lo mucho que me han dado Harry, Draco y los demás, creo que mis preferencias siempre irán hacia crear historias totalmente nuevas. Por la novedad, por el reto, por tener todas las posibilidades abiertas y llevar al lector a lo inesperado. Eso no significa que tenga pensado abandonar al pequeño mago, al contrario, tengo series activas y creo que siempre tendré otras nuevas, porque sigue conservando su aura especial. Esa sensación de estar hablando de las aventuras de unos viejos amigos, que tratas con familiaridad y cariño.

 

***

 

Y las historias... suelen aparecer en lo cotidiano, me cruzo con alguien en la calle, leo un libro, veo una escena en una película y a veces salta la chispa de la inspiración para escribir. En mi etapa en la universidad casi era compulsivo, ahora tengo que reservar momentos por la noche (siempre por la noche) para poner mis cosas en papel. Normalmente no elijo escribir slash conscientemente, sino que es algo que viene por si solo. Las musas, o musos, son impredecibles. No debería extrañarme porque todas las historias tienen un poco de ambigüedad, introducido voluntariamente por el autor o no. Pienso en Entrevista con el Vampiro o Carmilla (otro cuento de vampiros) y cuántas cosas me han inspirado, viendo sus significados escondidos... o no tanto.

Por esa regla de tres podría escribir tanto historias sobre relaciones entre chicos como entre chicas, pero no ha sido así. Esa pregunta también suele salir a menudo ¿escribes femmeslash? ¿No sería lógico en un chico? La verdad es que nunca lo he hecho, es más, tampoco he leído ningún fic de ese tipo. Y sobre escribirlos... creo que no sabría por dónde empezar, no me meto en la piel de los personajes femeninos como en los masculinos. No debería ser impedimento, a fin de cuentas las escritoras de slash muchas veces retratan las emociones de los chicos mejor que ellos mismos. ¿Por qué no podría hacer yo lo mismo con las chicas? He tenido la suerte de tener siempre muchas más amigas que amigos, compartiendo intimidades que no les he confiado a ninguno de ellos. Podría decir que las comprendo bien. Entonces ¿cuál es el motivo? No sabría decirlo. Lo que sí que puedo asegurar es que para mí las relaciones entre chicos son diferentes, las veo más tiernas, más sensuales, con morbo, y no sólo en lo físico. Con las chicas el misterio es otro. Alguna amiga me ha dicho que en realidad si conociese bien a las chicas vería que en el fondo sentimos lo mismo: la misma timidez, frustración, confusión y desengaño en las relaciones. La misma pasión. Pero todavía no he llegado a esa profundidad... y puede que nunca llegue.

Puede que muchas veces me haya detenido el no tener público o alguien con quien compartir esta afición, o vocación, si es que se le puede llamar así. Primero tuve que tener internet y luego que se me ocurriese buscar algo más que fan fiction convencional. Pasó el tiempo hasta que por casualidad una amiga me dijo que leía y escribía en una página sobre slash. Y entonces, de alguna manera, dejé de estar solo.

 

***

 

Porque como muchas otras cosas de mi vida, esto ha sido siempre un secreto. Lo es incluso para mi mejor amigo, aunque haya tenido tentaciones de contárselo varias veces. Sé que lo entendería igual que entiende y apoya todo en lo que yo me meta. Frunciría el ceño, me miraría con extrañeza y me diría algo como ¿guardas más sorpresas bajo la manga? Realmente no soy consciente de si para todos el slash es una doble vida o es algo que sólo me ocurre a mí, o a unos pocos. Quizá sea algo que venga con la condición de ser autor, o de ser autor y chico. No me preocupa llevarlo como algo oculto porque muchas otras cosas íntimas también están ahí, dentro de mí, privadas y protegidas excepto para aquellos que creo pueden entenderlo. A fin de cuentas ¿quién no tiene un secreto? El mío no es nada terrible.

Puede que lo que tema sea que no me entiendan. Incluso las lectoras a veces me dicen ¿entonces te gustan los chicos? Y yo creo que no hay motivo para pensar ni una cosa ni otra. Escribo sobre relaciones, amor, pasión, sexo entre chicos, y pongo algo de mí en cada personaje, pero no deseo ser ellos. Estoy bien como estoy. Supongo que en muchos casos su primer pensamiento es “es gay pero no quiere reconocerlo”. Con el tiempo se dan cuenta de que no es así y que sobre mis preferencias no tengo ninguna duda. Al final todo se resume en que el morbo, la sensualidad, el atractivo, unidos a una buena historia, son independientes de si los protagonistas son chicos, chicas o ambos. Pero para los que lo ven desde fuera, o incluso desde dentro, no es tan fácil separar una cosa y otra.

 

***

 

¿He solucionado dudas o he creado otras nuevas? Seguramente las dos cosas. Pero no puedo terminar sin reconocer que debo el empujón definitivo para dedicarme activamente al slash a varias buenas amigas que me animaron mucho y con las que he mantenido, y mantengo todavía, largas conversaciones sobre los fics. Al principio a ellas también les sorprendió un poco que me gustase hablar sobre el tema, comentar mis historias preferidas o que les diese mi visión sobre la pareja Draco-Harry, por poner algunos ejemplos. Las palabras textuales de una de ellas fueron “¿de verdad eres un chico?” Entonces no nos habíamos conocido todavía en persona, pero yo sabía que a lo que se refería es que se sentía tan cómoda hablándolo conmigo como con cualquier lectora. Puede que fuese por eso por lo que me acogieron tan bien y debo darles las gracias por todo.

Y gracias también a quien haya llegado hasta aquí. Ha sido un pequeño paseo por mis pensamientos, que espero que no os haya aburrido.

 

 

Sutton Hoo es uno de los autores de slash más talentosos de la comunidad slasher hispana.


Slash my heart

Sutton Hoo

Portada
Parte horny
Parte perv