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Parte horny
Parte perv

Diez razones para odiarte

por Helena Dax

Mi relación con J.K.Rowling es de auténtico amor-odio. Tengo que amarla porque es la creadora del Potterverso y amo al Potterverso, pero... ¿realmente tenía que hacerlo tan mal?

 

1.-Los niños son niños.

En principio, no tengo nada en contra de los Malos que son malos porque sí. No necesito que Tolkien me explique de dónde salen las ansias de poder de Sauron. No necesito que Stoker me cuente nada de Drácula ni Conan Doyle de Moriarty.
Porque son adultos.

Pero cuando sacas a unos niños de once años al principio de un libro y me dices que la cuarta parte de ellos son, sencillamente, malos, desagradables, tramposos, marrulleros y carentes al parecer de cualquier cualidad positiva.... Ahí me matas.

Los niños son niños, aunque sean de Slytherin. No se puede señalar a un niño de once años y etiquetarlo como malo y quedarse satisfecho. No puedo creerme que Draco, Pansy, Greg, Vince y los demás sean así de nacimiento, no puedo creerme que no merezcan una oportunidad, no puedo creerme que ni uno solo de ellos evolucione. ¿Era mucho pedir una pequeña reflexión sobre por qué Draco y compañía son así? ¿O que uno de los alumnos de Slytherin, al menos uno, diera señales de albergar siquiera un atisbo de bondad? ¿Alguien se imagina cuánto se habría enriquecido la trama si un alumno de Slytherin se hubiera acercado a Harry y le hubiera dicho “yo no creo en Voldemort y quiero ayudaros”? Yo sí me lo imagino. Rowling, por desgracia, no.

 

2.-Rowling hace trampas.

¿Qué es hacer trampas? Hacer trampas es obligar a los personajes a actuar de manera ilógica porque le conviene a la historia. Que Harry no use la Capa de Invisibilidad para espiar a Draco en las duchas o en su habitación y averiguar si lleva o no la Marca Tenebrosa es hacer trampas. Que los Potter decidieran nombrar Guardián de su Fidelius a algún amigo en vez de serlo uno de los dos, es hacer trampas. Que Harry olvide que tiene los espejos que le dio Sirius sólo porque necesitas cargarte a ese personaje es hacer trampas. Que Sirius haya decidido pasar doce años en Azkaban simplemente porque sí, pudiendo escapar como animago, (culpa, quizás, pero eso no se dice tampoco y resultaría igualmente exagerado), es hacer trampas. Muchos escritores hacen trampas alguna vez, pero la saga de Harry Potter se sostiene prácticamente gracias a ellas.

 

3.-El punto de vista de Harry.

Narrar las cosas a través de los ojos de un solo personaje facilita mucho las cosas a nivel de misterio, pero las complica si has elegido a un mastuerzo y pretendes que se entienda a los otros personajes. ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué Hermione tiene que hacer esos largos discursos sobre por qué Ron está enfadado, Cho llora o Sirus y Molly discuten?

Porque Harry no es capaz de descubrir esas cosas por sí mismo.

Desde el punto de vista de la narración, ceñirte a la perspectiva de un solo personaje te da una visión subjetiva de lo que está sucediendo. Rowling, en mi opinión, la maneja bien en muchos aspectos (considerando que ha elegido a un zoquete en cuestiones de psicología, como ya he dicho), pero se queda muy corta en otros, especialmente en el sentimental. Cuando a un chico de quince o dieciséis años le gusta una chica, ya sea Ginny o Cho, suele fijarse en el físico, pero hay más descripciones del pelo, ojos y complexión en general de Draco Malfoy que de ambas chicas juntas. Obviamente, es un libro dirigido a un público juvenil y es de esperar que se pase por encima de ciertas cuestiones fisiológicas-nadie espera una frase en las novelas del estilo “Harry se quedó mirando a Ginny con aire embobado y de pronto sintió una ligera presión en los pantalones”-, pero no habría quedado mal un par de “Harry se preguntó si el pelo de Ginny sería tan suave como parecía” o “Harry se dio cuenta de que se estaba preguntando qué sentiría al besar a Ginny”, ¿no? Es que es más expresivo al hablar de la varita de Draco que de la chica.

 


4.-Dumbledore.

Si Dumbledore es uno de los magos más inteligentes del mundo mágico, no me extraña que Snape esté tan amargado en sus clases.

El gran Dumbledore se estrena a lo grande en el primer capítulo cuando, a pesar de las advertencias de la profesora McGonnagall, deja al pequeño Harry en manos de sus tíos. Y todo por un hechizo de protección que cualquier mortífago con dos dedos de frente y algo de iniciativa habría anulado matando a Petunia Dursley. Así que los tíos de Harry se dedican a maltratar psicológicamente al niño mientras el pequeño Dudley se ocupa del maltrato físico durante diez años, sin que Dumbledore haga nada por impedirlo. En uno de sus momentos más incoherentes, al principio del sexto libro, les dice a los Dursley: “...no ha conocido otra cosa que el abandono y, muchas veces, la crueldad. Lo mejor que se puede decir es que al menos se ha librado de los atroces perjuicios que le han ocasionado al desafortunado muchacho que está sentado entre ustedes" (pag. 60, ed. Española). Es decir, que los Dursley nunca podrían haberlo hecho bien, porque son unos malos padres. Entonces, Dumbledore, si McGonnagall te lo advirtió, si la señora Figgs debió de contarte cosas, si se sabía que dormía debajo de una alacena... ¿por qué no hiciste algo para remediarlo?

Pero si como asistente social es desastroso, como director de Hogwarts es un peligro público. Prácticamente todos los años algún alumno está a punto de morir. Deja que Draco se dedique a tratar de asesinarlo sin ponerle trabas, aunque eso esté a punto de costarle la vida a Katie Bell y Ron Weasley. Consiente que un grupo de alumnos de catorce y quince años se prepare para una guerra bajo el ridículo sobrenombre del Ejército de Dumbledore. Y además, ese colegio es como una zona de paso para mortífagos: Peter Pettigrew, Snape, Barty Crouch jr, Quirrell... Hay más Marcas Tenebrosas rondando por Hogwarts que en una convención de magos oscuros. Si yo fuera Harry, empezaría a desconfiar del viejo.

 

5.-El profesorado.

Veamos alguno de los profesores que ha pasado por Hogwarts:

-Quirrell: estaba transtornado y tenía esa pequeña erupción cutánea en la parte posterior del cráneo...
-Gilderoy Lockhart: ¿por qué? No, en serio, ¿por qué?
-Lupin: adoro a Lupin. De verdad. Pero no sé yo si es bueno meter a un hombre-lobo en Hogwarts, qué queréis que os diga. De hecho, Lupin está a punto de comerse a Harry, Ron y Hermione como si nada. Aunque eso sí, al menos era un profesor excelente.
-Moody: pues si no fuera porque en realidad es otro mortífago disfrazado y estrella alumnos convertidos en hurones contra paredes y suelos... pues tampoco era mal profesor, el hombre.
-Sybill Trelawney: la mujer ha hecho dos profecías en trece años. A eso lo llamo yo un excelente rendimiento laboral, sí, señor.
-Profesor Binns: no se ha dado cuenta de que está muerto.
-Hagrid: el muchacho no tiene estudios y cada dos por tres está a punto de desgraciar a algún alumno, pero se supone que se lo debemos perdonar porque tiene un gran corazón.
-Profesor Slughorn: pues no debe de ser muy competente, porque, aparte de que nunca pilla a Harry copiando del libro, cuando Ron cae envenenado delante de él, no sabe qué hacer para salvarlo y es Harry quien lo hace.

Y luego Lucius es malo por querer que pongan a otro director en Hogwarts.

 


6.-Las contradicciones de J.K. Rowling.

Hay cosas que se dan por sentadas y son absolutamente falsas. Por ejemplo, se supone que, mientras que Snape es parcial con los alumnos de su casa, los otros profesores, especialmente los relacionados con Gryffindor, son un ejemplo de ecuanimidad. Pero lo cierto es que McGonagall se salta el reglamento para dejar jugar a Harry al quidditch en primero y en tercero le da el giratiempo a Hermione. Además, ¿alguien recuerda a algún profesor de Hogwarts que no sean Snape o Umbridge dándole puntos a algún alumno de Slytherin?

Los Weasley son, a menudo, usados como ejemplos de que hay magos de sangre limpia que adoran a los muggles. Sin embargo, ninguno de ellos tiene amigos muggles y no se tratan con el pariente squib de Molly (no aparece ni en la boda del séptimo libro). Los Weasley, de hecho, parecen pensar que su padre es un poco estrafalario por sentir ese interés por los muggles.

En el quinto y sexto libro hay insinuaciones de que muchas familias de sangre pura están empezando a degradarse genéticamente por la endogamia, pero al parecer éste es un mal que sólo afecta a las familias que por tradición pertenecen a Slytherin. Los sangre pura de las otras tres casas, como los Longbottom, los Weasley, los Potter son inmunes aunque también se casen entre primos.

El hecho de que los magos vivan hasta los 150 ó 160 años no está tampoco bien reflejado en los libros. Para empezar, nadie se refiere nunca a sus bisabuelos o tatarabuelos, cuando todos deberían tener un montón de ellos. En el sexto libro, por ejemplo, Draco menciona a su abuelo, Abraxas Malfoy. La respuesta que le da el profesor Slughorn sugiere que murió a una edad avanzada. Considerando que Lucius Malfoy nació en la década de los 50 -el año no oficial suele ser 1954-, nos encontramos con que Abraxas Malfoy no tuvo a su hijo hasta, probablemente, pasados los cien años.

 

7.- El concepto de justicia en el mundo mágico.

La única manera de que Sirius Black pudiera pasar doce años en Azkaban siendo inocente era, aparte de hacer trampas (véase apartado dos), crear un sistema de justicia absolutamente delirante y medieval. En el mundo mágico no existe la presunción de inocencia, no hay abogados, no hay fiscales y a veces, como en el caso de Sirius, ni siquiera hay juicio. Por supuesto, no persigue la rehabilitación del delincuente, como en las sociedades occidentales, sino su castigo. El penal de Azkaban, además, es una especie de lúgubre Guantánamo en el que las condiciones higiénicas dejan bastante que desear (no hay más que ver la mugre de Sirius cuando sale de allí) y en el que se practica sistemáticamente la tortura psicológica contra los presos, que se ven abocados a una depresión severa que termina volviéndolos locos. El castigo máximo, sin embargo, es la dementorización, cuyo equivalente muggle sería una trepanación cerebral severa, que deja a los delincuentes convertidos en un montón de carne vacía.

Es verdad que Rowling ha criticado en entrevistas todo eso, pero en los libros sólo lo critica cuando alguien pasa injustamente por estas penurias, como Sirius, Hagrid o Stan Shunpike; no hay señales de esa crítica cuando los implicados son culpables, como Lucius, Bellatrix o Barty Crouch junior. Es decir, que Harry y los demás no parecen estar en contra del sistema, sino los veredictos de culpabilidad falsos.

Yo preferiría un libro en el que defendieran abiertamente que la tortura nunca es una opción, ni siquiera cuando se aplica a culpables.

 

8.-Los prejuicios contra Slytherin.

Son siete libros oyendo hablar de la unidad de las Casas, siete libros oyendo que importa lo que uno hace, no lo que es, pero cuando llega el momento, ni un solo alumno de Slytherin se queda a luchar en el lado correcto. El único Slytherin que lucha en el bando correcto es Snape y Dumbledore comenta “a veces sorteamos demasiado pronto”, insinuando que su valentía y su compromiso con los buenos indican que no debió terminar en Slytherin. El propio Dumbledore también le dice a Harry en una ocasión que no debe de importarle el hecho de que el Sombreo quisiera mandarle a Slytherin porque lo que importa es que él, Harry, no quiso ir. Así que, a pesar de las palabras de Harry en el epilogo, de ese indescriptible Albus Severus, de abogar que nos definimos por nuestras acciones, resulta que si eres un Slytherin de verdad (no uno de esos pobres desafortunados como Snape, que era bueno, pero fue sorteado demasiado pronto) eres, por definición, malo, cobarde o imbécil o las tres cosas por definición. Sólo con un puñado de Slytherin luchando contra Voldemort, el mensaje habría sido cierto. La mesa vacía de Slytherin es una vergüenza no para las serpientes, sino para el mensaje que se supone que Rowling intenta transmitir. (Y eso por no hablar del juicio sumario al que es sometido Scorpius Malfoy en el epílogo, quien obviamente no puede ser bueno siendo hijo de quien es, y un futuro Sly).

Por otro lado, no habría estado de más señalar que muchos alumnos de Slytherin tenían a sus padres o parientes en el otro bando; la elección, para ellos, no es tan fácil.

 

9.-Sirius Black, Remus Lupin, Draco Malfoy.

Tengo la impresión de que Rowling ha sido especialmente surrealista en el caso de estos tres personajes. Veamos caso por caso.

-Sirius Black. “Parecía ya en proceso de convertirse en un padrino tan imprudente para Teddy como Sirius lo había sido para él”. ¿Qué? O sea... ¿QUÉ? ¿A qué viene eso? Lo que sabemos de Sirius es que adoraba a Harry cuando era un bebé, que corrió a matar a Peter en cuanto comprendió que había matado a los Potter, que aceptó una condena sin juicio en Azkaban durante doce años porque se sentía culpable de haber confiado en Peter, que huyó de la cárcel en cuanto supo que su ahijado podía correr peligro, que le pidió que viviera con él si llegaba a solucionarse su situación legal, que le apoyó en todo y le legó todo sus bienes. Y de repente, sin más, porque a Rowling le da la gana, Sirius había sido un padrino imprudente. Pues vale.

-Remus Lupin. No me extraña que Remus se pase todo el libro diciendo eso de “Soy Remus John Lupin, hombre lobo, etc”, porque la inmensa mayoría de los lectores no terminábamos de estar seguros de quién era aquel tipo. Durante cuatro novelas, Lupin había sido descrito -y había actuado- como una persona madura, inteligente y sensata. El primer atisbo de OOC fue su relación con Tonks; slash aparte, tuvimos que tragarnos sin más que un hombre de treinta y siete años, de aspecto bastante clásico, se había enamorado de una chica de veinticuatro con pintas de rockera. Pero en el séptimo, la relación se convierte en un culebrón impresionante en el que Remus quiere abandonar a su mujer embarazada y regresa con ella gracias a la intervención de Harry, famoso por su penetración psicológica y su experiencia en las relaciones de pareja. Para terminarlo de arreglar, su muerte es poco más que una nota a pie de página. El último de los Merodeadores muere y ni siquiera sabemos quién lo mató. (Sí, Rowling lo ha dicho en una entrevista, pero si no está en el libro, no cuenta). ¿Cuál será el recuerdo que todos tengamos de Lupin? El de un hombre que no sabía usar condones.

-Draco Malfoy. Draco tiene doble personalidad, el pobre. Cuando a Rowling le conviene que Draco sea un rival poderoso para que su derrota deje a Harry en buen lugar, el chico es listo, hábil y un mago competente, como durante el duelo del segundo libro o la pelea en el baño del sexto. El resto del tiempo, es un cobarde que llora por todo y no tiene más presencia de ánimo que una hoja de lechuga. Por cómodo que resulte, creo que los personajes no deben cambiar de personalidad a gusto del autor.

 

10.-Porque no hay homosexuales.

En los libros de Harry Potter hemos visto criaturas de todas las especies, magos blancos, negros, asiáticos, mulatos, de origen hindú y africano, sangrepuras, sangresucias, mestizos... Pero ningún gay y ninguna lesbiana. De hecho, el matrimonio Lupin/Tonks tiene tan poco sentido que uno podría pensar que está tratando de acabar con las teorías Remus/Sirius. Por desgracia, esto no es sólo un problema de Rowling.

Pero la verdad es que cualquiera que piense que la literatura infantil o juvenil no son sitios adecuados para que aparezcan personajes homosexuales, estará demostrando que tiene aún muchos más prejuicios de los que cree. No hay nada de malo en ser homosexual y no es algo que no deba de ser mostrado a los niños. El día en que en una historia como la de Harry Potter aparezca algún personaje homosexual, como algo perfectamente normal, sabremos que realmente la orientación sexual ha dejado de importar.

 

 

Helena Dax es una autora que empezó su andadura en el fandom de HP hace más de un año. Durante este tiempo se ha labrado una reputación de autora solvente y de calidad.